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Carlos Gacia Ruibal - Nin teño tractor nin o quero, eu sonche gandeiro dos de antes, dos que andan co carro.

A los ochenta 80 años, e cunha -cadeira que anda dando algo a lata- este sigue siendo su lugar habitual de faena día sí y día tambien.

«Nin teño tractor nin o quero, eu sonche gandeiro dos de antes, dos que andan co carro»

A los ochenta años «e cunha cadeira que anda dando algo a lata» este sigue siendo su lugar habitual de faena día sí y día también

 
«Nin teño tractor nin o quero, sonche gandeiro dos de antes, dos que andan co carro» MARÍA HERMIDA
 
m.hermida
pontevedra / la voz 10/03/2018 05:00 h

Carlos García Ruibal, Carlos do Alcalde -explica que «o avó do meu avó parece ser que fora alcalde, de aí o alcume»- recibe en el corral de su casa de Agudelo, en Barro. No es casualidad encontrarle allí. A los ochenta años «e cunha cadeira que anda dando algo a lata» este sigue siendo su lugar habitual de faena día sí y día también. Nada más decirle que uno es del periódico, el hombre lo tiene claro: « Ti has de vir preguntar polas vacas e eu cóntoche o que queiras, faltaría máis, pero ten en conta que eu sonche un gandeiro tradicional, dos de antes. Eu nin teño coche nin tractor, nin tampouco o quero, eu teño o meu carro de madeira e iso é o que utilizo. Aínda hoxe lle puxen o xugo e o carro ás vaquiñas para levar un pouco de esterco» , empieza diciendo. Luego, antes de explicar el presente, viaja con envidiable memoria al pasado.

Cuenta Carlos que nació en la misma casa donde vive y que era un chaval cuando empezó «a traballar as veigas». Se casó con una mujer del mismo municipio y pelearon ambos en el campo para sacar a sus cinco hijas adelante. Dice que le está más que agradecido a las vacas, a las vides que le dieron vino para vender y a su salud de hierro: «Traballei moito, moito pero tirei a casa e fíxena de novo e puiden estudar as fillas. Iso foi o máis importante. Nunca me sobraron os patacóns, nunca fun rico nin nada que se lle pareza, pero sen deber nin roubar, coas miñas catorce vaquiñas, puiden estudar ás rapazas. Agora que tamén é certo que elas valían e gañaban becas para ir pagando os estudos», cuenta lleno de orgullo. Llegó la hora de jubilarse y pensó en vender las vacas. Pero se visualizó a sí mismo sin nada que hacer, viendo la televisión y «encolléndome pouco a pouco» y se negó en rotundo. Así que sigue con ellas.

Ahora tiene solo dos vacas, Marela y Gallarda, rubias del país, que dan buenos terneros. No parece que la rentabilidad sea mucha, lo reconoce el propio Carlos, pero sentencia: «Estas vaquiñas non me dan nada, pero aos oitenta anos fanme saír da cama, e iso xa é moito».

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