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Se necesitan urgentemente programadores.

La creciente demanda comienza a ser preocupante: las empresas ya no saben dónde encontrar perfiles especializados Los «bootcamps» nacen para cubrir esta demanda: cursos intensivos de cuatro meses que enseñan a programar desde cero a cualquiera. Llega el primero a Galicia: Hack a BOS

Se necesitan urgentemente programadores

La creciente demanda comienza a ser preocupante: las empresas ya no saben dónde encontrar perfiles especializados Los «bootcamps» nacen para cubrir esta demanda: cursos intensivos de cuatro meses que enseñan a programar desde cero a cualquiera. Llega el primero a Galicia: Hack a BOS

MARCOS MÍGUEZ

 
María Viñas
Redacción / La Voz 23/12/2018 15:41 h

Fue IBM la primera que, con buen olfato, pronosticó hace ya años el que sería uno de los grandes problemas de las tecnológicas y que hoy empieza a serlo del engranaje en general: la falta de desarrolladores de los que echar mano, la escasez de profesionales al tanto de las últimas novedades en el sector preparados para cubrir las necesidades específicas que demandan las empresas. Las universidades se dedican a formar en profundidad y con calma perfiles que, sin embargo, no suelen ser especialistas; el sistema educativo actual sigue anclado en un modelo que arranca por lo general -primero se estudia una carrera- para luego afinar en lo particular -aquellos que quieren continuar formándose eligen después un máster y/o algún doctorado hasta hacerse expertos en algo-, y a la velocidad a la que se mueve el mundo digital, todo este tiempo es demasiado. Consciente de que el proceso se hacía eterno y de que su necesidad de cubrir puestos era urgente, la multinacional de software decidió seguir el camino inverso: primero especializar a un trabajador que, ya después, cuando desarrollase con solvencia las competencias reclamadas, pudiese ampliar sus conocimientos más generalistas.

Nacieron así los primeros bootcamps, formaciones intensivas y muy específicas que en cuestión de meses son capaces de convertir a cualquiera, desde cero, en un profesional competente en áreas tecnológicas muy concretas. Hoy, el 15 % de la plantilla de IBM procede de este tipo de programas; no solo de los suyos propios -que ya no son capaces de producir suficientes programadores-, también de otros independientes que han acabado funcionando como prolíficas canteras. En España hay actualmente cinco, y subiendo. El primero gallego, Hack a BOS, abrirá sus puertas en un par de semanas.

El problema no es menudo ni tampoco temporal; al contrario, irá a más. El déficit de profesionales es tanto numérico -en Galicia salen aproximadamente cada año al mercado laboral, entre FP y universidad, unos 400, y se necesitan entre 1.000 y 1.500- como de competencias específicas: «De esos 400, solamente saben trabajar con las tecnologías que actualmente se usan en la empresa unos diez o 20 -calcula Pablo Rodríguez, uno de sus fundadores-, y cada vez se reclamarán más; puede haber un colapso importante». Hace unas semanas, los directores ejecutivos de las 30 startups más importantes de Europa remitieron una carta a Bruselas para alertar sobre las lagunas en el sistema educativo: necesitan miles de personas y no pueden incorporarlas. «Y las pocas que hay, cobran una barbaridad», apunta Rodríguez. No solo eso: casi cualquier compañía -textil, transporte, automoción, servicios...- precisa ya de desarrolladores. Caminamos hacia un mundo en el que lo digital pasará a ser primario.

Prácticas remuneradas

La solución más socorrida hasta ahora no deja de ser un derroche de tiempo y de recursos humanos: becar al propio trabajador en la empresa durante un periodo de tiempo para formarlo desde dentro. Los bootcamps corren con este esfuerzo de forma externa: al trabajador le ahorran los cuatro años que como mínimo pasa en la facultad y al empresario, la instrucción. Además, garantizan buenos resultados. «En Hack a BOS, las empresas pueden ir siguiendo la evolución de los alumnos y elegir a quiénes de ellos quieren llevarse una vez acabe el curso». La acogida ha sido, ya antes de arrancar, más que buena: «Hay compañías que ya han mostrado su interés en acoger a alumnos con prácticas remuneradas durante la duración del bootcamp y, lógicamente contratarles a posteriori de este». De esta forma, los estudiantes podrían pagarse la cuota de la formación con esta ayuda y el curso les saldría prácticamente gratis.

 

Especializarse o reinventarse

Entonces, ¿no es necesario ir a la universidad? Laszlo Bock, responsable de recursos humanos de Google, fue muy tajante al respecto en una entrevista en The New York Times que se publicó en el 2013. Dijo ya entonces que el expediente académico no servía para nada, que existe una gran desconexión entre lo que se enseña en la universidad y el trabajo que se realiza en cada compañía. Y la realidad es que, en la práctica, el gigante de Internet, como Apple y Ernst & Young y Bank of America -por poner solo algunos ejemplos-, no exigen hoy título alguno para participar en sus procesos de selección. Defienden que lo ideal sería que las propias empresas formasen a sus empleados, pero resulta imposible, así que los bootcamps lo hacen por ellas. «Los bootcamps son una buena salida sobre todo para gente que se ha formado o se está formando en una Ingeniería, un Ciclo Formativo, etc. que quiere especializarse o adaptarse a las tecnologías que demanda el mercado, en nuestro caso, JavaScript», consideran desde la academia coruñesa, y apuntan: «También para profesionales en activo que quieren especializarse e incluso algunos que quieren reinventarse profesionalmente».

«La diferencia es que antes aprendías todo y luego trabajabas, y ahora aprendes un poco, trabajas, y empiezas a aprender todo lo demás -continúa explicando Rodríguez-. Te insertas antes en el mercado laboral, es un tema de rapidez, porque es una realidad que el mercado va cada vez más y más rápido, y luego puedes invertir otros cuatro o cinco meses en especializarte en otra competencia, y luego en otra... y así constantemente». ¿Son mejores que la formación tradicional? Son, al menos, la mejor inversión para empezar a trabajar, y para hacerlo, además, en condiciones más que favorables: el salario medio de un programador de JavaScript que trabaja de forma presencial se sitúa en España en unos 38.000 euros al año. Si lo hace de forma remota, en 78.000.

Más mujeres

Hack a BOS, instalada en A Coruña, tiene a estas alturas casi todas las plazas de su primer bootcamp -será de programación en JavaScript- cubiertas y acuerdos cerrados con potentes compañías como Amazon, Altia, BySidecar, Converfit, Dinahosting, Disashop, Imatia, Improving Metrics, IP Global, Mr. Jeff o Plexus, pero lamenta la ausencia de perfiles femeninos: «Creemos que los equipos son mejores si son diversos, gente de todas las edades, hombres y mujeres, pero todavía hay muy pocas profesionales especializadas en este campo, tampoco chicas interesadas, lo que además es un problema para la empresa tecnológica, que no puede cumplir con las leyes de igualdad», sostiene Rodríguez.

La clases comenzarán en enero y serán a tiempo parcial, de 18.30 a 21.30 horas, y los sábados durante todo el día. «Hemos identificado lo que buscan las empresas gallegas y las españolas, analizamos las tendencias de programación y las tecnologías que se manejan y la formación es específica para eso». Los alumnos desarrollarán así un proyecto práctico, real, que perfectamente podría venderse en el mercado. Arrancarán desde fundamentos básicos, que combinarán con el aprendizaje de habilidades personales, muy demandadas por las empresas -liderazgo, comunicación, gestión de equipos...- y módulos muy específicos -seguridad, desplegar aplicaciones en la nube...-, hasta ser capaces de construir ellos solos: el código se irá publicando a diario y las empresas podrán ir siguiendo el trabajo que se va desarrollando. Al final, en el demo day, presentarán el trabajo finalizado, se presentarán ellos mismos. Como un recurso humano. «Fabricado» casi a medida.

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