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La sombra de la sequía se aleja de Galicia.

Los embalses recuperan su normalidad. Belesar ha acumulado en tres dias más agua de la que cabe en el embalse de Frieira.

La sombra de la sequía se aleja de Galicia

Los embalses recuperan su normalidad. belesar ha acumulado en tres días más agua de la que cabe en el embalse de frieira y los seis del río sil en su tramo gallego están por encima del 90 por ciento

Embalse de Os Peares.

Francisco J. Gil 16/02/2018 14:57 h.

Las aguas han vuelto a su cauce. Los ríos gallegos han abandonado el aspecto raquítico que mantuvieron desde la pasada primavera tras más de quince meses de una sequía que dejó exhaustos los embalses. Hoy hay acumulados más de 2.200 hectómetros cúbicos en los más de sesenta embalses que se reparten entre las cuencas del Miño-Sil y Galicia-Costa.
Con datos del pasado lunes, la cuenca del Miño-Sil acumulaba ya 1.671 hectómetros cúbicos y los embalses de Galicia-Costa algo más de 480. Pero la cifra ha seguido subiendo desde ese día. Solo Belesar, que el lunes acumulaba 337 hectómetros cúbicos, a primeras horas de la noche del miércoles había elevado sus reservas a 384. En 72 horas había ganado más de lo que puede acumular el último embalse del río Miño, el de Frieira, que tiene una capacidad de 44 hectómetros cúbicos y que ayer estaba al 84 por ciento de su máximo nivel.
Las lluvias que se suceden en oleadas desde el pasado mes de diciembre han devuelto a la normalidad los embalses gallegos en su mayoría, aunque existen todavía déficits en los más importantes de la provincia de Ourense y en el de cabecera de Galicia, que es el de Belesar.


El Miño


VELLE 14/02/2018.- Central de Velle turbinando, fotos La Revista. José Paz

El más grande de todos los embalses gallegos es el primero que apresa el Miño en el término municipal de Chantada, en Belesar. Su capacidad es de 655 hectómetros cúbicos que se extienden sobre una lámina de agua, cuando está completamente lleno, de casi veinte kilómetros cuadrados, el equivalente a la superficie del término municipal de Arnoia, llegando su marea más arriba del municipio de Portomarín. Actualmente está al 59 por ciento de su capacidad, más de diez puntos por encima de como estaba en febrero de 2017, pero once puntos por debajo de la media de los últimos diez años. 
El resto de los embalses aguas abajo del Miño se encuentran en un nivel mucho más alto y muy similar al que llevan teniendo desde hace diez años, y que van desde el 97 por ciento en el caso de Peares, en el máximo, al 77 por ciento en el de Velle, con Castrelo de Miño y Frieira por encima del 85 por ciento. A lo largo de la sequía fueron los embalses que mantuvieron siempre el nivel más alto.


El Sil


El segundo de los embalses gallegos por capacidad se encuentra en el término municipal de Vilariño de Conso y se inauguró en 1974. Se trata As Portas, en el río Camba. La magnitud de esta obra, que dio trabajo a cerca de diez mil personas durante casi una década, sigue superando en la memoria de los vecinos a la del AVE. Con 536 hectómetros cúbicos de capacidad, supera sin embargo al de Belesar en la altura de su presa, 141 metros. As Portas superaba a mediados de enero los 200 hectómetros cúbicos, pero el uso de sus turbinas para generar electricidad ha reducido el aforo actual a 166, situándose en algo más del 31 por ciento. Lejos quedan los 400 hectómetros cúbicos que mantuvo de media a lo largo de los últimos diez años en estas mismas fechas.
Los grandes embalses del Sil se localizan en la mayor parte de los casos en sus afluentes. También el de Bao, sobre el Bibei en el término municipal de O Bolo. Este se encuentra al 72 por ciento de su capacidad, que es de 238 hectómetros cúbicos, un cinco por ciento por debajo de la media de los últimos diez años. Ese es más o menos el mismo caso del de Chandrexa, sobre el río Návea. El de Prada, sobre el Xares, en A Veiga, está al 57 por ciento de su capacidad, dieciséis puntos por debajo de la media de los últimos diez años, aunque con un nivel en ascenso. Comenzó el año con algo más de 57 hectómetros cúbicos y ahora se acerca a los 70, de una capacidad total de 122.
Estos grandes embalses y los pequeños que jalonan el Sil desde que entra en Galicia mueven gran parte de su sistema hidroeléctrico en el que el agua que genera energía en As Portas, vuelve a hacerlo en San Martiño, Montefurado, Sequeiros, Santo Estevo y San Pedro de Ribas de Sil, antes de entrar en el Miño y alimentar el de Velle, Castrelo y Frieira. De los que embalsan las aguas en este río entre Rubiá de Valdeorras y Nogueira de Ramuín, todos están por encima del 90 por ciento. Penarrubia, al 92 por ciento, Montefurado, al 100 por ciento, San Martiño, el que convierte en lago el Sil que separa A Rüa de Petín, al 90, al igual que Sequeiros. Y Santo Estevo, con una capacidad de 213 hectómetros cúbicos, alcanzó el miércoles a las ocho de la mañana el 97 por ciento, con 205,57 hectómetros cúbicos acumulados y desde entonces está con sus turbinas a toda máquina, gracias a lo cual, además de generar energía ha rebajado su nivel tres puntos. A pesar de ello se mantiene muy por encima de la media de los últimos diez años.


El Limia


Bande. 24-01-2017. Embalse de As Conchas y Aquis Querquennis, en Bande. Paz

La abundancia que se anota en la mayor parte de los embalses del Sil contrasta con la situación de los que se encuentran en la cuenca del Limia. Comenzando por el de As Conchas, con un escuálido nivel del 32 por ciento en la noche del miércoles y 26 hectómetros cúbicos frente a su capacidad de ochenta. Su nivel más bajo rozó los 20 hectómetros cúbicos al finalizar 2017 y las lluvias le permitieron recuperar aforo hasta alcanzar algo más de 33 hectómetros, si bien el uso hidroeléctrico ha ido reduciendo estos días esa cota. También el de Salas, en el río Salas, presenta unas cifras todavía pequeñas. Actualmente cuenta con un nivel del 38 por ciento, 33 hectómetros cúbicos frente a los 87 de su capacidad y doce puntos por debajo de la media de los últimos diez años. 
El peligro de sequía parece desterrado. En Vigo, el embalse de Eiras, que en diciembre acumulaba agua tan solo para tres meses de abastecimiento necesitó poco más de un mes para que su nivel llegase al máximo y fuese necesario aliviar generosamente el agua del río Oitavén. Las borrascas también están ayudando a abaratar el coste de la energía, gracias a que las centrales hidroeléctricas pueden poner sus turbinas a pleno rendimiento. Pero ¿Cuánto durará esta tregua? 
En el primer trimestre de 2016, Belesar superaba los 600 hectómetros cúbicos y Galicia acumulaba más de 3.300 hectómetros cúbicos mientras la mayor parte de las grandes presas tenían que abrir sus compuertas para evitar el desbordamiento. Tan solo doce meses después, en las primeras semanas de 2017, miles de personas convertían los grandes embalses gallegos en el destino de sus excursiones de fin de semana para ver los pueblos sumergidos que habían quedado a la vista por el bajo nivel de algunos de esos embalses, como el propio de Belesar, en el que volvieron a la superficie las antiguas edificaciones del pueblo de Portomarín anterior a la construcción de la presa, el puente romano y parte de la calzada del antiguo camino de Santiago. En aguas del Limia, el descenso de los niveles en las presas de As Conchas y Lindoso, ésta última ya en territorio portugués, permitió a muchos vecinos que habían tenido que abandonar sus casas por la construcción de estas obras hidráulicas, recorrer de nuevo sus viejas propiedades, ver las piedras todavía en pie de los cercados de sus fincas y algunas casas. Todo en menos de doce meses tras un invierno de abundantes aguas. La sequía que ya era preocupante en el primer trimestre de 2017 se volvió alarmante a medida que avanzaba el año y supuso un encarecimiento de la energía eléctrica porque las turbinas de las centrales hidroeléctricas tuvieron menos de la mitad del agua que el año anterior. Ni Aguas de Galicia, responsable de las cuencas hidrográficas de la costa ni la Confederación Hidrográfica Miño-Sil echan las campanas al vuelo. La primera, porque los ríos costeros son más vulnerables a los períodos prolongados sin lluvias por tener cursos que se desbordan con la misma facilidad que se secan. La segunda, porque si bien es más resistente a esas contingencias, todavía no ha recuperado un nivel lo suficientemente seguro como para poder afrontar un nuevo período de sequía tan largo como el que hemos vivido en los quince meses anteriores a la llegada de las lluvias invernales.
Quienes deseen volver a disfrutar de la sensación de abundancia de agua, tan asociada a Galicia, no tienen más que recorrer las seis presas del Sil desde Penarrubia hasta San Pedro, casi al límite de su capacidad, liberando generosos caudales, una tras otra.

 

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