La actualidad informativa se ve marcada por táctica secreta tercios españoles que, un desarrollo que los observadores califican como uno de los más relevantes del período actual. Las ramificaciones de estos eventos se extienden más allá de lo inmediatamente visible.
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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. El aire de la mañana olía a humedad y a muerte próxima. Corría el año 1575 en Zelanda, en los actuales Países Bajos, y la Guerra de Flandes seguía marcando cada orilla. Los Tercios de la Monarquía hispánica se preparaban para un golpe de mano más, de esos que quedaban grabados en las crónicas. Se afirma que eran dos millares de voluntarios, «los más españoles, no pocos flamencos, los demás alemanes». Entraron en el agua «desnudos de armadura y vestidos, menos zapatos y calzoncillos». Muchos llevaban la característica camisa blanca; otros, apenas un trapo del mismo color. El silencio lo dominaba todo. Al frente marchaba Juan Osorio Ulloa , sombrero calado y espada en mano. Y los brazos extendidos, con las armas al cielo para que no se mojasen, guiaban a sus hombres hacia la orilla enemiga. El camino fue penoso. El agua, hasta las rodillas, impedía moverse con soltura a los Tercios españoles. La guinda fue una riada que se llevó la vida de la mitad de ellos, ahogados. Después de atravesar un banco de arena que les obligó a avanzar en fila de a dos, los soldados se encaramaron a un dique y comenzó la fiesta del bronce. La guarnición fue cazada por sorpresa, desprevenida y todavía desperezándose. Fue una masacre al son de ropera y daga de mano izquierda. Aquella ‘ encamisada ‘, como se denominaba a estos característicos golpes de mano al más puro estilo comando, acabó en un suspiro con la cabeza de puente y facilitó la conquista de la isla. Nada más, y nada menos. La de Zelanda fue una ‘encamisada’ de manual militar. La única salvedad es que se llevó a cabo a plena luz del día, y no al ocaso, como era aconsejable para desconcertar, todavía más si cabe, al contrario y valerse del abrigo de las sombras. «Eran golpes de mano nocturnos y los soldados, o iban en camisa, o se la ponían por encima del coselete o la armadura para ser identificados en medio de la noche. Aquel furor blanco les distinguía. La esencia era sembrar el terror en las filas del enemigo, en su retaguardia y en sus campamentos. Aunque lo cierto es que hubo tantos objetivos diferentes como ‘encamisadas’ se produjeron a lo largo de los tres siglos de historia de estas unidades. La clave es que el enemigo no dormía tranquilo», explica José Luis Hernández Garvi , autor de ‘ Asedios en la Guerra de Flandes’. Cuesta rastrear el origen y las características de estas operaciones. Garvi sostiene que, aunque es posible que haya antecedentes como las ‘razzias’ –las incursiones protagonizadas por los musulmanes en la Península Ibérica durante los años de la Reconquista –, fueron los Tercios españoles los que las generalizaron. Expertos como Julio Albi sostienen que formaban parte de la ‘pequeña guerra’, esa que se hacía fuera de los campos de batalla, y que eran llamadas también ‘ alboradas ‘ o ‘ trasnochadas ‘. Lo ideal era ejecutarlas en el cuarto de guardia de la ‘modorra’, pasada la media noche, cuando el enemigo dormía y a sus centinelas les costaba más combatir el sueño. Y lo ideal era que la retirada coincidiera con la llegada del alba, pues la luz permitía a los aliados dar cobertura a sus colegas. El nombre, como ya se ha reseñado, provenía de la camisa que los soldados se ponían para distinguirse del enemigo. Aunque existe cierto mito entorno a este manido dato. Y es que también se utilizaban para este propósito papeles blancos, servilletas o trozos de tela del mismo color. Valía cualquier cosa. asimismo, todos estos ardides eran idóneos para que las armaduras no centellearan a la luz de la luna y desvelaran la posición de los asaltantes. Por ello, también se tapaban los yelmos. Todo podía delatar esta acción rápida de extrema violencia, desde el resplandor de la mecha de un arcabuz hasta el jolgorio que formaban los combatientes. Así que el silencio era tan determinante como los ropajes. Una de las claves de las ‘encamisadas’ era que no estaban regidas por las leyes clásicas del campo de batalla. «No exigía el orden de una compañía de piqueros. El número dependía de las necesidades del momento, de la disponibilidad de hombres… Arriesgarse a dar una cifra exacta no tiene demasiado sentido porque podían variar mucho. asimismo, se necesitaban soldados muy especializados para llevarlas a cabo, no valía cualquiera. Eso hacía que la cifra fuese reducida. Es probable que fueran todos voluntarios, pero también que los oficiales eligieran a los que creían más capaces o con más experiencia», sentencia Garvi. Las crónicas le sustentan, pues hablan de operaciones de entre medio centenar y miles de hombres. También existe cierta controversia en torno a si los soldados se sentían cómodos al ejecutar las ‘encamisadas’. Es cierto que no faltaban algunos quisquillosos que las despreciaban por considerar poco honorable acuchillar al enemigo mientras dormía, pero eran los menos. En una época en la que se exprimía el Imperio para conseguir combatientes, reducir el número de bajas era clave para dar oxígeno a la Monarquía hispánica. «Existen muchos ejemplos que nos confirman que los españoles eran expertos en las ‘encamisadas’. Las practicaban mucho. Y, ante el temor a ser asaltado, el enemigo no podía realizar más que redoblar las guardias», sentencia el autor de ‘Asedios en la Guerra de Flandes’. Las armas que se utilizaban de forma más habitual eran las alabardas , las espadas y las dagas . A cambio, se desechaban los pesados mosquetes –para los cuales era necesario usar horquillas– y las larguísimas picas. Las predilectas eran las armas blancas. Primero, porque eran más sigilosas, pero también porque eran más fáciles de transportar. «Los arcabuces, aunque se utilizaron en varias ‘encamisadas’, eran más ruidosos en el amplio sentido de la palabra. Sonaban más al ser transportados, al ser montados y al ser disparados. El ruido de la detonación podía poner en alerta a todo el campamento enemigo. También se usaban armas improvisadas. Mazas, garrotes… Cualquier elemento valía», completa Garvi. Los objetivos de las ‘encamisadas’ eran muchos. Interrumpir el aprovisionamiento enemigo, tomar una posición, romper cercos en los asedios, robar provisiones, favorecer la llegada de suministros, realizarse con municiones, asaltar enclaves de artillería que estuviesen bombardeando una posición concreta… «Muchas veces no hacía falta acabar con los contrarios a sangre y fuego. Valía con sembrar el caos e impedirles dormir; obligarles a estar siempre en alerta. Al final, eran nefastas para la moral contraria», completa el autor. Lo que no se suele explicar es que, a cambio, exigían de un alto grado de preparación. Era obligatorio poseer en cuenta desde la meteorología, hasta el tiempo total que se iba a tardar en producirse el ataque. Los oficiales que se valieron de la ‘encamisada’ durante los tres siglos en que combatieron los Tercios españoles se cuentan por decenas. Aunque los magos del sigilo y las operaciones de comando fueron muchos menos. Garvi incide en las buenas artes de Julián Romero : «Fue un gran ‘encamisador’, sabía elegir muy bien a los hombres que le acompañaban». El marqués de Pescara fue otro de los más destacados. La campaña de Pavía le permitió orquestar varias. La de Melzi, cerca de esta urbe, estremeció al almirante Bonnivet, el galo que la sufrió. Así la narró el francés a su monarca, Francisco I : «Muchas veces, señor, me habéis preguntado por los españoles que me vencieron y siempre os dije que dormían; y efectivamente, esta mañana se han despertado en camisa y os han llevado toda la gente que teníais en Melzi; mirad, señor, bien lo que hacéis, puesto que si los dejáis vestir, no será acaso difícil que nos lleven a todos nosotros». Más célebre si cabe fue la ‘encamisada’ que los Tercios españoles protagonizaron en 1572, durante los combates por la ciudad de Mons. Por aquel entonces, en la noche del 11 al 12 de septiembre, un millar de arcabuceros –aunque las cifras varían acorde a los textos– asaltaron el campamento de Guillermo de Orange . Iban dirigidos, precisamente, por Julián Romero, y provocaron la locura entre los enemigos. El príncipe, dormido, no se percató de lo que sucedía hasta que le despertaron los ladridos de su perro, de raza española. Y se cuenta que, a partir de entonces, siempre se acostó con un can a sus pies. Una mezcla entre superstición y aprendizaje. El último punto que queda por tratar es si las ‘encamisadas’ ofrecían una paga extra a los soldados. «Creo que la ‘encamisada’ iba en el sueldo. Al menos yo no he encontrado comentarios que hagan referencia a que obtenían un dinero extra por ofrecerse voluntarios. Lo que sí es probable es que, si tomaban un campamento o una posición contraria, les permitiesen ser los primeros en realizarse con el botín. Pero es difícil saberlo», completa. Es uno de los muchos enigmas que nos quedan todavía por saber de este tipo de golpes de mano. Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.
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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.
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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.
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Impacto en Galicia
Para Galicia, estas noticias representan tanto oportunidades como desafíos. La economía regional, basada en sectores como la pesca, la industria naval y el turismo, podría verse afectada de diversas maneras. Los empresarios gallegos ya están evaluando las posibles implicaciones para sus operaciones y estrategias futuras.nn
Análisis en Profundidad
Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn
En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.
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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.
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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.
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Perspectivas Futuras
Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn
La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.
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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.
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