el Clan de ‘afiladores’ que Vive del Miedo de los Empresarios: «el Patriarca no es tan Comprensible Como lo soy Yo»

Los últimos acontecimientos relacionados con clan ‘afiladores’ que vive miedo han generado un intenso debate en la opinión pública. Analistas y especialistas coinciden en señalar que nos encontramos ante un punto de inflexión que podría marcar el rumbo de los próximos meses.

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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. Para preservar la identidad de las víctimas, diremos que esta historia comienza una mañana cualquiera en un polígono cualquiera, por ejemplo, de Alcobendas. Allí, tres hombres bien vestidos, con su carpeta de albaranes y un taco de tarjetas de empresa se bajan de un vehículo para preguntar por el responsable del negocio visitado . La única condición para deposeerse en una u otra nave es que dentro trabajen con herramientas y material de corte a gran escala; es decir, que puedan prescindir de algunas máquinas, discos y brocas durante unos días sin ver afectada su producción. A partir de ahí, ancha es Castilla para este particular clan de ‘afiladores’, el mismo que desde hace meses trae de cabeza a multitud de pequeños y medianos empresarios. Las denuncias, marcadas por un mismo patrón, se acumulan en las comisarías de distintos puntos de la región, tantas (hasta un total de 14), que el caso cae en manos del Grupo XII de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid, especializado en desaparecidos, secuestros y extorsiones. La investigación comienza el 23 de septiembre del año pasado y sirve pronto para establecer el ‘modus operandi’: se trata de un grupo criminal con reparto de roles, que selecciona a sus víctimas al bulto y basa su actividad delictiva en la coerción, las amenazas veladas y la violencia psicológica. En la primera toma de contacto, los tres ‘comerciales’ se dirigen al dueño de la empresa hasta la que se han desplazado para ofrecerle un primer servicio gratuito. «Te proponemos afilar varias herramientas sin coste alguno y, si quedas conforme, te damos presupuesto», suelen decir, en una puesta en escena regada por la persuasión y los buenos modales. Si reciben una negativa, no dudan en insistir, conscientes de que necesitan poseer atada a su presa para llevar a cabo la siguiente fase del plan. Conseguido su objetivo, cargan el material seleccionado y aseguran traerlo afilado de vuelta pasados unos días. «Todos estos pasos los hacen con apariencia legal, por medio de documentos, recibos o comprobantes», explican las fuentes policiales consultadas, antes de desgranar el giro radical de los acontecimientos. En vez de regresar con el trabajo hecho, llaman por teléfono al empresario para contarle que, afilando uno de sus elementos de corte, han tenido un percance con su propia maquinaria. «En esta interacción, que casi nunca es presencial, también suelen ser amables y comprensivos; y no hablan de dinero, solo de que van a tardar un poco más», añaden las mismas fuentes. Pero nada más lejos de la realidad. Al día siguiente, los falsos afiladores contactan de nuevo con el cliente en un tono mucho más serio. Sin cortapisas, le piden dinero para arreglar la supuesta máquina, dejando entrever lo que puede ocurrir si no accede a sus peticiones. Valga de evidencia la siguiente recreación: «Javier (nombre ficticio), vamos a ver si nos entendemos. El patriarca no es tan comprensible como lo soy yo, a mi él me hace responsable de lo que ha pasado y he tenido que adelantar este dinero para solucionar el problema». Y, dependiendo del temor que generen en el interpelado, vuelven a la carga casi de inmediato, aunque esta vez presentándose en el lugar de trabajo. Llegados a este punto, los malhechores adoptan distintos papeles. «Uno es el que intimida, otro opta por hablar de forma cariñosa, pero colando la amenaza a la primera de cambio: ‘Hazme caso, fíate de mí, que no sabes cómo se las gasta este…’», resumen los investigadores. Tras ello, le exigen una cantidad inicial no muy elevada, de entre 400 y 800 euros, y según cómo respire, prosiguen el hostigamiento para que los pagos se repitan de forma periódica. «Si ven que el empresario les hace frente, cortan la comunicación. Y si les afirma que va a llamar a la Policía, dejan las herramientas que se llevaron para afilar y se van. Ellos buscan que sea el miedo el que domine a sus víctimas», aclaran poco después, convencidos del poder de manipulación que pueden llegar a poseer sin ni siquiera emplear la violencia física. Más si cabe, cuando las personas a las que se dirigen son ciudadanos de a pie que no están acostumbrados a lidiar con situaciones de este tipo. Sufren ellos y sus respectivas familias, lo que amplifica la angustia hasta límites insospechados. Entre las denuncias recogidas, en puntos tan dispares como Alcorcón, Fuenlabrada, Alcobendas, Coslada o Villaverde Alto, hay una que llama sobremanera la atención por la cantidad de dinero desembolsada: hasta 11.000 euros. «Lo normal es que al recibir cuatro o cinco pagos dejen de insistir, pero siempre en base a lo que puedan rascar», sostienen los agentes, sin que para entonces se haya extinguido la ficticia deuda. De hecho, hay casos en los que han vuelto a la carga meses después de cortarse la comunicación. Un día te llaman y te afirman: «Oye, mira, aunque ya cubriste casi todo, quedó esto sin pagar. Yo me hice cargo y por eso ahora vengo a pedírtelo…». Y así la rueda nunca deja de girar. La única fórmula, insisten los que más saben de este tipo de extorsiones, es negarse a pagar y poner la correspondiente denuncia. Las semanas avanzan y el cerco al clan de los afiladores se estrecha. Los especialistas del Grupo XII ponen cara a varios de sus integrantes, sin más oficio en los currículums que el de haberse dedicado al mundo delincuencial. Constatan que el dinero que reciben de los empresarios lo blanquean a través de una empresa tapadera, en la que una mujer, a la que llaman la matriarca, figura como titular. Buena parte de las ganancias las obtienen en metálico, pero tampoco faltan los Bizum a las denominadas ‘cuentas mula’, abiertas a nombres de terceros, pero manejadas por los propios extorsionadores. Con todas las cartas encima de la mesa, tres de ellos, de 32, 42 y 55 años, son sorprendidos ‘in fraganti’ en plena reunión con otra de sus víctimas; ninguno opone resistencia durante la detención y quedan acusados de los delitos de extorsión, estafa y pertenencia a grupo criminal. Las pesquisas sirven también para identificar a otros once miembros del clan. La gran mayoría pertenecen a una familia de etnia gitana afincada en la región madrileña, aunque con una pequeña parte repartida por Toledo y Valladolid. El tren de vida que llevan es alto, buenos coches, ropa de marca, nada de pasar penurias malviviendo en poblados. Dentro del grupo, los que hoy llevan la voz cantante acumulan años de experiencia, hasta el punto de que la primera denuncia interpuesta contra ellos data de 2011. Para conseguir doblegar la voluntad de sus interlocutores no dudan en acribillarlos a llamadas, algunas de ellas por encima de los 20 minutos de duración. Saben también que los mensajes constantes es otra forma efectiva de presión, y cuando hace falta elevar el acoso no tardan en concertar una cita presencial, ya saben, para aclarar las cosas. Su radio de acción es amplio: 14 denuncias registradas en Madrid (que podrían ser muchas más si todos los afectados acudieran a comisaría) y otras tantas en Salamanca, Murcia o Calatayud. Si los ven en su negocio, conviene saber el anzuelo empleado. De primeras, hablarán de un precio muy atractivo, siempre por debajo de los márgenes habituales que dicta el sector; circunstancia que utilizan para despertar el interés de sus víctimas. Serán, asimismo, sumamente educados y buscarán disipar las dudas con ese trabajo inicial realizado de manera altruista. Para no caer en la trampa, los expertos recuerdan que antes de acordar un servicio con cualquier proveedor desconocido, es fundamental verificar su reputación . Y si ya han caído, no duden. Nunca es tarde para avisar a la Policía. Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.

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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.

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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.

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Impacto en Galicia

La sociedad gallega, conocida por su capacidad de adaptación y resiliencia, observa estos desarrollos con atención. Desde las universidades de Santiago, A Coruña y Vigo, hasta los centros de investigación y desarrollo, se están generando análisis y propuestas que podrían influir en la respuesta regional a estos acontecimientos.nn

Análisis en Profundidad

Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn

En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.

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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.

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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.

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Perspectivas Futuras

Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn

La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.

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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.

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