En desarrollo: Adictos al ‘mail’ del Trabajo: la Pandemia de Salud Mental que Incrementa las Bajas Laborales

Los últimos acontecimientos relacionados con adictos ‘mail’ trabajo: pandemia salud han generado un intenso debate en la opinión pública. Analistas y especialistas coinciden en señalar que nos encontramos ante un punto de inflexión que podría marcar el rumbo de los próximos meses.

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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. En la era digital, conciliar el trabajo con la vida familiar ya no pasa solo por fichar a la hora, llegar a casa para cenar o recoger a los hijos en el colegio; requiere un tipo de disciplina que según las estadísticas la mayoría de los españoles aún no practican. La jornada ha terminado, pero aun así no resulta fácil resistir la tentación de contestar a un compañero en el grupo de WhatsApp del trabajo o deslizar el dedo para abrir ese correo electrónico que aparece en la interfaz del teléfono móvil. Según los expertos, hoy en día desconectar es una decisión consciente, que pasa por domeñar los instintos frente a una tecnología que trata de captar nuestra atención. A falta de términos mejores, ‘infobesidad’ (exceso de información digital) o ‘prontomanía’ (necesidad de contestar un mensaje al momento) son algunos de los palabros de nuevo cuño que han aparecido en el lenguaje popular para describir un comportamiento que a veces raya en lo patológico. En el ámbito laboral se conoce como ‘ hiperconectividad ‘. Y si alguien se cree ajeno al problema, siga leyendo. Según un estudio del Foro Económico Mundial, un 10% de los trabajadores revisa su correo corporativo de forma compulsiva y otro 10% lo hace al menos una vez por hora. Microsoft, por su parte -y nadie tiene mejor información-, asegura que tres de cada diez consultan la bandeja de entrada pasadas las 22.00 horas. Es más, en un reciente estudio la tecnológica estadounidense afirmó que actualmente hay tres picos de trabajo ‘online’: a media mañana, a primera hora de la tarde y, cosa extraña, antes de acostarse. Y hay más. Según una encuesta elaborada por el portal de empleo Infojobs, un 73% de los empleados españoles contesta llamadas, mensajes de WhatsApp o correos electrónicos fuera del trabajo , y según Adecco lo hacen seis de cada diez. Las estadísticas oficiales todavía no recogen datos sobre este fenómeno –ni el Instituto Nacional de Estadística ni la Seguridad Social–, pero los que ya existen apuntan a que se trata de un problema de salud pública de primera magnitud. Como explica a ABC María Jesús Otero Aparicio , que es Jefa de la Unidad Técnica de Psicosociología del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, esta es una de las herencias que nos dejó la pandemia del Covid-19, pues con la irrupción del teletrabajo y de la mano de la tecnología se difuminaron aún más si cabe las líneas entre la vida personal y laboral. Hay un dato que es imposible de ignorar y que la literatura científica está explorando cada vez con mayor interés, y es que en los últimos cinco años (período 2018-2023) las bajas laborales por razones de salud mental se han disparado un 64%, hasta alcanzar los 34,9 casos por cada mil trabajadores (según cifras de la mutua Umivale). Es más, si se analizan el número total de días perdidos, en el mismo período han aumentado un 88% entre los afiliados al Régimen General y un 75% entre los autónomos. Es cierto que de un tiempo a esta parte la incidencia de incapacidades temporales ha aumentado en todas las categorías, pero las dolencias de origen psicológico lideran el ranking; las algias (lumbalgias, cervicalgias, etc.) son la segunda patología que más ha crecido, pero a un ritmo mucho menor (un 22% entre 2018 y 2023). Esto está detrás del crecimiento exponencial de la tasa de absentismo laboral, fenómeno en el que nuestro país supera la media de la Unión Europea. Cada año en España se pierden un 7% de las horas pactadas o, dicho en otros términos, cada día 1,5 millones de españoles faltan al trabajo –un 21% de los cuales no cuenta con baja médica–. Según las estimaciones, a las empresas y al Estado esto les cuesta entre 25.000 y 37.000 millones de euros anuales, un 3,1% del PIB. Con ánimo de desmenuzar la etiología del fenómeno, la firma de prestación de asistencia Vivofácil acaba de publicar un informe basado en más de 3.000 encuestas y grupos de trabajo en los que participaron 600 personas, y los resultados son sugerentes. Tres de cada cuatro encuestados aseguraron que el trabajo interfiere en su vida personal y cuando les preguntaron por el principal factor que entorpece la conciliación, el 56% apuntaron a la dificultad de desconexión. Es más, entre los que formaron parte de los grupos de trabajo, el 90% se sentía sobrecargado a nivel mental . Con todo, el 13% de los participantes reconoció haberse ausentado del trabajo al menos una vez en el último año por motivos emocionales y el 36% dijo que había pensado en realizarlo. Estos datos suscitan una pregunta evidente: ¿hasta qué punto la hiperconectividad digital puede explicar el ‘boom’ del absentismo por salud mental? En opinión de Mar Aguilera, directora del área de investigación de Vivofácil y responsable del estudio, es evidente que hay una correlación que es necesario seguir estudiando, pues el problema podría ser mayor de lo que inicialmente pensaron. Lo que más le sorprendió a esta experta al realizar las encuestas fue descubrir que el fenómeno no afecta únicamente a empleados de oficina. También las cajeras de supermercado, chóferes, albañiles o limpiadoras que participaron en las encuestas, nos cuenta, dijeron estar enganchados a grupos de WhatsApp del trabajo con los que interactuaban fuera del horario laboral. Por su parte, María Jesús Otero cree que urge aplicar políticas públicas y corporativas que faciliten la desconexión, y también, definir bien el problema. Esto último no es sencillo, explica esta experta, dado que la hiperconectividad se entremezcla con otras patologías que también se relacionan con el absentismo laboral, como pueden ser la ansiedad, el estrés o la depresión, y muchas veces las acentúa. Llegados a este punto, es imposible no recodar que desde 2018 la desconexión digital es un derecho reconocido legalmente a través de la Ley Orgánica de Protección de Datos, que en 2021 fue complementada con la Ley del Trabajo a Distancia . Concretamente, los empleados tienen derecho a no ser contactados por sus empleadores fuera del horario de trabajo y estos últimos tienen la obligación de contar con una política interna para garantizar que se cumpla esta prerrogativa. A la luz de los datos, es evidente que algo falla. El Ministerio de Trabajo pretende endurecer la normativa a través del nuevo real decreto de registro horario –tras el fracaso en el Congreso del proyecto de ley para la reducción de jornada , en el que venía incluida esa medida–, que abrirá la puerta a controles digitales de los horarios por parte de la Inspección de Trabajo. no obstante, vistos los datos cabe preguntarse si la solución pasa únicamente por la vía legal. Un 20% de los encuestados por Infojobs dijeron que siguen conectados tras terminar la jornada porque sienten la necesidad «de estar al día de todo» y más de la mitad, porque perciben que es su obligación. Volvemos al principio: ¿esa conducta viene impuesta por el empleador o es una elección propia? Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.

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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.

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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.

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Impacto en Galicia

Para Galicia, estas noticias representan tanto oportunidades como desafíos. La economía regional, basada en sectores como la pesca, la industria naval y el turismo, podría verse afectada de diversas maneras. Los empresarios gallegos ya están evaluando las posibles implicaciones para sus operaciones y estrategias futuras.nn

Análisis en Profundidad

Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn

En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.

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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.

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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.

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Perspectivas Futuras

Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn

La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.

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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.

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