En un desarrollo que está captando la atención de expertos y ciudadanos por igual, vivir en sombra. Esta situación, que se desarrolla en un contexto de creciente interés mediático, promete tener implicaciones significativas para diversos sectores de la sociedad.
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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. El urbanismo moderno ha perseguido la luz como si fuera un bien absoluto. Calles abiertas, plazas despejadas, fachadas orientadas al sol… no obstante, en un contexto de calentamiento global acelerado y de olas de calor cada vez más letales, esa vieja obsesión empieza a resquebrajarse. Frente al sol que quema, enferma y mata, emerge una pregunta: ¿y si el futuro de las ciudades estuviera en la sombra? Con esta provocación intelectual y práctica nace el Departamento de Umbrología, un proyecto transdisciplinar liderado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) que propone situar la sombra en el centro del debate urbano contemporáneo. La iniciativa se presentará públicamente el próximo 26 de enero en Barcelona, y aspira a convertirse en un laboratorio de ideas, prácticas y experimentos para afrontar los efectos del calor extremo desde una perspectiva social, cultural y climática. Las cifras son contundentes. Según la Organización Mundial de la Salud, cerca de medio millón de personas mueren cada año en el mundo por complicaciones de salud relacionadas con las altas temperaturas. A esto se suman cientos de millones que sufren los efectos del calor extremo, especialmente en entornos urbanos densos, donde el asfalto y el hormigón actúan como trampas térmicas. Barcelona no es una excepción. La temperatura media de la ciudad es hoy más de 1,5 grados Celsius superior a la de la era preindustrial, y la frecuencia de las olas de calor se ha disparado: de un episodio cada cuatro años se ha pasado a cinco olas entre 2022 y 2024, según datos del Ayuntamiento. Este escenario ha puesto en jaque los modelos de planificación heredados del siglo XIX, cuando el llamado «urbanismo solar» colocó el sol en el centro del diseño urbano como sinónimo de salud y progreso. «Hoy el sol también puede dañarnos», advierte el antropólogo Tomás Criado, investigador sénior Ramón y Cajal del grupo CareNet de la UOC y director del Departamento de Umbrología. «Por eso proponemos reaprender a vivir en la sombra». La pregunta que articula el proyecto es tan sencilla como radical: ¿y si nunca fuimos seres solares? En un mundo moderno que ha venerado la luz —desde la Ilustración hasta la arquitectura racionalista—, la sombra ha quedado relegada a un lugar secundario, asociada a lo negativo, lo improductivo o lo sospechoso. Para Criado, esta jerarquía simbólica ya no es sostenible. «Esa apreciación regularmente positiva del sol necesita hoy un contrapunto», explica. «¿Qué hacemos cuando nos pone en riesgo, cuando contribuye al melanoma o cuando intensifica el calor extremo? A la solaridad moderna le cuesta tratar sin prejuicios todo lo que queda fuera de sus irradiaciones». Desde esta crítica cultural y política surge el Departamento de Umbrología, una entidad deliberadamente especulativa que juega con la ficción para desbloquear lo que Criado define como una crisis de imaginación política. El nombre del proyecto se inspira en The Discipline of Shadows, un relato del escritor estadounidense Tim Horvath, pero su ambición va mucho más allá del guiño literario. Uno de los ejes centrales del proyecto es la dimensión social de la sombra. Porque no todas las personas sufren el calor de la misma manera ni tienen el mismo acceso a espacios protegidos. «La ausencia de sombra visibiliza desigualdades», afirma Criado. «Personas mayores que sufren aislamiento fatal durante las olas de calor, trabajadores racializados expuestos al sol, cuerpos vulnerables fuera del diseño urbano». En este sentido, la sombra deja de ser solo un recurso climático para convertirse en un indicador de justicia urbana. ¿Dónde hay árboles, toldos o refugios climáticos? ¿Quién puede permitirse escapar del calor y quién no? ¿Qué cuerpos han sido históricamente tenidos en cuenta por la planificación urbana? El Departamento de Umbrología parte de la idea de que el calor extremo ha llevado a las ciudades a «la mayor crisis de diseño de los últimos siglos», una crisis que exige no solo soluciones técnicas, sino también una profunda revisión de las instituciones conceptuales y políticas que organizan la vida urbana. Lejos de plantear la sombra como una solución milagro, el proyecto la entiende como parte de una transformación climática colectiva. Financiado por la Fundación Daniel y Nina Carasso, el Departamento de Umbrología se desarrollará entre diciembre de 2025 y noviembre de 2027 y reúne a cuatro socios clave en Barcelona: los grupos de investigación CareNet y DARTS (UOC-TRÀNSIC), el colectivo Arquitectura de Contacte, las ambientólogas y divulgadoras de Nusos Coop y los artistas especulativos del Laboratorio de Pensamiento Lúdico. Durante los próximos dos años se impulsarán talleres, seminarios, juegos, actividades de sensibilización y procesos de cocreación de arquitecturas de sombra. También se explorarán las llamadas «sombras digitales» y se organizará un Festival de las Sombras en 2027, concebido como un espacio de encuentro entre ciencia, arte, arquitectura y ciudadanía. «La sombra no lo puede todo», reconoce Criado. «Debe ir acompañada de cambios en nuestros usos energéticos, en cómo construimos edificios y ciudades, y del fortalecimiento de las instituciones democráticas. Vamos a necesitar los saberes y las manos de todo el mundo». Quizá el mayor potencial del Departamento de Umbrología no resida solo en sus propuestas concretas, sino en el imaginario que despliega. Frente a los grandes relatos tecnológicos o las soluciones globales impuestas desde arriba, la sombra ofrece una poética de la acción climática situada, tangible y comprensible. «Es algo tan mundano que todo el mundo entiende su relevancia», subraya Criado. En esa sencillez se esconde su fuerza política: la posibilidad de construir protección climática con las propias manos, de manera comunitaria, experimental y plural. En tiempos de catástrofe planetaria y mutaciones irreversibles, el proyecto invita a imaginar otras formas de habitar la ciudad, menos deslumbradas por la luz y más atentas al cuidado, el frescor y la vida compartida. Quizá, al final, ponerse a la sombra no sea un gesto de retirada, sino el primer paso para reinventar la ciudad del futuro. Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.
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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.
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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.
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Impacto en Galicia
Para Galicia, estas noticias representan tanto oportunidades como desafíos. La economía regional, basada en sectores como la pesca, la industria naval y el turismo, podría verse afectada de diversas maneras. Los empresarios gallegos ya están evaluando las posibles implicaciones para sus operaciones y estrategias futuras.nn
Análisis en Profundidad
Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn
En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.
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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.
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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.
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Perspectivas Futuras
Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn
La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.
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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.
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