Celta logró en Lyon la victoria que buscaba desde hace décadas fuera de España y selló el pase a los cuartos de final de la Liga Europa con un triunfo por 0-2 en el Groupama Stadium. Los goles llegaron de la mano de Rueda, que abrió el marcador, y de Jutglà, que cerró la eliminatoria en el descuento; entre medias, el expulsado Niakhaté dejó al Olympique con 10 jugadores en el minuto 18, circunstancia que los vigueses supieron aprovechar con oficio y sin renunciar al juego.
Un partido de oficio y decisiones que marcaron el rumbo
Desde la convocatoria hasta la última sustitución, la lectura táctica de Claudio Giráldez resultó decisiva. El técnico de O Porriño sorprendió de salida al dar el puesto a Fer López en lugar de Aspas, manteniendo a Pablo Durán como relevo de un sancionado Borja Iglesias. Esa apuesta inicial buscaba equilibrio y movilidad ante un Lyon que recuperaba piezas ofensivas como Endrick y que, sobre el papel, partía con más recursos.
La primera acción polémica no tardó en llegar: una entrada dura en el área sobre Rueda en el minuto inicial dejó a los vigueses reclamando penalti y revisión, pero el árbitro —un colegiado bosnio que hoy fue protagonista— no consideró necesario intervenir con el VAR. Aquella decisión añadió tensión a un duelo que, sin embargo, viró en favor del Celta con la expulsión de Niakhaté por una entrada sobre el tobillo de Rueda en el minuto 18. A partir de ahí, los gallegos se replegaron con criterio, dominaron la posesión y buscaron las zonas para hacer daño a un rival desordenado.
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Conoce más →El encuentro, no obstante, mostró momentos de incertidumbre. El guardameta del Lyon, Greif, evitó el gol en varias acciones claras —respuesta ante remates de Durán, Williot y Fer López—, y el equipo francés generó peligro aislado a través de centros peligrosos y la movilidad de Yaremchuk. A pesar de ello, al descanso el Celta llevaba la sensación de haber merecido adelantarse por la superioridad en ocasiones creadas.
Antecedentes: de Balaídos a la épica en el Groupama
No es la primera vez que este Celta sorprende más allá de lo que dicta la lógica. La eliminatoria había llegado a Lyon con la sensación de que el empate en Balaídos dejaba el pase a contracorriente; el Olympique, con mayor presupuesto y plantel, partía como favorito. Sin embargo, la memoria reciente de la afición céltica recuerda otras gestas europeas—en 2017 el equipo gallego llegó a soñar con una final—y la herencia de aquel grupo ha calado en la plantilla actual.
La lectura que hace Giráldez del calendario y del carácter de sus jugadores fue clave. En Vigo se vieron indicios de un equipo que se muestra sólido sin necesidad de renunciar al riesgo: presión alta en fases puntuales, paciencia para mover el balón cuando el rival se ordena y rapidez a la contra cuando aparece el hueco. La decisión de introducir a Aspas y a Jutglà en el minuto 57 —tras sustituir a Aidoo y a Hugo Álvarez por Starfelt y Williot— buscó atar el partido y añadir frescura al ataque, un movimiento que resultó definitivo cuando Jutglà culminó en el tiempo añadido.
También hubo lectura defensiva que merece reconocimiento: la inclusión de Carreira en el lateral izquierdo, ocupando el puesto del sancionado Mingueza, cortó las diferencias de Endrick y limitó la zurda brasileña, tan peligrosa en Balaídos. El Lyon de esta noche fue una sombra de sí mismo, incapaz de conectar con la claridad que mostró la semana anterior en Vigo.
Qué viene ahora y el alcance de la victoria
El triunfo coloca al Celta en cuartos de final de competiciones europeas por 5ª vez en su historia, un hito que genera expectación en la ría y en una afición que lleva años esperando noches así lejos de casa. El rival que asoma en el horizonte es el Friburgo, que ayer goleó con autoridad al Genk y que llegaba a esta ronda con una propuesta de juego intensa y ordenada; será, sin duda, un escollo de otro perfil, menos estético que el Lyon y quizá más físico y táctico.
En la plantilla se respira prudencia y ambición a partes iguales. Habrá que medir cargas, vigilar el calendario de la competición doméstica y decidir hasta qué punto el club apuesta por priorizar la Europa League. Desde Balaídos hasta la calle del Príncipe, en Vigo, la ilusión se mide en entradas agotadas y en billetes que cruzan la península hacia Alemania. Deportivo y afición saben que ahora el margen de error es menor, pero la victoria en Francia ha dado alas.
La gestión del árbitro y del VAR seguirá en el centro del debate. Que una acción tan clara en el primer minuto no llegase a revisión y que otras entradas duras quedaran sin sanción pusieron nota a la actuación arbitral que muchos no aceptaron en la grada visitante ni en los foros locales. Aun así, el Celta supo transformar la adversidad en ventaja y salió del Groupama con la sensación de haber hecho lo necesario: trabajar, sufrir y atacar con criterio hasta el pitido final.
Mirando a futuro, la eliminatoria ante Friburgo exigirá otra lectura: compactar líneas, aprovechar la verticalidad propia y mantener el rigor defensivo mostrado en Lyon. Para una ciudad como Vigo, donde la historia del club está entrelazada con la identidad colectiva, esta noche supone un impulso que puede marcar la temporada. A falta de confirmación de fechas y detalles, el calendario europeo ya apunta a una cita que la afición gallega espera volver a convertir en fiesta, como pasó anoche en Francia.
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