La temporada de playas vuelve a poner en alerta a ayuntamientos y federaciones: faltan socorristas para cubrir todas las plazas, aunque desde la Federación de Salvamento y Socorrismo se detecta una mejora respecto a años anteriores. En las próximas semanas arrancan las pruebas y la formación que permitirán completar las plantillas en municipios como A Coruña u Oleiros, mientras otros optan por externalizar el servicio a empresas privadas.
Cobertura y procesos selectivos en marcha
En el mapa de la contratación hay diversas fórmulas. Primero se llama a quienes han trabajado otros veranos; si confirman su disponibilidad se cubren las vacantes que queden mediante procesos abiertos, bolsas de empleo o adjudicaciones a empresas privadas. Así lo describe Nuria Rodríguez, presidenta de la Federación de Salvamento y Socorrismo de Galicia, que explica que la convocatoria en A Coruña suele celebrarse a finales de mayo o principios de junio.
En algunos municipios del área metropolitana, como Oleiros, las pruebas están a punto de publicarse; en otros, la gestión la asume una empresa y es ésta la que realiza la selección. No es la primera vez que la diversidad de criterios dificulta una planificación homogénea en una comunidad con más de 1.600 kilómetros de costa, enseñas azules y un turismo veraniego que exige plantillas fiables y formadas.
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Conoce más →La figura del socorrista en Galicia se ha convertido, además, en un empleo predominantemente joven y masculino: la media de edad ronda los 20 o 25 años y la mayoría son hombres. La modalidad laboral más extendida es la de fijos discontinuos, necesaria para ajustarse a la legislación laboral, según recuerda la propia Federación. Eso complica la retención de talento: muchos ejercen unos veranos y después se incorporan a otros trabajos o cambian de sector.
«Ahora son fijos discontinuos, para cumplir la ley tiene que ser así», recuerda Rodríguez, que admite: «parece que hay una ligera mejoría, pero sigue habiendo un déficit».
Formación y normativa con matices autonómicos
La formación es otra de las claves. A nivel europeo existe un certificado de profesionalidad de 420 horas que habilita para el trabajo en cualquier país de la Unión, pero su extensión y coste desanimaron en su momento a muchos candidatos. Para atajar esa barrera, la Xunta modificó el esquema formativo y aprobó un decreto que reduce a 120 horas un curso válido en Galicia para playa y piscina; esa titulación más corta no tiene reconocimiento fuera de la comunidad autónoma.
El Diario Oficial de Galicia publicó en febrero las convocatorias de la Academia Galega de Seguridade Pública (Agasp) para formar personal de socorrismo. Entre los requisitos figura ser mayor de edad y tener el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), además de superar una prueba combinada con aletas del primer módulo formativo. A ello se suman cursos de reciclaje y actividades formativas continuas para quienes quieran renovar su inscripción en el registro profesional.
Los contenidos, según detallan desde la Federación, incluyen natación, prevención, rescate y primeros auxilios, y se complementan con acciones municipales puntuales. Las pruebas de acceso, sin embargo, no son uniformes: hay convocatorias que incluyen RCP práctico, examen teórico, pruebas en piscina y en playa y entrevista personal; otras se limitan a una prueba teórica y ejercicios en el litoral. Esa heterogeneidad obliga a los aspirantes a informarse municipio por municipio.
Retos laborales, salariales y perspectiva de futuro
En términos retributivos la situación ha mejorado: el salario de estos profesionales se considera hoy «bastante digno» en comparación con años anteriores, aunque la presidenta federativa insiste en que es un trabajo que requiere «mucha atención» y una exigencia física y psicológica continuada. Esa doble vertiente —mejor paga pero alta presión— explica que, pese a la mejora, siga habiendo plazas sin cubrir.
La Federación plantea además la necesidad de equilibrar las condiciones entre quienes repiten y los ingresos nuevos para evitar que algunos operarios relajen el entrenamiento fuera de temporada. Con ese objetivo, proponen que las pruebas físicas y los criterios de permanencia se armonicen, de forma que todos los inscritos mantengan un mismo nivel de preparación. En la práctica, eso implicaría revisar la normativa autonómica para homogeneizar procesos y evitar diferencias entre municipios.
La estacionalidad y los efectos del clima complican el panorama. Los veranos más largos y las temperaturas más altas elevan la demanda de vigilancia en playas y rías; al mismo tiempo, las administraciones locales deben cuadrar presupuestos y, en algunos casos, sacrificar control directo a favor de la contratación externa. A falta de una regulación única en todo el Estado, la realidad gallega seguirá marcada por soluciones dispares.
De cara a los próximos meses, la combinación de convocatorias de la Agasp, las reducciones formativas y el llamamiento a personal veterano ofrecen expectativas ligeramente optimistas. No obstante, la previsión del trabajo fino —test físicos, reciclaje y la convocatoria de plazas— deberá acelerarse para que cuando llegue la primera ola de bañistas las playas gallegas no encuentren desguarnecidas zonas que tradicionalmente cuentan con una vigilancia imprescindible.
Cabe recordar que la seguridad en el litoral no depende solo de números; influye la formación continua, la coordinación con salvamento marítimo y la inversión local. Galicia encara el verano con menos incertidumbre que en veranos anteriores, pero con tareas pendientes: homogeneizar pruebas, incentivar la permanencia de los socorristas y dar garantías para que el incremento de la demanda no vuelva a dejarnos con huecos en las torres de vigilancia. La temporada está a punto de empezar; queda por ver si las medidas adoptadas serán suficientes para sostenerla.
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