La Escuela de Ingenieros Industriales de Vigo celebra este marzo sus 125 años como institución formadora y palanca económica en la ciudad y en Galicia. La conmemoración de San José —patrón del centro— sirvió para unir dos aniversarios: el recuerdo de la apertura de la antigua escuela de Peritos en Torrecedeira a comienzos del siglo XX y las bodas de oro del inicio de los estudios superiores, que arrancaron en el curso 1976-1977 en los pabellones prefabricados del campus de As Lagoas-Marcosende.
Acto y reconocimientos: memoria y presente
La sede de Torrecedeira acogió un acto en el que participaron directores históricos, profesores, personal de administración y estudiantes. En una sala con retratos recién colgados de los nueve últimos directores —entre ellos Pedro Merino, José Cidrás, Luis Piñeiro, Juan Pou y Juan E. Pardo— se recordó la trayectoria institucional y se agradeció el trabajo de los equipos que sostienen la docencia y la investigación.
El actual equipo directivo, encabezado por José Fariña, estuvo acompañado por figuras clave en la historia universitaria viguesa, como Luis Espada, primer rector de la Universidad de Vigo y primer profesor de la Escuela Superior de Ingenieros Industriales. Hubo homenajes a quienes cumplen 30 años de docencia, al personal de administración y servicios con larga trayectoria y a los jóvenes investigadores más prometedores. También se entregaron distinciones a docentes mejor valorados por el alumnado y a estudiantes activos en la gestión de la escuela.
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Conoce más →La celebración tuvo espacio para lo inesperado y lo emotivo: actuaciones musicales a cargo de alumnas —entre ellas Irene Gallardo, Sofía Vilanova y Uxía Pérez— que demostraron otra faceta de la comunidad académica. Uxía protagonizó un momento singular al interpretar la célebre canción «I want to break free» con gaita, imagen que simboliza la mezcla de tradición y modernidad que define a Vigo.
Las asociaciones estudiantiles recibieron un reconocimiento específico. El aplauso más sentido fue para la escudería UVigo Motorsport, que a finales de febrero sufrió el incendio de su taller en el campus; el gesto subrayó la cohesión interna ante un revés que, según miembros del colectivo, no ha detenido su compromiso con la competición y la innovación.
De Peritos a centro de referencia: medio siglo y más de modernización
La historia de la enseñanza técnica en Vigo se remonta a un decreto de la regente María Cristina que autorizó la implantación de estudios en 1901. Aquella semilla ha ido creciendo entre demandas industriales y cambios educativos. En los años setenta, la necesidad de personal cualificado para la industria moderna llevó al traslado parcial de la enseñanza a los pabellones prefabricados de As Lagoas-Marcosende, donde hace ahora 50 años comenzaron las enseñanzas superiores que hoy son referentes.
Tras la fusión de los distintos centros en 2011, la Escuela consolidó su peso en la comunidad: hoy el centro universitario en el ámbito de la ingeniería es el mayor de la comunidad y del noroeste peninsular, con alrededor de 3.000 alumnos matriculados en grados, másteres y doctorados. Esa masa crítica explica buena parte de su influencia: no solo forma mano de obra, sino que sostiene proyectos de investigación punteros y canales de transferencia tecnológica hacia empresas locales y regionales.
La relación con el tejido productivo de la ría —astilleros, proveedores del sector naval, la industria auxiliar y la gran factoria automotriz que rodea Vigo— ha sido una constante. La escuela ha ido adaptando sus planes a demandas nuevas: digitalización, eficiencia energética, diseño avanzado de procesos y economía circular aparecen ya como ejes transversales en los currículos y en los proyectos de I+D.
Impacto y retos: lo que viene después del aniversario
La conmemoración dejó un mensaje claro: la institución celebra, pero no se permite la autocomplacencia. En los corrillos del acto se habló de la necesidad de renovar infraestructuras —los pabellones prefabricados son, para muchos, una herencia que pide sustitución—, de ampliar la colaboración público-privada y de fortalecer las becas para retener talento. El campus ha inaugurado un espacio con los retratos de los directores recientes, gesto simbólico que convive con demandas de inversión material.
«El largo camino», recordó la exalumna Olalla Cuíña en su intervención, al relatar cómo se pasa de las aulas a la dirección de empresas.
Olalla Cuíña, ahora presidenta del grupo Inasus, fue una de las voces que trazaron el mapa posible entre formación y empresa. Su trayectoria sirve de ejemplo: lidera un grupo familiar con una facturación cercana a 60 millones de euros y más de 200 empleos directos, según los datos que ella misma mencionó. En su charla apeló al liderazgo, la persistencia y la visión industrial como claves para que la formación técnica tenga recorrido en el mercado laboral.
Mirando al futuro, la escuela afronta desafíos estructurales y sociales. La transición energética y la descarbonización obligan a reinventar especialidades; la feminización de las ingenierías avanza pero precisa políticas concretas; y la internacionalización exige —más allá de convenios puntuales— una estrategia que atraiga talento extranjero y ofrezca estancias en empresas tecnológicas emergentes.
Si la historia demuestra algo es que la escuela sabe adaptarse. Desde aquellos primeros cursos autorizados por la regencia de María Cristina hasta la actual dualidad entre Torrecedeira y As Lagoas-Marcosende, la institución ha sido espejo de la evolución industrial de Vigo y Galicia. Quedan preguntas sobre inversión, modernización y retención de talento; la respuesta no será solo académica, sino fruto de una alianza sostenida entre universidades, administraciones y empresas.
La conmemoración de los 125 años sirvió, en definitiva, para mirar atrás con memoria y adelante con exigencia. Si la ría sigue siendo un motor productivo, es en parte porque escuelas como la de Industriales han sabido transformar aulas en fábricas de conocimiento y puntos de encuentro entre la teoría y la industria. Los próximos retos determinarán si esa capacidad de transformación se mantiene y se acelera en una Galicia que pretende competir con más valor añadido y menos dependencia de los ciclos externos.
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