A las 15:46 horas del próximo viernes 20 de marzo comenzará oficialmente la primavera en el hemisferio norte cuando el Sol cruce el punto de Aries. La llegada de la estación coincide en Santiago con el cierre de un invierno especialmente húmedo: el pluviómetro del Observatorio Astronómico Ramón María Aller de la USC registró un total de 831,3 litros por metro cuadrado, la segunda cifra más alta desde que se tienen registros en este siglo.
Un invierno que deja cifras históricas y calles empapadas
Las cifras hablan por sí solas. Con 831,3 l/m² acumulados en la estación de la USC, Santiago despide un invierno que sólo es superado por el episodio de 2001, cuando se llegaron a recoger 1.445,7 l/m². El pasado año invernal también fue notable, con 748 l/m² en 2025, lo que sitúa los últimos inviernos como periodos de precipitaciones por encima de la media histórica.
En el centro de la ciudad, los adoquines de la Alameda y las riberas del río Sarela han soportado meses de humedad continuada. No es extraño ver a vecinos con botas de agua y paraguas; según datos recopilados por observadores locales, Santiago apenas acumuló una veintena de jornadas secas en los últimos tres meses. Para los servicios municipales, el reto se traduce en un aumento del mantenimiento de alcantarillado y desagües, así como en intervenciones puntuales en zonas con tendencia a encharcamientos.
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Conoce más →Los agricultores de la comarca han recibido la lluvia con sentimientos encontrados. A falta de una campaña agrícola ya definida para la primavera, el exceso de agua facilita la recarga de acuíferos y embalses, pero puede retrasar labores de siembra y aumentar el riesgo de enfermedades en cultivos si la atmósfera se mantiene húmeda demasiadas semanas.
Equinoccio, luna llena y un cielo que promete espectáculo
El inicio de la primavera no es sólo meteorológico, sino astronómico. Cuando el Sol atraviese el meridiano del punto vernal —Aries en la nomenclatura clásica—, Tierra y cielo marcan el equinoccio: teóricamente, día y noche igualan su duración. Como explica el profesor José Ángel Docobo, coordinador científico del observatorio de la USC, la realidad práctica difiere por la luz del crepúsculo.
“En estos días, en el entorno del equinoccio, las duraciones del día y de la noche son teóricamente iguales. El Sol sale exactamente por el este y el ocaso se produce exactamente al oeste. No obstante, debido a la luz crepuscular, antes de la salida del Sol y después del ocaso, la claridad supera a la oscuridad”.
La astronomía de la estación trae además fechas relevantes para el calendario religioso y festivo. La primera Luna llena de la primavera llegará el 2 de abril, y ese plenilunio marca a su vez la fecha de la Pascua: el domingo de Resurrección será el 5 de abril, el primero tras la primera luna llena de la estación.
Para los aficionados al cielo, Docobo anticipa una primavera rica en observaciones a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno estarán accesibles en distintos momentos. Mercurio, siempre esquivo, podrá localizarse antes del amanecer a principios de abril y, más tarde, tras el ocaso a mediados de junio. Venus ejercerá de lucero vespertino durante toda la estación; Marte y Saturno aparecerán en la franja oriental antes del amanecer desde mediados de abril; y Júpiter, en la constelación de Géminis, se mostrará en las primeras horas de la noche, desplazándose hacia el oeste conforme avance la primavera.
Más allá del termómetro: registros térmicos y duración de la estación
Este invierno también dejó contrastes térmicos llamativos. La temperatura máxima registrada en la capital fue de 24,2 ºC el pasado 17 de marzo, un respiro primaveral antes de tiempo; por el contrario, la mínima del periodo fue de 0,3 ºC en la jornada de la Epifanía, el Día de Reyes. Esos extremos ilustran la variabilidad típica de Galicia, donde los microclimas locales, la influencia atlántica y la orografía juegan con las oscilaciones térmicas.
En términos astronómicos, la primavera tendrá una duración de 92,74 días, situándose como la segunda estación más larga del año tras el verano, que suele sumar 93,65 días. Este año la estación se prolongará hasta las 10:24 horas del 21 de junio, momento en el que dará paso al solsticio de verano.
Para quienes trabajan con el calendario natural —desde viticultores hasta gestores de espacios verdes— estas cifras y fechas son clave a la hora de programar labores y eventos. Las Jornadas de Primavera en el casco antiguo, las rutas de peregrinación que recuperan impulso con el buen tiempo y las ferias de abril se miran ya con esperanza, aunque con la cautela que impone un invierno tan húmedo.
En la ciudad vieja, las terrazas han empezado a llenarse tímidamente en las últimas semanas, cuando jornadas templadas permitieron a muchos sacar mesas a la calle. Si bien una primavera lluviosa podría frenar esa recuperación social, la combinación de días largos y cielos parcialmente despejados invita a pensar que la capital compostelana irá recuperando su pulso al aire libre.
En la vertiente técnica, los servicios meteorológicos locales y el propio observatorio insisten en la importancia de mantener el seguimiento estacional: las lluvias intensas y la alternancia de periodos húmedos con brotes de calor pleasant recuerdan a las administraciones la necesidad de planificar infraestructuras resilientes y campañas agrícolas adaptadas a la variabilidad climática.
Con la primavera llamando a la puerta, Santiago encara ahora semanas en las que la meteorología dictará muchas de las rutinas: desde la agenda de peregrinos hasta la cosecha de huertos urbanos. Cabe recordar que, pese al cansancio que dejan meses de lluvia, esta estación suele traer también la mayor abundancia de luz y color del año: flores en la Alameda, praderas recuperadas y, si el cielo lo permite, noches propicias para mirar hacia arriba y recordar que, por mucho que cambien las cifras, el ciclo de las estaciones sigue marcando el ritmo de la vida en Galicia.
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