Vigo — El Celta emprende este miércoles su sexto viaje europeo con la ambición intacta y la directiva al frente. La presidenta, Marián Mouriño, encabezó la expedición rumbo a Lyon acompañada por cerca de 3.000 seguidores y por la presencia institucional del presidente de la Xunta, Alfonso Rueda. Entre nervios y esperanza, la dirigente lanzó un mensaje claro: «Tenemos equipo para ganar».
Viaje, ambiente y fe celeste
La expedición parte con la memoria de noches legendarias en la mochila —de Villa Park y Anfield en 1998 al Járkov frente al Shakhtar en 2017— y con la reciente igualada 1-1 firmada en Balaídos aún caliente. El partido de vuelta en el corazón del Ródano se presenta como una eliminatoria abierta contra un rival de mayor cartel, el Olympique de Lyon, pero la confianza en el grupo es palpable en los rostros que abandonan Vigo.
En la concentración, Marián Mouriño se mostraba «muy contenta, muy ilusionada» al conocer la dimensión del desplazamiento y no rehuyó pronósticos: «Repetimos 1-2, ¿no? Ese nos vale. Vamos a por el 1-2, que nos ha funcionado», declaró, recuperando con sorna una apuesta que ya acertó en Salónica. No fue la única afirmación rotunda; la presidenta subrayó la convicción del club en la plantilla: «Todo el equipo está enchufado. Tenemos equipo para ganar».
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Conoce más →Los mensajes de optimismo conviven con una lectura práctica: las bajas sensibles de Borja Iglesias y Mingueza condicionan opciones, pero la fe en las rotaciones de Claudio Giráldez se mantiene. «Hemos visto que Claudio y sus rotaciones han funcionado», recordó Mouriño, aludiendo a la capacidad del técnico para recomponer el equipo en situaciones adversas.
La camiseta se tensa también por la necesidad de evitar episodios indeseables. A falta de incidentes confirmados, la presidenta apeló al civismo tras los altercados de la noche previa en Balaídos: «Esperemos que disfrutemos de una buena eliminatoria y que nos comportemos todos. Vamos a disfrutar del fútbol». Es una petición dirigida tanto a la marea celeste como a las autoridades locales y francesas encargadas de la seguridad.
La prueba de La Cartuja y la carrera en la Liga
Más allá de Lyon, la competición doméstica aporta otro escenario en el que se forja la autoestima del equipo. El empate en La Cartuja frente al Betis fue señalado por la presidenta como «un buen ejemplo» del carácter competitivo del Celta. Esa línea de progreso, dijo, no se ha limitado a un solo partido: «Hemos ido a campos difíciles, con aficiones entregadas y equipos muy duros», recordó, enlazando la campaña europea con la resistencia mostrada en Liga.
En Vigo también hay ojos puestos en la clasificación: el club suma 41 puntos y, aunque no está matemáticamente salvado, las estadísticas de temporadas anteriores invitan al optimismo sobre la permanencia. Mouriño, con la prudencia propia de la gestión, prefirió celebrar el paso dado y mirar hacia adelante: «A partir de ahí, como dice Claudio, a soñar. Y ojalá sea Conference, Europa League o Champions».
El dato tiene traslación práctica. La presencia del Celta en Europa y un hipotético salto a competiciones todavía mayores implicarían ingresos, coeficientes y visibilidad para un club que ha vuelto a colocarse en el escaparate continental después de años convulsos. Por eso la eliminatoria contra Lyon no sólo es una final deportiva, sino también una oportunidad económica y reputacional.
Repercusiones, símbolos y próximos pasos
La presencia de Alfonso Rueda en la expedición añade un matiz político y simbólico: la Xunta acompaña a un proyecto que se percibe como emblema de la ciudad y de la comunidad. A su vez, la compañía de Carlos Mouriño —presidente honorífico y voz de la etapa que vivió el Celta frente al Manchester United— subraya la continuidad en la dirección del club y la emoción generacional que despierta esta etapa celeste.
En lo estrictamente futbolístico, la hoja de ruta es clara. El Celta llega con la intención de imponer su modelo de juego, aprovechar los aciertos tácticos de Giráldez y, si es posible, firmar una gesta en un terreno donde el Lyon acostumbra a contar con más recursos. En la retaguardia se ponen a prueba rotaciones, recursos ofensivos y la capacidad de gestión de la presión: todos factores que decidirán si Vigo conserva el billete para la siguiente ronda europea.
Queda por dilucidar, además, la respuesta de la afición. La cifra de desplazados convierte el partido en una fiesta de convivencia, pero también obliga a medidas logísticas y de seguridad que, en tiempos recientes, han levantado algún recelo. El club y las autoridades franceses deben garantizar que la pasión no se cruce con la violencia, y la misma presidenta hizo un llamamiento a comportarse.
Sea cual sea el desenlace, la expedición celeste parte con la sensación de que lo logrado hasta ahora no ha sido casualidad. Entre la herencia de noches memorables y la ambición de una directiva que aspira a más, el Celta disputa en Lyon algo más que un billete: juega por continuar escribiendo una historia europea que, en Vigo, se siente como propia. Si todo va según el deseo de su presidenta, y como ella repite con convicción, este equipo tiene plantilla y cabeza para competir y, por qué no, ganar.
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