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Un traje para sentir 80 años: Vegalsa‑Eroski y Cruz Roja enseñan a sus empleados a combatir el edadismo en el súper

En una mañana en Sigüeiro, empleados del Autoservicios Familia se enfundaron un atuendo diseñado por Cruz Roja que simula las limitaciones físicas y sensoriales asociadas a la vejez. La prueba se desarrolló el 18 de marzo y busca trasladar a la plantilla la experiencia directa de clientes veteranos, dentro del programa de inclusión que impulsa Vegalsa‑Eroski para sus tiendas de proximidad.

De paseo por la tienda con 80 años «de golpe»

La iniciativa no es una simple demostración: incluye elementos concretos para reproducir la pérdida de movilidad y de agudeza sensorial. El traje añade peso al cuerpo, incorpora zonas semipunzantes sobre las articulaciones para simular dolores, gafas y parches que reducen la visión y guantes que dificultan la manipulación de objetos pequeños, como monedas o bolsas. Con ese conjunto, los trabajadores recorrieron secciones como panadería, pescadería y frutería, y tuvieron que completar una compra habitual para comprobar las dificultades reales a la hora de elegir productos, alcanzar estantes altos o manejar el dinero en caja.

«Con este traje, una persona de mediana edad puede experimentar las dificultades que afronta un mayor en su día a día; es como si de repente pasases a tener 80 años de golpe»

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La experiencia fue vivida por trabajadoras y trabajadores del centro de Sigüeiro. Entre ellos, Isa Vázquez contó cómo, al quitarse el traje, sintió alivio y cierta conmoción: «a verdade é que me sentín no aire cando o quitei», dijo en gallego, describiendo la distancia que separa su habitual movilidad de lo que acababa de experimentar. No es anecdótico: según quienes organizaron la jornada, disponer de una vivencia empática facilita que las medidas adaptadas se interioricen y se traduzcan en prácticas concretas dentro del día a día de la tienda.

La campaña cuenta con dos trajes que rotan entre trabajadores, de manera que más empleados puedan experimentar las limitaciones y compartir impresiones. El objetivo, explicaron los organizadores, no es solo sensibilizar, sino «mejorar la atención a clientes de 65 años y más» a través de la formación práctica vinculada al ‘Decálogo de Buenas Prácticas de Atención a Personas Mayores’ que aplican en sus establecimientos.

Por qué lo hacen: la apuesta por supermercados inclusivos

En Galicia, donde el envejecimiento demográfico no es una abstracción sino una realidad palpable en pueblos y ciudades, los supermercados de proximidad desempeñan un papel social más allá de la venta de alimentos. La responsable de proyectos de la Unidad de Innovación de Cruz Roja en Galicia, Trini de Lorenzo Otero, recordó que esos negocios son «espacios esenciales en la vida cotidiana de muchas personas mayores». A partir de ahí, la lectura es clara: formar a los equipos desde la experiencia directa contribuye a crear entornos comunitarios accesibles y amigables para quienes sobreviven con patologías crónicas.

La iniciativa se apoya también en hallazgos de la Cátedra Cruz Roja USC sobre el envejecimiento y la vida cotidiana. La transferencia de esos estudios a la práctica comercial pretende, en palabras de la organización, convertir el supermercado en un servicio comunitario donde la accesibilidad no termine en la entrada automática, sino que se traduzca en procesos y atención que respeten el ritmo y las limitaciones de las personas mayores.

Desde el área de Cliente de Vegalsa‑Eroski, su representante, Marta Santos, subrayó que el programa amplía la formación que ya reciben sus equipos en la red de Autoservicios Familia. «Seguimos trabajando para que nuestras tiendas sean espacios cercanos e inclusivos para todas las personas», dijo, haciendo hincapié en que el objetivo es mejorar la experiencia de compra de los mayores y, al mismo tiempo, dignificar la atención al público en comarcas donde estos establecimientos ejercen una función social.

Repercusiones prácticas y próximos pasos

Más allá de la anécdota, la jornada dejó observaciones prácticas fáciles de traducir en cambios de política de tienda: ajustar la altura de los artículos de primera necesidad, revisar la organización de las colas y accesos a caja para evitar esperas prolongadas a quienes tardan más en localizar el dinero, o facilitar ayuda activa a la hora de coger productos en estanterías altas o bajas. Son medidas de bajo coste pero alto impacto, especialmente en municipios con envejecimiento pronunciado, como muchos en las comarcas del interior gallego.

Otro efecto esperado es el pedagógico: sensibilizar a la plantilla para que detecte señales de fragilidad y sepa ofrecer opciones alternativas —como entrega a domicilio o asistencia puntual— sin que el cliente tenga que pedirlo explícitamente. La prueba con los trajes pretende convertir la empatía en protocolo. Por ahora, las dos unidades se rotan entre tiendas; los impulsores evalúan ampliar la experiencia a más puntos de venta y a otros colectivos, como cajeros automáticos o farmacias, que también forman parte del ecosistema de servicios de proximidad.

En clave política y social, la iniciativa encaja en debates más amplios sobre envejecimiento activo y diseño urbano. Crear establecimientos «amigables» no sustituye políticas públicas de atención a la dependencia, pero actúa como complemento imprescindible: cuando la accesibilidad se incorpora al trabajo cotidiano, se reduce la exclusión que sufren muchas personas mayores en la vida cotidiana. En Galicia, donde la dispersión poblacional y la fragilidad de servicios son retos persistentes, estos gestos pueden tener resonancia real.

Queda por ver si otras cadenas y administraciones locales recogen la idea. A falta de un plan coordinado a mayor escala, los ejemplos que surgen desde la iniciativa privada y las ONG ofrecen una hoja de ruta práctica: formación experiencial, medidas sencillas y diálogo con el vecindario. La experiencia de Sigüeiro sirve de botón de muestra; quienes participaron esperan que no sea un gesto aislado, sino el inicio de una cultura de tienda que anteponga la dignidad y la autonomía de las personas mayores a la mera facturación.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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