Habla un Experto: ¿quién era el Soldado Mejor Entrenado de la Iigm?

La actualidad informativa se ve marcada por habla experto: ¿quién era soldado, un desarrollo que los observadores califican como uno de los más relevantes del período actual. Las ramificaciones de estos eventos se extienden más allá de lo inmediatamente visible.

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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. Tipos rudos y bien entrenados. Una maquinaria perfecta presta para embolsar al enemigo y aplastarle a golpe de ‘ Blitzkrieg ‘ (‘Guerra relámpago’). El aura de imbatibilidad que persigue todavía a los soldados germanos durante la Segunda Guerra Mundial todavía se paladea en los libros de historia. Lógico, pues ante la ‘ Wehrmacht ‘ casi una decena de países: Polonia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Francia, Yugoslavia y Grecia. no obstante, expertos de la talla del historiador James Holland sostienen en sus ensayos que el adiestramiento de los Aliados era igual o mejor que el de sus enemigos. Aunque sí tenían sus secretos en el campo de batalla. Holland especifica en su obra, con gran detalle, el entrenamiento por el que tenían que pasar los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial . Y, según desvela, era similar al que los aliados ofrecían a sus hombres. Todo comenzaba con un adiestramiento básico o individual en el que se enseñaba al recluta a desfilar y marchar en ruta. La idea era que el nuevo combatiente interiorizara la importancia del mando y de la disciplina en el campo de batalla. A continuación, los cadetes eran enviados a una pequeña unidad –un pelotón o una sección– para empezar a curtirse. El siguiente paso era dirigirse a una compañía o un batallón. Durante todo este proceso aprendían a leer mapas, a trabajar en patrulla, a interpretar conceptos tácticos básicos o a usar armas. «También se practicaban ejercicios conjuntos con la artillería, blindados y las demás armas de los diversos servicios como, por ejemplo, los ingenieros», desvela. En esta primera toma de contacto, el autor sí le otorga cierta ventaja a los germanos. En la práctica, el grueso de los alemanes que se alistaban habían estado en las Juventudes Hitlerianas y en el ‘Reichsarbeitsdienst’ –el Servicio Laboral–. Dos instituciones que inculcaban disciplina y adoctrinaban a nivel político a sus miembros. Según las palabras del experto, en estos organismos aprendían a desfilar y a respetar a sus superiores. Desde este primer escalón eran reclutados a nivel local en diferentes ‘Wehrkreise’ o distritos militares. «Luego eran destinados a su unidad ‘Ersatz’, que formaba parte de la ‘Ersatzarmee’ o ‘ejército de reserva’, comandado por el general Fromm. Las unidades estaban afiliadas a una división y organizadas de modo similar: es decir, en compañías, batallones y regimientos», desvela Holland. Ahí empezaban a prepararse para la contienda mediante las mencionadas marchas y las sesiones de instrucción. En Italia sucedía algo parecido. Desde el estado se animaba a los jóvenes a introducirse en organizaciones paramilitares. Aunque no era obligatorio, tenían la posibilidad de adiestrarse a partir de los seis años en la ‘Figli della Lupa’. En Italia, el entrenamiento premilitar era obligatorio a los 18 años, cuando, durante tres años, se esperaba que los hombres se apuntaran a la ‘Giovani Fascisti’, ‘los Jóvenes Fascistas’. Todos los varones tenían que realizar el servicio militar, que, antes de la guerra, duraba 18 meses. Las promociones anuales eran llamadas a filas el abril del año siguiente, a su vigésimo cumpleaños. Cuando terminaba el servicio militar se transformaban en reservistas. La conclusión, siempre según este experto, es que«recibían aún más entrenamiento paramilitar y adoctrinamiento político que los jóvenes alemanes». ¿Qué hizo diferentes, entonces, a los soldados germanos? Holland es partidario de que la mayor diferencia era que los militares del Eje procedían de estados totalitarios militaristas, mientras que los de los Aliados, de una democracia. «La disciplina era vital en ambos, pero era mucho más estricta en el ejército alemán». El claro ejemplo eran los castigos. Si un germano no obedecía órdenes, se exponía a ser fusilado, mientras que la pena capital por desobediencia o cobardía no existía Inglaterra desde 1930. El Ejército de los Estados Unidos sí la mantenía, aunque no era habitual que ejecutara a nadie por desertar. Los datos le avalan, pues el Reich fusiló a miles de sus hombres al comenzar el enfrentamiento. Más que el entrenamiento como tal, el historiador considera determinante la mentalidad y la motivación de las tropas germanas. Dos factores que el Reich supo exprimir gracias, entre otras cosas, a que centró todas sus energías en fomentar una mentalidad militarista. La misma, por cierto, de la que llevaba empapándose la sociedad desde los tiempos de la vieja Prusia y del Imperio alemán. Los nuevos reclutas se vieron, en definitiva, rodeados de una ideología que empezaban a mamar desde bien jóvenes en la escuela y en las Juventudes Hitlerianas. Una serie de ideas que exacerbaban el nacionalismo y que se reforzaban con una ingente cantidad de propaganda en favor de las fuerzas armadas. «Así, alistarse y destacar en el ejército se había convertido en la máxima aspiración entre la mayoría de los jóvenes», completa Holland. Por si fuera poco, se mostraba a la ‘ Wehrmacht ‘ como un cuerpo ultramoderno que contaba con unidades mecanizadas superiores en número y tecnología a las de sus enemigos. Por el contrario, en Gran Bretaña el apogeo del militarismo se había dejado a un lado desde hacía mucho. Y lo mismo había sucedido en Estados Unidos, donde nunca había formado parte del sueño americano. De hecho, en Norteamérica siempre se había luchado contra la belicosidad y se la había considerado una lacra. Quizá por eso el número de soldados en su ejército era de apenas 267.767 hombres en junio de 1940; una cifra que creció de forma exponencial después de que los japoneses atacaran Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941. «El ejército aumentó a 1.460.998 el 1 de julio de 1941, y a 3.074.184 un año después. Se trataba de un ritmo de crecimiento asombroso y, para alimentarlo, se construyeron no menos de cuarenta y cinco nuevos campamentos militares», añade. El último mito que derriba Holland al explicar la presunta superioridad del soldado alemán es la falsa idea de que los oficiales favorecían el ‘Auftragstaktik’, más conocido como ‘mando en misión’. Esta táctica consistía en dejar libertad a un subordinado para decidir cómo debía acometer una operación. Y todo ello, pese a que no siguiera (o incluso desobedeciera) las órdenes directas de su superior. Aunque es cierto que, basándose en esta premisa diseñada por el ejército prusiano para enfrentarse a Napoleón Bonaparte, Heinz Guderian había obtenido la victoria en el Mosa en 1940, el experto es partidario de que cayó en desuso en las altas esferas tras la subida al poder de Adolf Hitler . «Lo que se fomentaba era la ‘Selbsttatigkeit des Unterführers’ (la ‘independencia del comandante subordinado’). Esto se impulsaba a todos los niveles, pero era una característica especialmente definitoria de los altos mandos. […] Sobre el terreno, se esperaba que fueran los generales quienes decidieran cómo, dónde y cuándo desplegar sus fuerzas: eso formaba parte del modo alemán de realizar la guerra tal y como había sido durante casi ciento cincuenta años», añade Holland en su documentada obra. En todo caso, el historiador también es partidario de que esta forma de realizar la guerra se practicaba en otros ejércitos como el británico. Y, como ejemplo de ello, pone el memorando de adiestramiento de las fuerzas armadas inglesas durante la Segunda Guerra Mundial: «Los comandantes subordinados deben ser adiestrados para trabajar guiándose por instrucciones en lugar de por órdenes detalladas, para mostrar iniciativa, pensar rápidamente y asumir responsabilidades». Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.

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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.

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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.

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Impacto en Galicia

En el contexto gallego, estos desarrollos adquieren una dimensión particular. La comunidad autónoma, con su rica tradición y su posición estratégica en el noroeste peninsular, se encuentra en una posición única para responder a estos desafíos. Las instituciones locales, desde la Xunta de Galicia hasta los ayuntamientos, están siguiendo de cerca la evolución de los acontecimientos.nn

Análisis en Profundidad

Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn

En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.

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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.

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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.

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Perspectivas Futuras

Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn

La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.

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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.

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