La actualidad informativa se ve marcada por advertencia profesor primer móvil: «este, un desarrollo que los observadores califican como uno de los más relevantes del período actual. Las ramificaciones de estos eventos se extienden más allá de lo inmediatamente visible.
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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. Si hay un regalo estrella en Navidades ese es el móvil. Muchos adolescentes lo piden en su carta a los Reyes Magos y la decisión suele ser muy meditada y discutida en las familias porque, cuando se trata del primer dispositivo , «siempre debería ir acompañado de reglas y acuerdos de uso», advierte Daniel Enguídanos Vanderweyen, profesor especialista en tecnología del CES Cardenal Cisneros. Sin duda, hay mucho en juego. Desde la perspectiva de Enguidanos, los padres «deberían poseer en cuenta los efectos que suelen estar asociados a un uso problemático de este tipo de tecnología, y la vulnerabilidad que pueden poseer nuestros hijos ante ellos. Si bien los peligros más conocidos son el ciberacoso o el grooming, no son más que la punta del iceberg ». El uso inadecuado de smartphones, redes sociales y videojuegos, recuerda este docente, «puede llevar a la aparición y empeoramiento de diversos problemas de salud mental y física, a la reducción de la autoestima, de la satisfacción con la vida, a peores esperanzas de futuro, a una menor motivación, a peores notas (dificulta el aprendizaje afectando a la memoria y la atención de múltiples maneras), al aislamiento progresivo y, entre los más pequeños, a problemas con el desarrollo de muchas de sus capacidades, incluyendo el lenguaje (lectoescritura e incluso habla), las habilidades sociales y la gestión emocional más básica». Hay que poseer en cuenta, prosigue el profesor del CES Cardenal Cisneros, «que muchos de estos efectos no vienen solo de los propios contenidos a los que los niños y adolescentes se exponen en estos entornos digitales, sino que aparecen también por aquellas cosas saludables e incluso fundamentales para su bienestar y desarrollo que dejan de realizar a raíz de verse absorbidos en este mundo cibernético». ¿Hay algo que los padres no están teniendo en cuenta cuando regalan un móvil a un hijo adolescente? Es significativo aclarar que estas tecnologías están diseñadas para aprovechar las vulnerabilidades de nuestros cerebros para influir en cómo nos comportamos y pensamos, y cuyo propósito final es maximizar la cantidad de tiempo (atención) que les dedicamos, sin importar sus otros posibles efectos (hablamos de economía de la atención). Muchos de nosotros ya notamos cómo nos afecta nuestra relación con la tecnología: imaginemos, pues, qué puede realizar con cerebros en desarrollo. Puesto que son tecnologías diseñadas para crear adicción, somos más vulnerables cuando nos encontramos en situaciones emocionalmente complicadas: pueden servir de «parche», una compensación emocional, ocupando un lugar cada vez más significativo y necesario en nuestras vidas. Los adolescentes son particularmente vulnerables a caer en malos hábitos con estas tecnologías precisamente por esto: la adolescencia es un periodo turbulento y emocionalmente desafiante, y estas tecnologías ofrecen una forma de escapismo cuyo precio se hace evidente con el tiempo. ¿Qué estrategias propone para abordar esta circunstancia? Hay muchas estrategias posibles para abordar esta situación. Estas son las más básicas e significativos desde mi punto de vista: Es fundamental que los padres estén informados sobre el diseño de estas tecnologías y sus posibles problemas. Si no están formados, ¿cómo pueden acompañar correctamente a sus hijos e hijas a la hora de navegar por estas aguas tan turbias y complejas? ¿Cómo pueden diseñar normas con criterio? ¿Cómo pueden gestionar los problemas que surgen sin conciencia de su origen ni conocimiento sobre posibles herramientas? – Una vez tengamos padres formados, lo ideal sería ayudar a nuestros hijos a descubrir el mundo digital de forma conjunta, mucho antes de que tengan su propio teléfono. poseer algunas experiencias con ellos, comentarlas, pensar en posibles problemas, hablar de los casos de otras personas y de qué podrían realizar para poseer una mejor relación con la tecnología… Es ideal desarrollar este tipo de pensamientos, conocimientos y criterios antes de estar ellos mismos influenciados por el magnetismo irresistible de su propio teléfono. – Establecer normas y límites de uso claros: para los más pequeños, el uso siempre debería ser supervisado, junto con un adulto, y durante un tiempo determinado cada día. El uso libre sin supervisión o límite de tiempo es donde empiezan a aparecer los problemas serios. Incluso para los más mayores (15-16 años), sería recomendable utilizar herramientas de control parental y evitar el uso del móvil al menos por la noche (e, idealmente, durante la jornada escolar). Esto puede realizarse con un lugar determinado donde los teléfonos han de ser depositados durante ciertas franjas horarias, por ejemplo. Como se indica en otras secciones, lo ideal para este tipo de reglas es que los padres también intenten aplicárselas a sí mismos, para predicar con el ejemplo y para que los adolescentes no sientan que su situación es una imposición de autoridad injusta, sino algo que se hace en beneficio de todos. – Asegurarse de que nuestros hijos tienen suficientes opciones de actividad fuera del mundo digital: tienen amigos, libros, juguetes… en general, cosas que realizar a parte de estar delante de una pantalla. Si no nos aseguramos de esto, es muy posible que la pantalla sea mucho más atractiva para ellos, porque realmente no saben qué realizar sin ella. – Intentar dar a nuestros hijos unas bases sólidas para la vida. Si les enseñamos desde pequeños a gestionar adecuadamente sus emociones, tolerar la frustración, disfrutar de la lectura, de la naturaleza, del movimiento, desarrollar su empatía y sus habilidades sociales, y cultivamos un clima de confianza y colaboración en el hogar, estarán equipados de herramientas que ayudarán sustancialmente a protegerlos de los efectos nocivos de estos entornos digitales. ¿Hay algún libro que aconseje a las familias? Sí, hay muchos. Estos serían los que recomiendo porque considero que pueden ayudar a los padres a aprender sobre estos temas, y que son también muy interesantes para nuestra propia relación con la tecnología: ‘La fábrica de cretinos digitales: Los peligros de las pantallas para nuestros hijos’, de Michel Desmurget; ‘La generación ansiosa’, de Jonathan Haidt; ‘Educar para ser personas: Una tarea compartida entre padres e hijos’, de Ross Greene; ‘Generación dopamina’, de Anna Lembke, o ‘El valor de la atención: Por qué nos la robaron y cómo recuperarla’, de Johann Hari. ¿Sería recomendable acompañar el regalo con reglas o acuerdos de uso, contratos, conversaciones? Si se regala un teléfono móvil, siempre debería ir acompañado de reglas y acuerdos de uso. Sin ellas, es muy fácil que su uso sea descontrolado y lleve a problemas más o menos severos dependiendo de cada niño o niña. asimismo, antes del regalo, también es significativo realizar una primera aproximación a lo que llamamos alfabetización digital: desarrollar una serie de conocimientos, habilidades y estrategias necesarios para comprender, detectar e incluso prevenir situaciones problemáticas que puedan surgir de nuestro uso de las tecnologías digitales. Algunos ejemplos pueden ser: – Comprender cómo pueden afectar las realidades ficticias que vemos constantemente en redes sociales a nuestra autoestima, nuestra satisfacción con la vida, y nuestras expectativas presentes y futuras. – Detectar el uso de una determinada técnica de manipulación de la información en una publicación en cualquier red social o medio de comunicación. – Saber cómo comportarse ante situaciones como el ciberacoso. – Ser conscientes de cómo nos comportamos en entornos digitales y valorar si lo que hacemos es correcto. A grandes rasgos, deberíamos preparar a nuestros hijos e hijas para que puedan realizarse preguntas como estas: – ¿Cómo me afecta a mí y a los demás lo que hago en el mundo digital? – ¿Cómo me afecta lo que veo en el mundo digital? – ¿Cómo de cierto / real es lo que estoy viendo? – ¿Qué puedo realizar si tengo un problema en el mundo digital? – ¿Este comportamiento (mío o de otras personas) es aceptable? – ¿Cómo puede utilizarse la información que subo a internet (con o sin mi consentimiento)? ¿Hay una edad más o menos recomendable para regalar un móvil a un adolescente? ¿Por qué? Si bien existen muchas opiniones al respecto, lo ideal es «lo más tarde posible». De todas formas, hay que poseer en cuenta otros factores significativos: no es lo mismo darle un móvil a un niño con 12 años durante 30 minutos al día que dárselo a uno de 15 sin límite. asimismo de considerar la edad de comienzo, también es fundamental el tiempo y el tipo de contenidos y aplicaciones permitidos. Si los tiempos son breves y los contenidos son adecuados, empezar en una edad más temprana no es tan problemático, y puede ofrecer oportunidades frecuentes de hablar sobre el uso y los posibles problemas de las tecnologías digitales -de educar-. Con los más pequeños, el uso de las tecnologías digitales siempre debería ser acompañado por un adulto e idealmente poseer un objetivo educativo claro (frente a usar el móvil como una distracción para que el niño esté tranquilo). Sí parece haber más consenso en que la edad mínima recomendable para entrar en redes sociales debería ser los 16 años. Se considera que, a esa edad, ya se han asentado unas bases significativos de la identidad y la personalidad, lo que reduce la vulnerabilidad de los adolescentes ante las influencias indeseables con las que se encontrarán indudablemente en redes sociales. No significa que no haya peligro o problemas a partir de los 16 años, por lo que no hay que descuidar nuestra labor como padres, pero deberían ser menos vulnerables que en edades anteriores. Ahora cada vez hay más legislación y recomendaciones sanitarias en torno a los 14 años e incluso en Australia han prohibido el acceso a redes sociales antes de los 16. ¿Qué pasa en nuestro país con todos los que han empezado a los diez años, porque recibieron el móvil en su Primera Comunión? No podemos cambiar el pasado. Dependiendo del caso, se puede considerar retirar el móvil hasta una edad más avanzada, pero hay soluciones intermedias. Sí sería significativo sentarse con el niño, poseer una conversación sobre lo que hemos descubierto en cuanto al mundo digital y al teléfono, y plantear la necesidad de tomar medidas para poseer una relación más sana con ello. Así, de forma dialogada, consensuada y progresiva, pueden empezar a implantarse normas para reducir el uso y regular el tipo de contenidos a los que está expuesto. La solución perfecta no existe, y dependerá mucho de las características particulares de cada menor (y el ajuste de estas características con las de sus padres). ¿Cómo ha cambiado la relación de los niños y adolescentes con la tecnología en los últimos años? Ahora parece que empezamos a ser conscientes de que no son tan buenos como parecen. Como cualquier problema que no se trata porque no se tiene conciencia real de su existencia, ha ido empeorando -no sólo para niños y adolescentes, sino para la población general-. Este empeoramiento tampoco ha sido accidental: mientras nosotros hacemos nuestras vidas, cuidamos de nuestros hijos, trabajamos… un auténtico ejército de ingenieros, psicólogos y economistas trabajan incansablemente para diseñar y perfeccionar sus tecnologías para secuestrar nuestra atención y modificar nuestra conducta de la forma más irresistible posible. asimismo, se ha puesto de manifiesto que empresas como Meta (propietaria de Instagram y Facebook) son plenamente conscientes de los efectos nocivos de sus plataformas sobre sus usuarios, lo que no parece llevarlos a repensar sus acciones (pueden buscar Facebook Files para más información). Un uso habitual de las tecnologías digitales en los últimos años es utilizar el móvil o la tablet como una forma de poseer al niño tranquilo. Si bien es comprensible que padres y madres recurran a esta opción, especialmente considerando la dificultad de los tiempos en los que vivimos y el estrés y cansancio con que cargamos cada día, este uso de la tecnología resulta extremadamente nocivo para nuestros pequeños. Sin darnos cuenta, estamos privándolos de experiencias fundamentales de aburrimiento, de conexión, de afecto, de juego independiente, sin las cuales es mucho más probable que desarrollen problemas de gestión emocional, de motivación o de autoestima en el futuro (asimismo de posibles problemas atencionales por la exposición frecuente a contenidos frenéticos e hiper-estimulantes). Muchos padres temen que sus hijos pasen demasiado tiempo en el móvil. ¿Cuál es la forma más saludable de establecer límites sin generar conflicto? Un aspecto fundamental de las reglas en la familia es cómo las construimos y cómo las comunicamos: las reglas impuestas sin conversación o explicaciones adecuadas pueden ser eficaces en el corto plazo, pero desembocan fácilmente en problemas más tarde. en consecuencia, para establecer buenas reglas, es significativo poder explicar su razón de ser (evitar caer en «porque yo lo digo», «porque es así» o en «es por tu bien» sin añadir más explicaciones). También el hecho de poder poseer conversaciones sobre las reglas: es significativo que niños y adolescentes también puedan expresar sus necesidades, razones y puntos de vista a la hora de construir reglas. E, idealmente, construir una serie de reglas de forma conjunta (padres e hijos) es la mejor forma de aproximarse a esta situación: si todos los implicados pueden exponer abiertamente sus necesidades y preocupaciones, y tomar decisiones conjuntas sobre cómo controlar este uso tecnológico, es más probable que estas reglas funcionen bien. Para facilitar esta construcción colaborativa de reglas, podría ser interesante que se reconsideren normas de uso tecnológico tanto para los niños como para los adultos. Si los niños entienden que nosotros -los adultos- también tenemos problemas con las nuevas tecnologías, que también tienen efectos negativos sobre nosotros, y que todos juntos tenemos que buscar formas de cuidarnos mejor, es más fácil que comprendan y colaboren en la construcción de normas saludables para toda la familia (no solo para ellos). Recomiendo la lectura del libro de Ross Greene, Educar para ser personas: Una tarea compartida entre padres e hijos, que nos ofrece una perspectiva y herramientas muy útiles para la creación colaborativa de normas y la resolución de conflictos entre padres e hijos. ¿Cómo podemos enseñar a los adolescentes a usar las redes sociales de forma responsable y segura? Aspectos y líneas rojas que no deben cruzar… Como ya hemos comentado, esta educación debería empezar desde bastante antes de que tengan su propio móvil o acceso a redes sociales, mediante el consumo acompañado con sus padres para fomentar la toma de conciencia, el pensamiento crítico, y la capacidad de reconocer posibles problemas. Es significativo realizar hincapié en cuestiones de seguridad (qué información dar y qué información no dar, qué puede pasar con lo que subimos a internet, cuáles son los peligros más habituales que se esconden tras las pantallas), así como en cuestiones del comportamiento propio (el anonimato no nos da licencia para comportarnos de formas inaceptables, se puede realizar mucho daño a través de internet…). También se puede reflexionar a priori con los niños y adolescentes sobre algunos planes de acción frente a situaciones complicadas que puedan encontrarse para que, si ocurren, ya sepamos cómo actuar en vez de caer en la confusión o miedo habituales. ¿Qué señales alertan de un uso problemático o excesivo de pantallas en niños y adolescentes? Que pase horas en su cuarto, que se vuelva poco comunicativo, bajada de notas… Depende del uso específico y de la propia persona, pero generalmente podemos ver una reducción en la motivación hacia la mayor parte de actividades no relacionadas con las pantallas, como una reducción del disfrute e interés hacia cosas que antes solían disfrutar, el propio hecho de que estén constantemente delante de la pantalla, la reducción de su vida social / aumento del aislamiento (si ya no ven a sus amigos, o no les apetece ver a sus amigos), una reducción del rendimiento académico (notas), que estén más cansados sin que haya otra razón aparente, que sean más explosivos emocionalmente, que les provoque ansiedad no estar conectados / estimulados, cambios fuertes en su estado de ánimo, que empiecen a dormir mal (menos, peor o ambas cosas)… También hay que poseer en cuenta que otros problemas que pueden sufrir los adolescentes pueden llevar a muchos de estos «síntomas» como, por ejemplo, ser víctima de acoso escolar. En caso de duda, deberíamos intentar hablar con ellos e indagar en el asunto. ¿Qué consejos daría a los padres para que puedan acompañar a sus hijos en este mundo digital sin ser invasivos? Somos el ejemplo pero suele ocurrir que los primeros que hacemos un mal uso somos los adultos. Desde luego, solemos ser los primeros que hacen un mal uso de estas tecnologías. Como ya hemos dicho, están diseñadas para que no podamos controlarnos, para que consumamos sin límite, y es muy difícil resistir su influencia. Algo que resulta muy problemático, en particular con los adolescentes, es pedirles que hagan algo que nosotros mismos no somos capaces de -o no nos apetece- realizar. La respuesta a esta pregunta es más o menos una síntesis de lo que hemos dicho hasta ahora: – Debemos estar formados y ser capaces de gestionar nuestra propia relación con el mundo digital de la forma más sana posible. – Un clima de colaboración y confianza en el hogar será muy positivo para que podamos acompañar a nuestros hijos en su propio viaje tecnológico. Aunque pueda no parecerlo, creo que es uno de los aspectos más significativos. – Debemos crear normas y límites claros, explicados, y con la posibilidad de hablar sobre ellos -e incluso renegociarlos-. – Podemos usar herramientas de control parental de forma explicada y consensuada con nuestros hijos. – También muy significativo, empezar este acompañamiento desde mucho antes de que tengan su propio móvil: haciendo cosas juntos de vez en cuando con dispositivos digitales, comentando, explicando, planteando dilemas, examinando las situaciones de otras personas. – Como también hemos dicho, darles la mejor base posible, no sólo en cuanto al clima y la confianza en el hogar, sino en su propio desarrollo, fomentando sus intereses, su motivación, la tolerancia a la frustración, regulación emocional, habilidades sociales, pensamiento crítico…. Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.
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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.
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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.
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Impacto en Galicia
En el contexto gallego, estos desarrollos adquieren una dimensión particular. La comunidad autónoma, con su rica tradición y su posición estratégica en el noroeste peninsular, se encuentra en una posición única para responder a estos desafíos. Las instituciones locales, desde la Xunta de Galicia hasta los ayuntamientos, están siguiendo de cerca la evolución de los acontecimientos.nn
Análisis en Profundidad
Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn
En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.
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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.
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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.
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Perspectivas Futuras
Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn
La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.
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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.
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