En desarrollo: Ciego, Tetrapléjico y Temido: Así Aplastó Israel al Jeque Radical que Fundó Hamás

En desarrollo: Ciego, Tetrapléjico y Temido: Así Aplastó Israel al Jeque Radical que Fundó Hamás

La actualidad informativa se ve marcada por ciego, tetrapléjico temido: así aplastó, un desarrollo que los observadores califican como uno de los más relevantes del período actual. Las ramificaciones de estos eventos se extienden más allá de lo inmediatamente visible.

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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. Ocurrió el 22 de marzo de 2004, hace más de dos décadas. Aquel día, varios helicópteros se internaron en el espacio aéreo de Gaza y dejaron caer su fuego letal contra un anciano de 67 años ciego que, asimismo, se desplazaba en silla de ruedas por una tetraplejia. Así fue cómo acabó Israel con el jeque Ahmed Yasin , considerado el fundador de Hamás . Un símbolo para sus seguidores que, desde finales de los ochenta, cuando se fundó el grupo islamista, llamaba a la radicalidad contra el vecino país semita. «Hay un invasor que nos ha robado nuestra tierra. Hamás dejará la lucha armada cuando cese la ocupación e Israel nos devuelva lo que nos pertenece», afirmaba. Cuesta perseguir el origen exacto de Hamás, acrónimo de Harakat al-Muqawama al-Islamiya (‘Movimiento de Resistencia Islámico’). En la práctica, cada autor se retrotrae a un momento concreto. El periodista especializado en Oriente Medio Gonzalo Caretti Oria sostiene en ‘Antecedentes históricos del islamismo armado en Palestina’ que la organización bebe de los Hermanos Musulmanes , uno de los movimientos políticos islamistas más extendidos en el mundo desde que fuera alumbrado en 1928. En lo que coinciden todos los autores es en que nació al calor de aquel ‘Islam político’ que clamaba por la recuperación de la Palestina histórica. La semilla más cercana hay que buscarla en 1987. Tal y como explica el historiador Juan Pedro Cavero en varias de sus obras –la principal, ‘El pueblo judío en la historia’– el 7 de diciembre de ese mismo año cuatro palestinos murieron en un accidente de tráfico en Gaza causado por un vehículo militar israelí. La posibilidad de que fuera un asesinato premeditado, unida a la tensión que se respiraba en el territorio por la ocupación de Cisjordania, Gaza y el este de Jerusalén, derivó a corto plazo en el estallido de algunos disturbios y, poco después, en la declaración de la Primera Intifada contra el país judío. Durante aquella primera Intifada –término que puede traducirse como ‘quitarse de encima’ o ‘sacudirse’– nació Hamás. El máximo responsable del alumbramiento fue el clérigo casi ciego Ahmed Yassin, en silla de ruedas desde que un accidente le dejara tetrapléjico a los doce años. Y, desde su primer comunicado, la organización apostó por la amenaza: «La intifada de nuestro pueblo rechaza la ocupación y sus presiones. […] El Islam es la solución y la alternativa. Nuestro pueblo conoce el camino del sacrificio y el martirio. Entiendan que la violencia no genera más que violencia, que la muerte no trae más que muerte». Lo suyo era el ojo por ojo. Yassin era un viejo conocido para Israel antes de establecerse como brazo político de los Hermanos Musulmanes en la región. En los sesenta, setenta y ochenta se había dado a conocer como activista islámico y había apostado por ganarse la confianza de la sociedad con movimientos populistas de libro; algunos como orquestar una red de organizaciones de beneficencia o fundar escuelas en la Ribera Occidental del Jordán y de Gaza. Aquello, ligado siempre a la religión, como bien explica Xavier Batalla en ‘El mundo es una idea’: «Entre 1967 y 1987, las mezquitas se triplicaron en Gaza, pasando de doscientas a seiscientas». Aquello lo hizo con la aprobación de Israel. Las verdaderas intenciones de Hamás se paladearon poco después. Al poco, declararon que la OLP –la Organización para la Liberación de Palestina –, a la que habían calificado de «hermana política», era demasiado moderada para liderar las relaciones con Israel. «Compartieron el objetivo de liberar Palestina, pero, a diferencia de ellos, que pretendían establecer un estado secular mediante negociaciones con Israel, Hamás rechazó toda vinculación y negociación, y buscó la implantación de un Estado islámico», explica José de Jesús López Almejo en ‘Hamás: ¿entre la táctica terrorista y la vía política?’. El ejemplo es que, durante sus primeros años de existencia, Israel se valió de Hamás para que ejerciera como contrapeso del grupo de Yasir Arafat, Fatah, la facción mayoritaria dentro de la OLP. Hamás hizo pública su Carta Fundacional, llamada también Pacto de Hamás, el 18 de agosto de 1988. En total, fueron 36 artículos, unas 9.000 palabras, en los que clamaba por borrar a su enemigo de los mapas. Ya lo decía en el preámbulo: «Israel existirá y continuará existiendo hasta que el Islam lo destruya, tal como ha borrado a otros antes». Y otro tanto sucedía a lo largo de las páginas, como en el artículo 13: «Las llamadas soluciones pacíficas y conferencias internacionales contraafirman los principios del Movimiento de Resistencia Islámica […]. Estas conferencias no son más que un medio para designar infieles como árbitros en las tierras del Islam. No existe ninguna solución al problema palestino que no sea la Yihad». Desde entonces, sus milicias armadas, las Brigadas Qassam, han sido las que más bajas civiles y militares han causado al país judío con ataques convencionales y el uso de kamikazes. Los ejemplos se cuentan por decenas. En 1989, Yasín fue condenado por un tribunal israelí por ordenar a los integrantes de su organización secuestrar y matar a dos soldados judíos. El 16 de abril de 1993 –después de otros asesinatos como el del civil Doron Shoshan en el asentamiento Kfar Darom de Gaza–, Hamás lanzó un ataque suicida junto a una cafetería en la colonia judía de Mehola. Fue el primero de los muchos que perpetraron por este método durante esa década, tanto contra objetivos militares como contra objetivos civiles. Occidente –Estados Unidos, Canadá, Japón, la Unión Europea y hasta el vecino Egipto– considera a Hamás una «organización terrorista» que sigue negándose a aceptar las exigencias de la ONU. Principalmente, el reconocimiento del derecho de Israel a existir, la renuncia a la violencia terrorista y a aceptar los Acuerdos de Oslo de 1993 por los que el entonces líder palestino, Yasir Arafat, y el primer ministro israelí, Isaac Rabin, recibieron el Premio Nobel de la Paz. Mientras que para sus seguidores, así como para algunos países árabes aliados –Rusia y Turquía– no es más que un movimiento de resistencia legítimo que tomó el relevo a la Organización para la Liberación de Palestina. En todo caso, fue en 2006 cuando tomaron Gaza tras las elecciones parlamentarias en la región. Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.

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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.

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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.

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Impacto en Galicia

La sociedad gallega, conocida por su capacidad de adaptación y resiliencia, observa estos desarrollos con atención. Desde las universidades de Santiago, A Coruña y Vigo, hasta los centros de investigación y desarrollo, se están generando análisis y propuestas que podrían influir en la respuesta regional a estos acontecimientos.nn

Análisis en Profundidad

Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn

En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.

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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.

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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.

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Perspectivas Futuras

Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn

La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.

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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.

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