martes, 3 de marzo de 2026 | Galicia, España

En el interior de la mezquita de Vilalba: "Compramos nosotros el edificio y lo mejoramos poco a poco"

A Chaira interior mezquita

El reloj marca las siete y cuarto de la tarde y comienza el trajín. Es un ir y venir constante de gente que, con paso firme y decidido, accede al edificio donde hace tres años la comunidad islámica decidió abrir una mezquita en Vilalba. Justo en el mismo bajo donde hace varias décadas los jóvenes de la localidad pasaban horas jugando a las máquinas recreativas en Las Vegas II. El rótulo de su antigua vida permanece imperturbable al paso del tiempo en la fachada, pese a que en el interior ahora la actividad es muy diferente. 

«Es la hora del rezo», susurra una mujer que camina en grupo al final de la Rúa Nova al ver el trasiego de gente, mientras la noche acecha en el cielo, y los últimos hombres se cuelan hasta el interior donde las oraciones comparten espacio con las obras.

«Estamos colocando un salvaescaleras para las personas con problemas de movilidad», explica al traspasar las puertas Said Samyh, el vicepresidente de la comunidad islámica Al Noor de Vilalba que se constituyó en noviembre de 2023, mientras un operario continúa con su labor.

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«Compramos nosotros el edificio y lo vamos mejorando poco a poco con nuestros propios medios», añade, mientras mira de nuevo el reloj y se descalza frente a una interminable alfombra. Al fondo algunos hombres ya están estratégicamente colocados para el maghrib, la oración del ocaso o puesta del sol que marca el final del ayuno diario durante el periodo del ramadán —que arrancó el pasado 17 de febrero y se prolongará hasta el 19 de marzo—, y el momento del iftar, la ruptura del ayuno.

«Si quieres coge un dátil», invita, mientras otro hombre se acerca con una bandeja repleta que deposita en una mesa, muy cerca de donde varios pares de zapatos se distribuyen sin orden ni concierto. «Es el momento del rezo», recuerda Said, y se aleja unos cuantos metros.

Unos pocos minutos después, todos regresan, cubren sus pies y acceden a la parte superior del edificio, donde el aroma de la comida traspasa las paredes y las cortinas blancas que separan los espacios. La mesa ya está montada, y cada uno va buscando su lugar en ella.

«La sopa la preparamos aquí y el té, también. Lo demás lo traemos de nuestras casas», explica Said, consciente de las limitaciones que tienen todavía en un local que está «a medio construir», dice, mientras señala las paredes recebadas y el suelo sin plaqueta. 

Allí se reúnen para las oraciones y para compartir mesa, principalmente durante el ramadán. «Rezamos cinco veces al día. Abrimos por la mañana, a mediodía, por la tarde y por la noche», añade el vicepresidente de la comunidad islámica vilalbesa sobre los horarios del espacio de culto, y avanza algunos de los planes de futuro que tienen para él.

«Queremos intentar más adelante poder aumentar el centro, ofrecer clases extra para niños o gente mayor», dice, indicando que también quieren adecuar la planta superior para ubicar en ella la zona de rezo de los hombres. «Para que las mujeres puedan estar abajo», confirma.

Los que acuden a la mezquita son principalmente ciudadanos marroquíes, la comunidad extranjera con mayor volumen de personas en Vilalba, 330 según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (Ige), que hacen referencia al censo municipal de 2025, donde había inscritas 919 de otros países. 

«Cuando yo llegué a Vilalba había muy pocas familias, ahora somos muchos más», confirma Said, que recuerda que se asentó en la capital chairega hace ya 15 años. Es uno de los más veteranos.  «Uno trae a otro», añade sobre el poder del boca a boca a la hora de hacer las maletas, y destaca que la elección de Vilalba está basada fundamentalmente en «la tranquilidad» que se respira.

 «Aquí se vive bien, sin problemas. Además, Galicia es más barato que otros lugares de España», abunda Samyh en un perfecto español, mientras recuerda que él llegó al país en 2001 y vivió algún tiempo en Castellón.

Actualmente, se dedica al mundo del transporte, trabaja de camionero para una empresa desde 2008, y cuenta que los recién llegados van buscando su hueco laboral donde buenamente pueden. «Los hay que trabajan en granjas, otros en el sector forestal, en la construcción…», enumera, defendiendo que la mayoría están «integrados» y no han sufrido «rechazo». 

Y la conversación, como el día, llega a su ocaso. Los platos empiezan a vaciarse. Ya solo quedan restos de los manjares preparados con esmero para saciar el apetito de entre doce y 16 horas de ayuno. Las puertas de la mezquita se cierran. Afuera, la noche es ya una realidad. 

La población extranjera supone ya el 6,6% del censo de Vilalba, que logró un saldo positivo de 13.852 vecinos en 2025, 65 más que un año antes. Esta tendencia se traslada a otros concellos de la zona, donde la llegada de foráneos rompe con la racha negativa. Es el caso de Meira (+17), Pol (+8), Abadín (+22), Guitiriz (+58), A Pastoriza (+7) o As Pontes (+14).

En Terra Chá, Meira y As Pontes hay 2.859 extranjeros: 828 de Europa —de los que 193 son de Portugal—, 956 de África —458 marroquíes— y 1.016 de América —327 colombianos—.

## En el interior de la mezquita de Vilalba: «Compramos nosotros el edificio y lo mejoramos poco a poco»

## Ramadán

## Población

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Fuente original: El Progreso | Publicado: 02/03/2026 04:00

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Administrador

Periodista de Galicia Universal. Especialista en A Chaira.