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La primavera llega a Santiago este viernes tras el segundo invierno más lluvioso del siglo

Santiago recibe la primavera el viernes 20 de marzo a las 15:46 horas, cuando el Sol cruza el punto vernal de Aries. Ese instante marca el final de una estación invernal que ha dejado en la capital gallega cifras de precipitación poco habituales: el pluviómetro del Observatorio Astronómico Ramón María Aller de la USC registró 831,3 litros/m2, la segunda mayor acumulación desde el inicio del siglo.

El final de un invierno excepcionalmente húmedo

Las cifras del Aller no dejan lugar a equívocos. Solo el invierno de 2001 superó con holgura estos registros, con 1.445,7 l/m2, mientras que el ejercicio invernal anterior (2025) había dejado un total de 748 l/m2. Entre calles del casco histórico y los paseos de la ciudad, los compostelanos han vivido meses marcados por la lluvia continuada: Santiago apenas contó con días secos prolongados, algo que se percibió en los parques, los edificios patrimoniales y la actividad comercial al aire libre.

Los contrastes térmicos también han sido singulares. La temperatura máxima del invierno se alcanzó el pasado 17 de marzo con 24,2ºC, mientras que la mínima correspondió al tradicional Día de Reyes, con apenas 0,3ºC. Esa oscilación refleja la influencia de entradas de aire atlántico cálido y episodios fríos intercalados, que caracterizan los inviernos atlánticos gallegos.

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No es la primera vez que Santiago contempla temporadas de lluvia persistente, pero sí que sorprende la acumulación en un periodo concreto del siglo. Agricultores, responsables municipales y técnicos de patrimonio han seguido con atención los registros del observatorio de la USC, cuya serie histórica es referencia para las evaluaciones climáticas locales.

Lo que traerá la primavera astronómica

La estación que ahora comienza se prolongará durante 92,74 días, hasta las 10:24 del 21 de junio, momento del solsticio de verano. Desde el punto de vista astronómico, el equinoccio sitúa al Sol en el cruce de la eclíptica con el ecuador celeste: el día y la noche son teóricamente iguales, aunque la presencia de la luz crepuscular hace que la iluminación supere a la oscuridad fuera de los estrictos minutos del tránsito.

Sobre estos detalles explicó el coordinador científico del observatorio, José Ángel Docobo, cómo se perciben los equinoccios y qué esperar en las semanas próximas.

“En torno al equinoccio, las duraciones del día y de la noche son teóricamente iguales. El Sol sale exactamente por el este y se pone exactamente por el oeste; no obstante, la luz crepuscular hace que la claridad predomine antes y después de esos momentos”, afirmó Docobo.

Además de la geometría celeste, la primavera trae fechas móviles de repercusión social y religiosa. La primera Luna llena de la estación —el 2 de abril— fija el calendario de la Pascua: el Domingo de Resurrección caerá el 5 de abril. Ese ciclo lunar condiciona celebraciones tan señaladas en Galicia como el Entroido en determinados años, las procesiones de Semana Santa y la Ascensión.

Mirando al firmamento, Docobo destaca la oportunidad para la observación a simple vista de varios planetas. Venus será el lucero vespertino durante toda la estación; Mercurio aparecerá antes del alba a comienzos de abril y podrá verse al ocaso a mediados de junio; Marte y Saturno se situarán hacia el este antes del amanecer desde mediados de abril; y Xúpiter, ahora en la constelación de los Géminis, podrá observarse a primeras horas de la noche, desplazándose hacia el oeste conforme avance la primavera.

Repercusiones locales y próximos pasos

En la ciudad, la transición estacional se percibe en detalles cotidianos: en la Alameda ya se ven paseantes que aprovechan jornadas de sol intermitente —la imagen de vecinos andando por el paseo central y disfrutando del buen tiempo ha vuelto estos días—, pero también en la limpieza de imbornales, los aforos en ríos y embalses y la programación cultural que recupera actividades al aire libre.

Los servicios municipales no pierden de vista las consecuencias del invierno lluvioso. Los técnicos evalúan tanto la integridad de muros y tejados —el patrimonio compostelano sufre especialmente cuando la humedad se prolonga— como el estado de las redes de drenaje, que en puntos concretos de la ciudad necesitarán actuaciones antes de episodios tormentosos primaverales. A falta de iniciativas concretas anunciadas por la administración, los comerciantes de zonas turísticas saben que la meteorología marcará buena parte de la temporada.

En el ámbito agrario, los regantes y viticultores observan con interés el calendario hidrológico. Si bien las lluvias invernales han recargado reservas y suelos, las semanas venideras serán clave para determinar si el exceso hídrico pasado se traduce en atrasos de labores o en una primavera favorable para los cultivos tempranos. No hay uniformidad en toda Galicia: la variabilidad local —rías, montes y llanuras— hará que las condiciones difieran entre comarcas próximas.

La llegada de la estación supone, además, una llamada a la observación: tanto del tiempo como del firmamento. Los compostelanos, acostumbrados a leer el cielo como quien consulta una vieja agenda, volverán a planificar paseos, ferias y celebraciones adaptadas a un clima que no renuncia a caprichos atlánticos. Lo que queda claro es que tras un invierno que quedará en las estadísticas del siglo, la primavera ofrecerá un respiro y nuevos motivos para mirar hacia arriba y hacia fuera.

La ciudad entra ahora en una temporada de expectativas: habrá días cálidos que recuerden al verano, noches en las que la claridad de Venus invite a la contemplación y jornadas lluviosas que recuerden que Galicia es, también, la tierra de la lluvia. Para gestores públicos y vecinos, el reto será aprovechar los bonos de humedad acumulada sin olvidar las lecciones dejadas por un invierno generoso en precipitaciones.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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