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Las víctimas de Adamuz reclaman músculo jurídico: contratan al letrado del caso Angrois que ahora examina Estrasburgo

La Asociación de Víctimas del Accidente Ferroviario de Adamuz ha dado un paso visible en su estrategia jurídica al contratar al despacho que dirige el abogado Antonio Benítez, conocido por hacerse cargo del procedimiento contencioso‑administrativo derivado del siniestro del Alvia en la curva de A Grandeira, caso que actualmente examina el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La decisión, anunciada esta semana, se enmarca en la exigencia de las familias de “todas las vías legales” frente a lo que consideran una inacción administrativa persistente.

Un cambio de fase en la estrategia de las víctimas

Fuentes de la asociación explican que se trata de un “cambio de fase”: dejar atrás respuestas dispersas y apostar por un equipo especializado en responsabilidad patrimonial y contencioso‑administrativo. El despacho elegido, Administrativando Abogados, trae a la mesa experiencia en litigar contra la administración pública y en coordinar reclamaciones complejas que combinan ámbito administrativo y, si procede, europeo.

Motivación no les falta. La entidad exige la creación “inmediata” de una oficina específica de atención a las víctimas que actúe como punto único de referencia, coordine a las administraciones implicadas y garantice un seguimiento real y continuo de cada caso. Es una petición que, según los afectados, busca cortar de raíz la confusión burocrática que ha entorpecido ayudas y trámites desde el día del siniestro.

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La asociación ha hecho además un llamamiento público: convoca una manifestación en Huelva para el próximo 20 de marzo bajo el lema ‘Memoria, Verdad y Justicia’. No se trata solo de reclamar compensaciones; insisten en que la prioridad es “conocer la verdad para que hechos como este no vuelvan a repetirse y para garantizar que el sistema ferroviario sea plenamente seguro”.

Paralelismos con Angrois y por qué importa la vía europea

La elección de Benítez no es casual. El procedimiento que protagoniza en el caso de Angrois —el descarrilamiento del Alvia en la curva de A Grandeira— ha escalado hasta Estrasburgo, lo que convierte a esa demanda en un referente para colectivos que también buscan responsabilidad administrativa y reparación integral. Cabe recordar que ese accidente marcó profundamente a Galicia y abrió una larga disputa judicial y política sobre seguridad ferroviaria y rendición de cuentas.

Para las víctimas de Adamuz, apoyarse en una estrategia que combina lo nacional con lo europeo tiene dos objetivos claros: forzar una resolución más rigurosa dentro de España y, en caso de que la vía interna no resulte satisfactoria, recurrir a instancias supranacionales con mayor potencial de generar precedentes. No es la primera vez que colectivos españoles recurren al Tribunal Europeo de Derechos Humanos para denunciar fallos en los procesos judiciales o en la protección de derechos fundamentales.

Este cruce de caminos entre demandas locales y recurso europeo plantea además un debate técnico: la diferencia entre responsabilidad penal, administrativa y la posibilidad de vulneración de derechos humanos que el ECHR pueda reconocer. La vía administrativa suele ser la que permite reclamar responsabilidad patrimonial y medidas preventivas; la europea, si admite el caso, puede condenar al Estado por fallos estructurales en la protección judicial y administrativa de las víctimas.

Repercusiones prácticas y próximos pasos

En el plano político y práctico se han producido movimientos paralelos. La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, anunció este jueves que el Gobierno prepara una modificación legal para que el accidente de Adamuz tenga la misma consideración que un accidente laboral. Según la ministra, ese cambio implicaría, entre otras cosas, prestaciones más elevadas para los heridos y pensiones de incapacidad permanente, viudedad y orfandad de mayor cuantía.

La reacción de la dirección de la asociación ha sido de acogida “positiva”, en palabras de su presidente, Mario Samper. En un encuentro reciente con el ministro de Transportes, Óscar Puente, los representantes de las víctimas trasladaron no solo la petición de igualdad de trato con los accidentes laborales sino también la demanda de una investigación “seria e imparcial” y la agilización de las ayudas burocráticas que, según denuncian, han tardado más de lo razonable.

Ese mismo encuentro culminó, según fuentes de la asociación, con una petición contundente: la dimisión del ministro. Es una advertencia política que añade presión sobre el Ejecutivo en plena tramitación de la modificación legal anunciada. A corto plazo, las próximas semanas serán clave: la manifestación en Huelva aparecerá como termómetro social y la contratación de Benítez abre la vía a movimientos procesales que pueden incluir reclamaciones de responsabilidad patrimonial, solicitudes de medidas cautelares y, en última instancia, recursos ante tribunales internacionales si la respuesta española no satisface las exigencias de las víctimas.

De prosperar la consideración del accidente como laboral, el aspecto económico tendría implicaciones inmediatas para los afectados; ahora bien, la reparación moral y la clarificación de responsabilidades administrativas o políticas requieren, además, una investigación independiente y exhaustiva. No es solo una cuestión de dinero: la demanda es por memoria, verdad y cambios que impidan repetir tragedias en la red ferroviaria española.

Para Galicia, el episodio resuena con ecos conocidos. La relación entre infraestructuras, mantenimiento y control administrativo ha sido motivo de debate en la comunidad desde el siniestro de Angrois. A falta de confirmación oficial sobre los plazos, la alianza entre las víctimas de Adamuz y el equipo jurídico vinculado a Angrois puede convertirse en una palanca para que el debate sobre seguridad ferroviaria y responsabilidad pública recupere centralidad en la agenda política.

Queda por ver si la suma de movilización social, presión política y recursos jurídicos logra acelerar respuestas concretas: oficina de atención permanente, compensaciones más tangibles y cambios normativos que blinden los derechos de las víctimas. En cualquier caso, la jugada deja claro que las familias no están dispuestas a transigir con la lentitud administrativa; han decidido pelear con las herramientas que funcionaron en un caso que marcó a toda una comunidad y que ahora mira a Estrasburgo en busca de una segunda instancia de justicia.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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