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Un régimen que resiste a golpes selectivos: hasta qué punto los ataques israelíes pueden desestabilizar Irán

En apenas meses, una cadena de atentados y bombardeos ha eliminado a buena parte de la dirección militar y a varios cuadros políticos y científicos de la República Islámica. Pese a los numerosos «descabezamientos», el sistema persa muestra una capacidad de supervivencia que desconcierta a Occidente. ¿Está Irán al borde del colapso o estas operaciones provocan más ruido que efecto estructural real? Desde Estambul y pasando por Teherán hasta los puertos de Galicia, las consecuencias se extienden más allá del mapa militar.

Descabezamientos, objetivos y el nuevo patrón de ataques

La lista de apellidos que ha perdido Irán en los últimos años y, sobre todo, desde la guerra de junio del año pasado, es notable. Entre los últimos golpeados figura Alí Larijaní, hasta hace poco al frente del Consejo de Seguridad Nacional. Antes ya habían caído figuras tan relevantes como Alí Shamjaní, asesor cercano del exlíder supremo Alí Jameneí, o mandos de la cúpula militar como Mohammad Pakpour, que dirigió la Guardia Revolucionaria entre junio de 2025 y febrero de 2026, tras la muerte de Hosein Salamí en junio de 2025.

Los ataques dejaron además víctimas entre científicos de alto rango: Fereydoon Abbasi, Mohammad Mehdi Tehranchi y en el pasado personajes clave del programa nuclear como Mohsen Fajrizadeh. No se trata ya sólo de operaciones puntuales contra investigadores o comandantes; desde el verano pasado la estrategia israelí ha dado un giro evidente y busca golpear la maquinaria política, administrativa y represiva del régimen, incluidos centros de los Basij, las brigadas voluntarias que han sido clave en la represión de protestas.

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Tel Aviv, que no oculta su autoría en numerosos casos, ha combinado bombardeos aéreos durante conflictos abiertos con operaciones encubiertas y asesinatos selectivos clásicos: emboscadas en carreteras, disparos a distancia y ataques quirúrgicos en zonas urbanas. El resultado es una sensación de inseguridad entre la clase dirigente iraní y una clara intención de generar vacío y miedo en los niveles intermedios de poder.

«La estructura política iraní está diseñada para mantener continuidad; la retirada de un individuo no rompe de inmediato el mecanismo», dijo recientemente a una cadena internacional el ministro de Exteriores iraní, que defendía la capacidad del sistema para reponer mandos y mantener la gobernanza.

Una maquinaria pensada para sobrevivir

No es la primera vez que la República Islámica se enfrenta a golpes dirigidos contra sus élites. La experiencia acumulada desde la guerra con Irak en los años ochenta, las purgas internas y la existencia de órganos paralelos —clerical, militar y civil— han creado un entramado que prioriza la continuidad sobre la personalización del poder. La figura del líder supremo siempre ha sido central, pero detrás existe un relevo institucional: el Consejo de Guardianes, el arsenal de mandos de la Guardia Revolucionaria y una red de lealtades provinciales capaces de rellenar huecos rápidamente.

Sin embargo, la eliminación repetida de cuadros con experiencia tiene un coste. Expertos y disidentes afincados fuera del país, como Maziar Baharí, advierten que los sustitutos tendrían —en promedio— menos experiencia y menor confianza dentro de la jerarquía clerical y militar. Ese déficit técnico y político puede traducirse en decisiones más erráticas, fallos en la coordinación de represiones y, en última instancia, en un régimen más caótico, aunque no necesariamente más débil estructuralmente.

Hay además una dimensión simbólica que no debe subestimarse: cuando los centros de mando se vuelven vulnerables el mensaje al ciudadano se mezcla entre intimidación y oportunidad. Israel busca precisamente eso: agitar a la sociedad iraní para que el miedo se convierta en protesta masiva que, a su vez, abra una ventana de cambio. La respuesta oficial, sin embargo, pasa por recordar la eficacia de los mecanismos de represión y la solidaridad nacional en momentos de crisis.

Repercusiones regionales y el efecto en Galicia

Más allá de Teherán, lo que ocurra en Irán tiene repercusiones geopolíticas inmediatas. La posibilidad de que Teherán recurra a aliados y milicias en la región —desde Hezbolá en el Líbano hasta grupos en Yemen— multiplica los frentes y eleva el riesgo de expansión del conflicto. Los precios del petróleo y el seguro de la navegación toman nota: cualquier tensión sostenida eleva costes logísticos que afectan a puertos y astilleros europeos.

En Galicia el interés no es abstracto. El Port of Vigo y las terminales de las Rías Baixas están atentas a la evolución de los precios energéticos y a posibles perturbaciones en las rutas comerciales que pasan por el Estrecho de Ormuz. Además, la comunidad gallega, con empresas vinculadas al sector naval y a la pesca, mide el impacto económico de la inestabilidad a miles de kilómetros. No faltan, por otro lado, muestras de solidaridad: en los últimos meses se han celebrado concentraciones de diferentes comunidades en ciudades como A Coruña y Santiago, donde asociaciones de inmigrantes y colectivos civiles han mostrado su preocupación por la escalada.

Desde el plano diplomático, Europa y España encaran un dilema conocido: apoyar sanciones y medidas de presión sin empujar al precipicio de una respuesta militar mayor, y simultáneamente mantener canales que permitan limitar la propagación del conflicto. La coordinación entre aliados, incluida la fiscalización de operaciones encubiertas, se ha convertido en tema recurrente en despachos y foros internacionales.

Mirando hacia adelante, la lógica sugiere que las operaciones de desgaste continuarán mientras Israel las considere eficaces y mientras Irán no encuentre fórmulas internas para trasladar competencias y experiencia a una nueva generación de dirigentes sin pérdida sustancial de control. La historia reciente indica que el régimen tiene capacidades de adaptación; la guerra, en cambio, es un juego de imponderables. Para la población iraní, y para regiones tan distantes como Galicia que solo perciben la tensión en la factura del combustible o en las noticias, la incertidumbre será la palabra dominante de los próximos meses.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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