La primera noticia que muchos escoceses tuvieron de Lugo fue el 18 de septiembre de 1891. Ese día, el periódico The Glasgow Herald publicaba una crónica de uno de los primeros viajes en tren, de A Coruña a Lugo, enviada por un corresponsal anónimo, que da fe de cómo era la provincia hace casi siglo y medio y de cómo eran las lucenses, que él resumió como "guapas, altas y de tipo fino". De todo esto se hace eco el pódcast 'Historias de Lugo'
Pocas noticias publicó el periódico escocés The Glasgow Herald relacionadas con Lugo en toda su historia (1783-1907), pero el 18 de septiembre de 1891 un corresponsal anónimo daba cuenta, en columna y media, de su viaje por la provincia y la ciudad, una crónica que se puede leer, en formato digital, en el British Newspaper Archive.
El corresponsal viene desde A Coruña a Lugo en el medio del transporte más rápido y moderno que existía entonces: el tren, cuya línea había llegado a la capital lucense solo dieciséis años antes, en 1875.
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Conoce más →Lo primero que dice este hombre, en su crónica, es que el viaje le llevaría cinco horas "o más", por eso pretendía hacerlo temprano, después de tomarse el chocolate matinal.
El periodista dice que en la estación coruñesa hay mucha menos rigidez y "oficialismo" que en Francia, donde el cronista viajó con anterioridad, afirmando que el ambiente es una mezcla del que podría haber en el país galo y en Inglaterra.
La mañana es gris y la velocidad, "considerable". El tren va en dirección contraria a las tropas inglesas que encabezaba Sir John Moore durante la Guerra de la Independencia. O sea, va hacia Lugo, y las fincas con plantaciones de trigo comienzan a hacerse presentes por la ventanilla.
"El terreno es más rico que hacia Santiago y abundan los bosques de roble y pino. El trigo y la cebada dan un rico tono suave al paisaje, intercalado con fincas de maíz, todavía verde y fresco", dice el periodista escocés, que justifica la existencia de esta plantación en la "importante cría de ganado" y, por lo tanto, "la mayor parte de la cosecha será cortada verde para el forraje, como ocurre en el centro y norte de Alemania".
El tren llega a Betanzos y, a partir de ahí,empieza una cuesta desde la que se puede ver un hermoso valle verde, con bosques de castaños. El cronista habla del bonito emplazamiento de esta localidad, enfrente de la ría y dice que es un brazo de la bahía de Ferrol. "Hacia Ferrol el camino es boscoso y montañoso, por lo que meter por aquí el tren tuvo que ser difícil", piensa el periodista escocés.
El paisaje se completa con fincas cultivadas hasta la cima de la montaña, parecidas a las de Escocia pero sin cascadas y con sol. También habla de los toxos, que crecen en cantidad. Ve también bueyes tirando de los carros y los compara con los caballos de su tierra.
En las estaciones, hay niños vendiendo cerezas atadas por los tallos alrededor de un palo central. Sobre los gallegos, dicen que "son simples en sus maneras, pero amables con los animales y atentos con los niños".
El tren sigue su recorrido y pasa por delante de varias casas de piedra "muy malas y pobres", dice, en un paisaje de robles, abedules y saúcos. Añade que "unos cuantos arroyos son visibles, pero no hay río de importancia en muchas millas".
Llega a Guitiriz y dice que "la tierra es mejor". En Baamonde, comienza a ver tejados de pizarra, "algo característico de Lugo", afirma. Añade que también se usa esta piedra para cercados, lo que no le parece elegante.
A su paso por Rábade, destaca el Miño y las truchas, aunque el río lleve algas. También dice que la piedra es de granito y que todas las casas tienen chimenea grande.
El cronista escocés llega a Lugo y deja el tren, que sigue cara a Madrid. Tras dejar la estación, sube varios escalones y por un camino escarpado hasta llegar, a media milla, a la Porta da Estación.
"Llegamos a la ciudad que condenó al hambre a las legiones inglesas y fue saqueada dos veces por los franceses", dice, en relación a la Guerra de la Independencia contra Napoleón. Pero, en suma, dice que "el resultado es satisfactorio".
El periodista destaca el buen estado de conservación de la muralla, "donde el visitante puede caminar o conducir alrededor de ella, de dieciocho pies, y sentarse en los bastiones y contemplar un paisaje de gran belleza". Dice que, desde la muralla, la ciudad parece gris con "un aspecto de viejo mundo porque los tejados no son de teja y están llenos de líquenes". Alrededor de la muralla, "hay un buen paseo, plantado con árboles".
El cronista escocés observa el puente de A Chanca, de veinte arcos. Añade que bajo él pasa un arroyo. Es domingo y un grupo de labradores cortan la hierba con guadañas de hoja pesada y construcción grosera.
Compara la pobre forma de vestir de las doncellas lucenses con la de los irlandeses y asegura que solo una vez vio a una chica con encajes en la pequeña tienda de su madre. Sobre las mujeres, asegura que "son de tipo fino" y que no tienen los rasgos típicos españoles. Añade: "Son altas, guapas y con la tez fresca".
Al periodista escocés le llamó tanto la atención la catedral de Lugo que, incluso, dice que está hecha "con mejor gusto" que la de Santiago. Cuenta que "los sacerdotes andan con ropa cómoda y todavía siguen llevando capa de paño negro, el esmoquin predomina en los paseos y hay gente sentada en los cafés".
El cronista se va al mercado de la actual Praza Maior, entonces Plaza de la Constitución, donde destaca la existencia de una fuente y de acacias, bajo las cuales hay ponis que llevan carga de frutas y verduras. Las mujeres se abrigan bajo los paraguas esperando a los clientes.
Fuente original: El Progreso | Publicado: 26/02/2026 15:16
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