domingo, 8 de marzo de 2026 | Galicia, España

La mujer que descifra el universo

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Mar Capeáns, frente al acelerador de partículas LHC (Large Hadron Collider). / CERN

Mar Capeáns aparece en la imagen que ustedes están viendo en este reportaje frente al LHC (Large Hadron Collider), el acelerador de partículas de 27 km que descubrió en 2012 la última partícula elemental que quedaba por observar: el bosón de Higgs. Esta doctora en Física compostelana de 59 años acaba de estrenarse como jefa de operaciones del CERN, el mayor laboratorio de física de partículas del mundo. Durante su mandato -hasta 2030- la compostelana, que ha desarrollado su labor durante los últimos 30 años en este laboratorio con sede en Ginebra, se enfrenta a enormes retos que abordan conceptos difíciles siquiera de imaginar para cualquier persona ajena a este mundo. Pero no para ella. Mar Capeáns es capaz de ver la belleza de la física de partículas. Vive con pasión su trabajo y encara con determinación los complejos objetivos a los que se enfrenta, como multiplicar por diez la potencia de este acelerador o impulsar la construcción del Futuro Colisionador Circular (FCC), una máquina tres veces mayor, que sería el nuevo experimento más grande la Tierra. El futuro es emocionante ya que podría desvelar de qué está hecho hasta un 25% del universo del que, en estos momentos, tan solo conocemos el 5%.

Ante tan apabullante escenario en el que navega con soltura esta gallega, española que ha llegado más alto en la historia de esta institución que aglutina a 20.000 científicos de 110 países, sorprende descubrir su enorme sencillez, discreción y desbordante capacidad de trabajo. Pero ella no se echa flores.

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Su mérito es aún mayor cuando descubrimos que en su familia no tenía ningún referente que se dedicara a la ciencia. A los cuatro hermanos, dos chicas y dos chicos, «mis padres nos educaron de forma absolutamente igualitaria. A todos se nos exigía lo mismo y a todos se nos animaba a estudiar, a hacer deporte, y a aspirar a lo que quisiéramos. En casa se fomentaba preguntar, debatir, interesarse por las cosas en un ambiente en el que aprender era algo natural. Ese entorno fue muy importante, porque te hace crecer sin pensar que hay caminos más apropiados para unos que para otros», agradece.

Mar estudió en el colegio de la Compañía de María de Santiago, «un centro amable y bonito en el que siempre me lo pasé bien», asegura. Era una niña curiosa, interesada por entender cómo funcionaban las cosas en general y cómo se conectaban los distintos temas. «Tuve profesoras que transmitían entusiasmo y libertad, lo que influyó en la forma de mirar el mundo. Me gustaban las matemáticas, me gustaba resolver problemas, y me incliné hacia la física como una carrera que abría puertas, en vez de cerrarlas», argumenta.

Así llegó a la Facultad de Física de la Universidade de Santiago, «al lado de casa», el inicio de un recorrido que la llevaría muy, muy lejos. 

La joven era consciente de que entraba en un entorno bastante masculinizado y en una carrera minoritaria, pero no supuso ninguna traba para ella. «En mi experiencia personal no sentí un trato explícitamente diferente por ser mujer. Lo que sí percibías era que había pocas referentes femeninas en posiciones visibles», apunta.

Durante la facultad, Mar conoció el trabajo del CERN por la conexión que tenía la universidad con esta institución. Sin duda, ya en el aula la capacidad de Mar llamaba la atención y cuando un profesor le propuso ir durante unos meses al laboratorio de Ginebra para realizar su tesis doctoral, la gallega no lo dudó. «La decisión no fue inmediata, porque implicaba irme lejos y dejar mi entorno natural, pero mis padres me apoyaron en todo momento y… ¿quién le dice no al CERN?», advierte.

Así, en 1992 la compostelana hizo las maletas hacia Suiza, el mismo camino que miles de gallegos emigrantes recorrieron antes que ella, aunque con un objetivo diferente. Iba para unos meses, pero fue encadenando puestos y responsabilidades y hasta hoy ya van treinta años.

Mar Capeáns, en el CERN en Ginebra, en 2009 / FDV

Recuerda bien su primera impresión al entrar en este ingente laboratorio. «Aunque conocía el CERN un poco, no entiendes su verdadera dimensión hasta que trabajas dentro. La escala es impresionante: los aceleradores, el tamaño del campus, la complejidad de las infraestructuras, la diversidad de perfiles… Es literalmente como una pequeña ciudad dedicada a la ciencia». Pero lo que más le sorprendió aquellos primeros meses, asegura, fue «la cultura de cooperación internacional tan natural, personas de decenas de países trabajando juntas sin que eso fuera nada extraordinario, y la facilidad para interaccionar con expertos dispuestos a compartir sus conocimientos: esa diversidad es una de sus grandes riquezas».

La científica echaba de menos a su familia y su tierra y de nuevo se encontraba en un entorno muy masculino en el que pocas mujeres llegaban a puestos de responsabilidad. «Hacerse un hueco en el CERN requiere credibilidad técnica, científica, y saber trabajar y aprender de los demás», advierte. Pero poco a poco y haciendo gala de «esa forma de vivir lo cotidiano que tenemos los gallegos, con humildad pero seguros de nosotros», Mar fue encontrando su lugar.

El descubrimiento del bosón de Higgs en 2012 fue un momento histórico, el resultado de décadas de trabajo colectivo: «Recuerdo perfectamente la conciencia de estar viviendo algo único», apunta. Pero también destaca otros momentos menos mediáticos pero muy intensos como cuando después de años de I+D y construcción, los detectores del LHC estaban listos para tomar datos: «Es muy motivador cuando una tecnología innovadora funciona por primera vez como lo habías imaginado», afirma.

Pero el universo de Mar en Ginebra no ha sido exclusivamente el de la física de partículas. La científica se atrevió a sumergirse además en otro cosmos muy diferente y no menos complejo: el de la maternidad. La conciliación lejos del entorno familiar fue difícil para criar a su hija. «Está claro que es un reto y más cuando la carrera profesional es exigente, pero el CERN es una institución sensible a estos temas, con estructuras que facilitan la organización familiar, como una guardería en el campus que acoge a niños desde 4 meses», apunta. «Toda trayectoria profesional intensa implica priorizar en determinados momentos. Lo importante es que el balance tenga sentido», opina.

Mar Capeáns (en 2013), primera española que se integró de forma estable en la plantilla del CERN. / V. M. E.

Mar estrenó el año con su nuevo cargo, el de directora de Operaciones, y asegura estar muy motivada. «Mi misión es gestionar una ciudad muy singular dedicada a la ciencia, con gente e infraestructura única, que cambia todo el tiempo y cuya operación debe estar alineada con una estrategia científica muy ambiciosa. Me ilusiona especialmente preparar el CERN para el futuro: el LHC de Alta Luminosidad y los estudios de aceleradores futuros», describe. «Lo que más desearía es entender qué es realmente la materia oscura y la energía oscura. Sabemos que constituyen la mayor parte del universo, pero aún no sabemos qué son. Resolverlo cambiaría nuestra visión del mundo radicalmente», lanza.

Asegura que las mujeres en el CERN cada vez acceden más a puestos de responsabilidad: «En la nueva estructura de dirección del director general Mark Thomson, los directores y CIO somos 50/50. Se ha avanzado, pero aún queda camino por recorrer ya que por ejemplo en la capa siguiente de jefes de Departamento el porcentaje de mujeres desciende al 30%, que es un porcentaje similar a la cantidad de mujeres en el CERN; esto refleja una tendencia al alza», analiza. La directora apunta que la brecha de género en STEM es una realidad tanto en España como en Suiza. «Aunque existen algunas diferencias en los niveles de participación, en ambos países las mujeres siguen estando infrarrepresentadas, sobre todo en puestos de liderazgo, por lo que el desafío es similar: promover mayor igualdad de oportunidades y romper estereotipos desde etapas tempranas», opina.

Mar confiesa llevar una vida «muy organizada en torno al trabajo» en Suiza. Pero eso no significa que no disfrute también de la vida fuera del laboratorio. «Me encanta la naturaleza y aquí, con la proximidad de los Alpes, es un lujo hacer escapadas cortas fácilmente», asegura.

Su vida está en Suiza, pero cuando piensa en «casa», Mar siempre visualiza Galicia.

Lise Meitner con unas estudiantes en 1959 / Bryn Mawr College

Física austriaca de origen judío, Lise Meitner fue una de las mentes clave en el descubrimiento de la fisión nuclear, el proceso por el cual el núcleo de un átomo se divide liberando enormes cantidades de energía. Formada en Viena, se trasladó a Berlín, donde trabajó durante décadas junto al químico Otto Hahn en el estudio de los elementos radiactivos. En 1938, tras la anexión nazi de Austria, tuvo que huir de Alemania y continuar su investigación desde el exilio en Suecia. Ese mismo año, interpretó correctamente los resultados experimentales de Hahn y explicó teóricamente la fisión, sentando las bases de la energía nuclear moderna. Sin embargo, el Nobel de Química de 1944 fue concedido solo a Hahn, en una de las grandes omisiones de la historia de la ciencia. Meitner rechazó participar en el desarrollo de la bomba atómica y defendió siempre el uso responsable del conocimiento científico.

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Fuente original: Faro de Vigo | Publicado: 07/03/2026 21:15

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Periodista de Galicia Universal. Especialista en Deportes.