Rodolfo Gómez y su equipo del Grupo de Patología Musculoesquelética del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago han publicado en marzo de 2026 un estudio que sugiere que la colchicina, un fármaco ya empleado contra la gota, podría reconducirse para tratar trastornos óseos como la osteoporosis. La investigación, desarrollada en Santiago y difundida en la revista Pharmaceutics, muestra que la colchicina, a concentraciones terapéuticas, reduce la formación de tejido graso en la médula ósea y favorece la diferenciación hacia osteoblastos. Los autores sostienen que este efecto explicaría por qué el control de la adiposidad medular puede mejorar la salud ósea y abrir una nueva línea terapéutica económica y sencilla.
En el trabajo, los investigadores estudiaron células madre mesenquimales y observaron que la colchicina altera el metabolismo de los microtúbulos y cambia la trayectoria de diferenciación celular. A nivel experimental, las concentraciones del fármaco que se manejan clínicamente alcanzaron a inhibir de forma significativa la adipogénesis, incluso tras estímulos transitorios que normalmente inducen la formación de adipocitos. Los resultados permiten concluir que, en el laboratorio, la colchicina favorece el compromiso hacia el linaje osteoblástico frente al adipocítico, un hallazgo que no se había documentado antes con dosis reales de uso humano.
Los autores describen un mecanismo basado en la homeostasis microtubular: la perturbación del ensamblaje de microtúbulos modifica señales internas que determinan si una célula madre mesenquimal se convierte en adipocito o en osteoblasto. Ese control fino del citoesqueleto celular, explican, podría ser la clave para regular el equilibrio entre grasa y hueso en la médula. La interpretación molecular brinda una base plausible para pensar en intervenciones dirigidas, más allá de las terapias actuales que no se concentran en la adiposidad ósea.
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Conoce más →Desde el punto de vista clínico, la colchicina ya tiene un perfil de uso bien conocido: millones de tratamientos en pacientes con gota avalan su seguridad a dosis bajas y su coste reducido. Es precisamente esa experiencia previa la que anima a los investigadores a plantear su reevaluación en enfermedades óseas, porque la reutilización de medicamentos aprobados puede acelerar la traslación a la clínica. No obstante, el equipo del IDIS subraya que estos resultados deben confirmarse en modelos animales y ensayos controlados antes de proponer cambios terapéuticos.
Una novedad destacada del estudio es que el efecto antiadipogénico se observó con concentraciones que son asequibles y manejables en práctica clínica, y que la inhibición de la formación de adipocitos se mantuvo incluso tras una exposición breve. Ese hallazgo sugiere que regímenes de tratamiento no necesariamente continuos podrían ser efectivos, aunque los autores insisten en la necesidad de definir dosis y duración óptimas. La posible promoción de la formación de nuevo tejido óseo en condiciones experimentales ha suscitado interés entre los especialistas en metabolismo óseo.
Pese al optimismo, los investigadores advierten de limitaciones claras: los datos proceden de cultivos celulares y todavía no se dispone de evidencia en humanos ni en modelos animales relevantes de osteoporosis. Además, cualquier uso sistemático de colchicina en pacientes ancianos o con comorbilidades requerirá un estudio cuidadoso de interacciones y efectos adversos, así como la identificación de subgrupos que más podrían beneficiarse. La prudencia científica impone avanzar mediante ensayos clínicos que evalúen eficacia, seguridad y coste-efectividad.
El hallazgo llega en un momento de creciente preocupación por el impacto de la osteoporosis en poblaciones envejecidas, donde el cambio en la proporción entre osteoblastos y adipocitos medulares contribuye a la fragilidad esquelética. Si la colchicina demostrase en ensayos posteriores su capacidad para reducir la adiposidad ósea y mejorar la formación de hueso, su bajo coste y disponibilidad podrían transformar estrategias preventivas y terapéuticas. La posibilidad de aprovechar un fármaco ya comercializado abre expectativas en salud pública y en la industria farmacéutica.
En Santiago, el grupo del IDIS trabaja ahora en consolidar colaboraciones preclínicas y en explorar vías para ensayos clínicos que permitan validar los hallazgos en pacientes. Los investigadores confían en que la combinación de datos mecanísticos y la experiencia clínica con colchicina faciliten los pasos siguientes hacia aplicaciones médicas reales. Mientras tanto, la comunidad científica recibirá estos resultados como una invitación a estudiar con rigor la relación entre citoesqueleto, adipogénesis y salud ósea.
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