El precio del petróleo registró este martes un giro a la baja después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, asegurara en una comparecencia que la contienda en Oriente Medio está «prácticamente terminada». La declaración, emitida la mañana del 10 de marzo de 2026, alivió momentáneamente los temores de una interrupción del suministro en el estrecho de Ormuz y contagió a los mercados globales, que abrieron con fuertes descensos. El descenso se produjo pese a que poco después Trump volvió a lanzar advertencias contra Irán, y Teherán respondió que será quien determine el final del conflicto.
En la apertura de las bolsas europeas, el barril de Brent llegó a caer más de un 6%, situándose en torno a los 92,44 dólares por barril en los contratos de futuros de referencia a primera hora. La caída contrasta con la extrema volatilidad de la jornada anterior, cuando el crudo llegó a repuntar casi un 29% y tocó cotas cercanas a los 120 dólares por barril, niveles no vistos desde 2022. Los intercambios se vieron condicionados por el miedo a que las hostilidades provocaran cortes en el suministro a través del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el petróleo mundial.
En su intervención, Trump afirmó que las fuerzas contrarias en la región habían sido ampliamente dañadas y que el conflicto estaba en vías de conclusión, lo que fue interpretado por parte de los inversores como una señal de menor riesgo inmediato. Sin embargo, el propio presidente estadounidense no tardó en matizar su discurso con amenazas directas a Irán: en redes sociales advirtió que, si Teherán intentaba bloquear el tránsito petrolero por Ormuz, Estados Unidos respondería con una contundencia mucho mayor. Sus mensajes públicos combinaron el optimismo sobre el rumbo militar con advertencias de una respuesta severa en caso de nuevas provocaciones.
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Conoce más →Desde Teherán, la respuesta fue contundente. La Guardia Revolucionaria publicó un comunicado en el que sostiene que sus misiles son «ahora más potentes que al inicio de la guerra» y advirtió de que pueden ampliar el conflicto si lo consideran necesario. El mensaje subrayó que será la propia República Islámica quien determine el fin de las hostilidades, en un tono que busca proyectar capacidad disuasoria ante las amenazas externas. La agencia local Fars difundió la nota, que alimentó nuevamente la percepción de riesgo político-militar en la región.
Los analistas que siguen el mercado de hidrocarburos vinculan el movimiento de hoy a la combinación de dos factores: el alivio momentáneo que provocaron las declaraciones de Trump y la persistente incertidumbre sobre la evolución del conflicto. En sesiones tan volátiles, los inversores tienden a corregir posiciones con rapidez, vendiendo en cuanto se percibe una ventana de menor tensión y recomprando si la situación se recrudece. La estrechez de la oferta y la dependencia del tráfico por Ormuz mantienen al mercado muy sensible a cualquier titular bélico.
La escalada entre Estados Unidos e Israel por un lado e Irán por el otro ha convertido a Oriente Medio en el epicentro de las preocupaciones energéticas globales, con repercusiones directas sobre los precios de los combustibles y las cadenas de suministro. Las cotizaciones del crudo no sólo reaccionan a los hechos sobre el terreno, sino también a la retórica de los líderes y a la posibilidad de sanciones, cierres de rutas o ataques a infraestructuras críticas. Entre los operadores hay cautela: la posibilidad de nuevos episodios de violencia puede devolver al mercado la presión alcista en cualquier momento.
En el corto plazo, los inversores seguirán muy atentos a cualquier movimiento de las fuerzas armadas en la región, a las órdenes y comunicados oficiales y a indicadores económicos que puedan amortiguar o agravar la volatilidad. Los precios del petróleo sirvieron de termómetro para la ansiedad geopolítica y, aunque hoy se suavizaron, los participantes del mercado subrayan que la tranquilidad podría ser efímera. Fuentes del sector recuerdan que una interrupción real del tráfico en Ormuz tendría efectos inmediatos sobre el suministro global y sobre las facturas de combustible en Europa.
Para los consumidores y las economías importadoras, como la española, la lectura es doble: un descenso pasajero de las cotizaciones puede aliviar márgenes y precios minoristas a corto plazo, pero la sombra de nuevas tensiones mantiene la prima de riesgo en el mercado energético. Hasta que no haya señales claras de desescalada sostenida o de acuerdos diplomáticos, la trayectoria del crudo dependerá tanto de los hechos sobre el terreno como de la narrativa de los actores implicados, con Washington y Teherán en el centro de la atención internacional.
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