Las religiosas que ocupaban el convento de Belorado comenzaron este martes, 10 de marzo de 2026, a trasladar sus pertenencias para evitar el lanzamiento judicial que estaba previsto para el próximo jueves y que contaba con la previsión de la intervención de la Guardia Civil. El movimiento de enseres se realiza hacia el monasterio de Santa Klara de Orduña, aunque sus responsables insisten en que ese no será necesariamente su destino definitivo. La decisión se produce tras perder en los tribunales la batalla legal con la Diócesis, que reclamaba la devolución del inmueble.
En las primeras horas de la mudanza se vio entrar y salir furgonetas cargadas con muebles y efectos personales, mientras las mujeres acometían tareas de limpieza y embalaje. El portavoz de las exmonjas, Francisco Canals, remitió un comunicado en el que explica que las religiosas trabajan «día y noche» para ordenar y sanear las instalaciones antes de marcharse y que han aportado fotografías y otras pruebas que, según él, acreditan el estado en el que quedará el edificio. La documentación se envía, añade el portavoz, para dar transparencia al proceso y evitar interpretaciones parciales respecto al estado del convento al término del traslado.
La mudanza evita la ejecución forzosa que iba a llevarse a cabo por orden judicial tras la resolución favorable a la parte demandante. Fuentes judiciales confirmaron que la orden de lanzamiento se había programado para esta semana y que, de no haberse producido la salida voluntaria, la actuación de las fuerzas de seguridad habría sido la vía elegida para hacerla efectiva. Con la salida voluntaria, el procedimiento se cumple sin necesidad de intervención coercitiva, aunque el calendario procesal seguirá sus trámites para formalizar la entrega.
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Conoce más →Según Canals, las religiosas no sólo trasladan enseres sino que han puesto especial empeño en dejar las estancias limpias y en condiciones de uso. El portavoz explicó que, además de Santa Klara de Orduña, el grupo dispone de «tres o cuatro» propuestas de acogida en pueblos del norte de España que están sopesando, y que previamente recibieron unas cuarenta ofertas a través de una campaña difundida por internet. Pese a esas alternativas, el traslado a Orduña se ha utilizado como solución logística inmediata para almacenar los bienes mientras se decide el destino definitivo.
El conflicto entre las monjas y la institución titular del inmueble se prologó en los tribunales hasta que la autoridad eclesiástica obtuvo una resolución favorable que obligaba a la devolución del convento. Las exresidentes, que en los últimos meses mostraron resistencia a abandonar el edificio, han dado ahora el paso de desocuparlo de manera paulatina, alegando motivos de seguridad y dignidad para organizar el proceso personalmente. En su comunicado destacan la voluntad de colaborar y de evitar daños materiales en el inmueble.
Fuera de las comparecencias oficiales, el portavoz admitió el desgaste emocional del grupo: reconoció que las religiosas se encuentran «tocadas» y que están sufriendo por la inminencia de la partida, al tiempo que preparan los últimos trámites para el cierre del convento. La situación ha generado eco en diversos medios y en redes sociales, donde se han difundido imágenes y testimonios que han alimentado la difusión de las ofertas de acogida y la solidaridad de algunos colectivos de la zona norte.
La diócesis o el titular del inmueble deberán ahora comprobar el estado en el que les es entregado el edificio y decidir los pasos administrativos y materiales que siguen a la restitución. Desde el entorno de las exmonjas sostienen que las fotografías remitidas y las actuaciones de limpieza realizadas acreditan que el convento quedará en condiciones aceptables, y que ese es el objetivo prioritario antes de la entrega formal.
La salida de Belorado pone fin, de momento, a un capítulo judicial y humano que abre ahora una fase de replanteamiento para las religiosas afectadas y para los responsables de la propiedad. Mientras se concretan las propuestas de acogida y se evalúan los próximos movimientos de las exmonjas, la comunidad local y las instituciones implicadas seguirán de cerca el desenlace de esta transición.
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