Julio Iglesias ha publicado en sus redes sociales una carta de despedida dirigida a Fernando Ónega, fallecido la pasada semana en Madrid a los 78 años. En un mensaje cargado de afecto y recuerdo, el cantante narra las conversaciones que mantuvo con el periodista en las últimas semanas y explica por qué no pudo acompañar en persona a la capilla ardiente instalada en la Casa de Galicia. El texto, difundido el 10 de marzo, se suma a las multitudinarias muestras de condolencia que han llegado desde la política, los medios y la cultura.
La desaparición de Ónega, figura conocida por su trayectoria en la comunicación, ha provocado un intenso despliegue de homenajes. Durante los días posteriores a su muerte, centenares de personas visitaron la capilla ardiente en Madrid para rendirle tributo, y las redes sociales se llenaron de mensajes que ponen en valor su oficio y su carácter. Entre esos mensajes destacó la misiva pública de Iglesias, que quiso dejar por escrito una despedida personal aunque no pudiera estar en la Casa de Galicia.
En la carta, Iglesias define a Ónega como un hombre cuya sensibilidad y conocimiento de los sentimientos marcaron a quienes le siguieron. El artista recuerda con voz íntima las conversaciones telefónicas que mantuvieron en un último mes y admite la dificultad de encontrar palabras que estén a la altura de quien fue su amigo. La reflexión más sentida del texto remata con una frase que resume su consuelo: «Desde la tierra al cielo la distancia no es tan grande», escribió el cantante.
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Conoce más →Más allá del lamento, el escrito ofrece detalles sobre la cercanía que mantuvieron en los últimos días. Iglesias explica que trató de llamar con frecuencia para transmitir ánimo, que respetó los ritmos de la familia y que, cuando no contestaba al teléfono, esperaba a que su esposa lo acercara para poder hablarle. Describe pequeños gestos cotidianos —una llamada a una hora concreta, el teléfono puesto junto a la cama— que se convirtieron en intentos de sostener la fuerza del comunicador en sus últimos momentos.
El cantante también comparte su dificultad para insuflar ánimo a alguien a quien valora por su inteligencia y humanidad. En su mensaje reivindica la grandeza profesional de Ónega y subraya la pena que deja su ausencia entre quienes le conocieron. Iglesias, que según su propio relato es padrino del hijo menor del periodista, dirige además palabras de consuelo para la familia, en particular para Ángela y los hijos, a los que envía «todo mi cariño».
La carta de Iglesias llega en un contexto en el que las condolencias se han sucedido desde ámbitos muy diversos. Políticos, colegas de oficio y figuras del mundo de la cultura han destacado la labor de Ónega como comunicador y la familiaridad con la que supo acercarse a la audiencia. Su figura, con décadas en la esfera pública, dejó una impronta que, según muchos comentarios, trasciende generaciones y medios.
La ausencia física de Iglesias en la capilla ardiente no restó emoción a su despedida: su carta, difundida en redes, se leyó como un testimonio íntimo y público a la vez, una manera de acompañar sin estar presente. Ese gesto remarca la dimensión personal de la relación entre ambos y aporta una nota de calidez al conjunto de homenajes que se han venido produciendo.
Mientras en Galicia y en el resto del país se siguen conociendo anécdotas y recuerdos sobre la trayectoria de Ónega, el mensaje de Iglesias contribuye a perfilar el lado más humano del periodista. En su despedida, el cantante confiesa la esperanza de poder volver a verlo y abrazarlo una vez más, y culmina enviando un recuerdo cálido a la familia, cerrando así una carta que mezcla duelo, gratitud y cariño en torno a una figura que muchos consideran irreemplazable.
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