El presidente del Consejo Europeo, António Costa, se desmarcó este martes en Bruselas de la reflexión abierta por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y defendió la necesidad de mantener un orden mundial sustentado en normas comunes. En la Conferencia Anual de Embajadores de la Unión Europea, celebrada el 10 de marzo de 2026, Costa reclamó soluciones multilaterales ante un panorama internacional en transformación y advirtió de los peligros de sustituir el derecho por zonas de influencia. Su intervención buscó reafirmar que la Unión debe seguir apoyando instituciones y reglas compartidas para proteger sus intereses y su seguridad.
El jefe del Consejo hizo hincapié en que la creciente multipolaridad exige cooperación entre Estados y mecanismos colectivos, no un regreso a lógicas de poder que marginen el derecho internacional. En su intervención, caracterizó varias dinámicas globales como factores que desestabilizan el equilibrio: apuntó a Rusia por su papel en conflictos que socavan la paz, a China por prácticas que distorsionan el comercio y a Estados Unidos por decisiones que, a su juicio, pueden desafiar el sistema basado en normas. Con este diagnóstico, Costa subrayó la urgencia de reforzar instituciones y alianzas que permitan gestionar tensiones sin recurrir al unilateralismo.
La guerra en Oriente Próximo centró otra parte significativa de su discurso y fue señalada como una fuente de preocupación para la seguridad europea y la estabilidad global. Costa atribuyó a Irán responsabilidades en las raíces del conflicto, pero dejó claro que optar por respuestas unilaterales no constituye una solución viable ni legítima. Reclamó a Teherán y a sus aliados, entre ellos Hezbolá, el cese inmediato de ataques que también han afectado a países de la Unión, como Chipre, y advirtió del riesgo de una escalada con consecuencias económicas y humanitarias.
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Conoce más →El presidente del Consejo puso especial énfasis en el peligro que supondría una interrupción en el estrecho de Ormuz, ruta estratégica para el suministro energético mundial, y explicó que un bloqueo o mayor inestabilidad en esa zona tendría efectos directos sobre los mercados y la economía europea. Desde su óptica, la respuesta a esas amenazas debe pasar por coordinar sanciones, diplomacia y colaboración con socios internacionales para evitar que conflictos regionales deriven en crisis globales. Esa visión pragmática pretende conectar la seguridad con la protección de intereses económicos y suministros básicos.
Costa defendió asimismo el papel central de la Organización de las Naciones Unidas como pilar del sistema multilateral y respaldó las reformas impulsadas por su secretario general, António Guterres, para hacer a la institución más eficaz y representativa. Subrayó que reformar la ONU es preferible a pretender sustituirla por nuevos formatos que podrían carecer de legitimidad universal. La apuesta por renovar la ONU, según el presidente del Consejo, responde a la necesidad de adaptar las normas y mecanismos internacionales a un mundo más complejo sin tirar por la borda sus virtudes fundamentales.
En clave económica, Costa abogó por ampliar las alianzas comerciales y fortalecer la red de acuerdos exteriores de la Unión, citando negociaciones pendientes con bloques y países como Mercosur y la India. A su juicio, diversificar socios y afianzar marcos legales de comercio contribuirá a la resiliencia europea frente a presiones externas y prácticas desleales. La estrategia combinó seguridad, diplomacia y apertura económica como ingredientes para robustecer la presencia global de la UE.
Las posiciones de Costa contrastan con las expresadas el día anterior por Von der Leyen, quien puso en cuestionamiento la utilidad del orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial para proteger los intereses europeos en el presente. Esa reflexión abrió un debate en las instituciones comunitarias y provocó críticas de voces internas que consideraron peligroso poner en duda los principios y el Derecho Internacional. Entre las reacciones, la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, advirtió sobre el riesgo de erosionar fundamentos jurídicos, mientras representantes socialistas defendieron que el problema radica en los autócratas que incumplen las normas, no en las normas mismas.
Frente a esas discrepancias, Costa insistió en la necesidad de que la Unión Europea actúe con coherencia y con una sola voz para defender sus valores e intereses. Su mensaje aspiraba a calmar inquietudes dentro del bloque y a marcar una hoja de ruta que combine reforma institucional con unidad política. En la práctica, sus palabras ponen de relieve las tensiones entre las distintas ramas del liderazgo comunitario y la necesidad de pactar enfoques comunes sobre política exterior.
Las declaraciones del presidente del Consejo llegan en un momento en que la UE afronta simultáneamente crisis geopolíticas, desafíos económicos y dudas sobre su capacidad de actuación conjunta. El debate impulsado por estas intervenciones probablemente siga en las próximas semanas en los foros diplomáticos y en cumbres europeas, donde se decidirá hasta qué punto la Unión apuesta por renovar y reforzar las reglas que han intentado ordenar el sistema internacional desde la posguerra.
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