Familias y senderistas pueden descubrir desde el 10 de marzo de 2026 un rincón poco transitado de la provincia de Lugo que combina aguas diáfanas, un puente colgante y senderos entre bosques. El itinerario arranca en el área recreativa de Chao de Pousadoiro, en el municipio de Ribeira de Piquín, y asciende hasta el Muíño de García ofreciendo tranquilidad y panorámicas propias de una postal. Su conservación y la escasa presencia de visitantes lo convierten en un destino atractivo para quienes buscan naturaleza sin masificaciones. Por eso, expertos en turismo local lo recomiendan como una excursión segura y apta para todas las edades.
El recorrido parte de la playa fluvial del Chao de Pousadoiro, donde es posible aparcar y preparar la caminata, y progresa por una senda marcada que atraviesa bosques de ribera y paisajes de montaña. A lo largo del trayecto se cruzan varios afluentes de aguas claras que desembocan en remansos ideales para una parada. El ascenso es suave, apto para familias con niños acostumbrados a caminatas, y permite detenerse en puntos con buenas vistas para hacer fotografías. La ruta enlaza hitos como la pasarela colgante de Colado de Lamas y el puente de Montefurado.
La pasarela colgante es uno de los atractivos más lamentablemente fotografiados: ofrece una perspectiva aérea del valle y su curso fluvial, y se ha convertido en el mejor lugar para contemplar el conjunto. El sendero que la rodea está señalizado y, pese a ello, mantiene un carácter recogido que evita las aglomeraciones habituales en otros destinos turísticos. La senda es firme en su mayor parte, aunque es recomendable llevar calzado apropiado y ropa de abrigo en estaciones cambiantes. Para las familias, los tramos más abiertos permiten que los niños exploren con seguridad bajo vigilancia.
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Conoce más →Quienes buscan un complemento cultural encontrarán en la caminata restos que recuerdan episodios antiguos de explotación minera. En varios puntos del trayecto aparecen túneles y estructuras vinculadas a antiguas labores de extracción aurífera, de origen romano, que suman un interés arqueológico al atractivo natural. Estos vestigios, a veces semicubiertos por la vegetación, aportan al paisaje un matiz de misterio y larga historia. Las señales informativas que empiezan a instalarse ayudan a interpretar este patrimonio sin alterar el entorno.
Apenas a cinco kilómetros del Muíño de García se encuentra la Iglesia de San Xoán dos Vaos, un priorato vinculado en su origen a la Orden de San Juan de Malta que conserva elementos singulares. El templo sobresale por su atrio en el que, según la tradición, se advierten calaveras humanas incrustadas, un detalle poco común en los pórticos gallegos que despierta curiosidad y cierto recelo. Su factura y ubicación en la campiña contribuyen a la sensación de haber retrocedido siglos al visitar la zona. El conjunto histórico forma parte de los alicientes que complementan la excursión natural.
El acceso a Chao de Pousadoiro se realiza con facilidad desde la capital provincial: desde Lugo hay que tomar la N-640 hasta Meira y proseguir por la LU-751 en dirección a la aldea. El área recreativa dispone de plazas para estacionar y de la playa fluvial, punto de partida habitual para las familias que combinan baño y paseo. Chao de Pousadoiro es una aldea pequeña, con algo más de sesenta habitantes, que conserva la esencia de la vida rural en la montaña lucense. La oferta de servicios es limitada, por lo que conviene llevar agua y provisiones si se planea una jornada completa.
Para quienes piensen en seguridad y conservación, las recomendaciones son sencillas: respetar la señalización, no apartarse de las sendas principales, y evitar fogatas o actuaciones que puedan dañar la vegetación. El entorno alberga flora y fauna de ribera y monte bajo que se recupera bien si se mantiene el bajo impacto humano. La calidad del agua en los puntos de baño es buena en temporadas normales, pero siempre debe comprobarse en la zona recreativa antes de sumergirse. Los senderos son aptos para la mayoría, aunque con lluvia pueden volverse resbaladizos.
Para los residentes, la llegada de visitantes es bienvenida con matices. Según relata el vecino del lugar, José Varela, “la gente aprecia venir aquí porque el paisaje está intacto; pedimos sólo que se respete”. Varela subraya que el turismo de baja intensidad ayuda a la economía local sin convertir el valle en un destino masificado. Las autoridades municipales trabajan en señalética y en campañas de sensibilización para compatibilizar la llegada de paseantes con la conservación del entorno. Los impulsores locales insisten en que el equilibrio será decisivo para asegurar el futuro del lugar.
Este tramo de Ribeira de Piquín, con su conjunto de playas fluviales, puentes y restos históricos, se presenta como una alternativa cercana para familias que quieran alejarse de rutas saturadas. Su proximidad a Lugo y la sencillez del acceso hacen viable la excursión de un día, aunque quienes buscan mayor tranquilidad pueden planear pernoctar en los municipios cercanos. La recomendación de las guías locales y de Turismo de Galicia es disfrutar con responsabilidad, llevar la basura consigo y fijar la visita fuera de los fines de semana más concurridos. Así, este paraje seguirá siendo un tesoro guardado en la provincia de Lugo.
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