El martes 10 de marzo de 2026, en Madrid, el ministro de Asuntos Exteriores compareció tras el Consejo de Ministros para marcar distancias con la presidenta de la Comisión Europea y pedir a la Unión Europea que defienda el orden internacional basado en normas, porque a su juicio la alternativa sería el caos. En una intervención pública en el Palacio de La Moncloa, José Manuel Albares subrayó la necesidad de preservar las reglas que rigen las relaciones entre Estados ante la reciente escalada en Oriente Medio. La posición del Ejecutivo español se aparta así de lo expresado por la máxima responsable comunitaria y busca mostrar sintonía con otros líderes europeos.
En su intervención, Albares situó su discurso en línea con el planteamiento adoptado días atrás por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, quien también mostró reservas sobre las dudas planteadas por la Comisión. El titular español afirmó que España coincide con la llamada a garantizar que las relaciones internacionales se mantengan dentro de marcos jurídicos y multilaterales, y que las respuestas a crisis internacionales deben pasar por la diplomacia y las instituciones. La comparecencia siguió a una semana de intensos debates en Bruselas sobre la respuesta europea ante acciones militares en la región.
Las diferencias surgieron a raíz de unas declaraciones de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en las que cuestionó la capacidad del actual sistema internacional para ser la única herramienta para proteger los intereses europeos ante amenazas externas. Esas palabras, pronunciadas en el contexto de la ofensiva y represalias entre Estados Unidos, Israel e Irán, desencadenaron un debate sobre si la UE debe mantener el apego estricto al multilateralismo o explorar otras fórmulas de protección. Albares rechazó la idea de abandonar el marco basado en normas como respuesta a los retos contemporáneos.
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Conoce más →El ministro defendió que la preservación del orden internacional no es meramente una cuestión retórica o jurídica, sino la base que permite relaciones estables entre países y la cooperación frente a problemas globales. Señaló que renunciar a ese marco equivaldría a abrir la puerta al uso de la fuerza como herramienta de política exterior, con el consiguiente riesgo de desestabilización regional y global. Por ello instó a sus socios europeos a reafirmar su compromiso con las instituciones y los tratados internacionales.
Albares planteó el debate en términos de alternativas históricas: elegir entre el respeto al derecho internacional y la lógica de la fuerza; entre la búsqueda de la paz por vías pacíficas o la normalización de la guerra como recurso legítimo. Ese contraste, explicó, no solo tiene consecuencias políticas inmediatas sino que también determinará si la comunidad internacional avanza hacia el progreso o retrocede hacia una involución que complica la solución de problemas compartidos. Para España, dijo, la apuesta debe ser por reforzar los mecanismos multilaterales.
El titular de Exteriores también relacionó la vigencia del orden basado en normas con la capacidad para afrontar desafíos como el cambio climático, los flujos migratorios y las crisis económicas. Recordó que el marco multilateral facilita el desarrollo, el comercio libre y la prosperidad y que su erosión pondría en riesgo logros alcanzados tras décadas de cooperación. En ese sentido, dejó claro que la UE debe actuar como actor colectivo que defiende reglas comunes y no como suma de respuestas fragmentadas.
La discrepancia abierta entre las instituciones comunitarias y algunos Ejecutivos nacionales añade tensión a la ya compleja gestión de la crisis en Bruselas. La postura española, ubicada junto a la del presidente del Consejo Europeo, podría presionar para que la Unión busque una declaración conjunta que reafirme su compromiso con los tratados y el derecho internacional. No obstante, la discusión revela las dificultades para lograr un frente común cuando la seguridad y los intereses estratégicos de los socios se ven comprometidos.
Fuentes diplomáticas consultadas por este diario advierten de que la retórica dará paso a negociaciones discretas entre capitales y que la Comisión, como guardiana de los tratados, tendrá un papel relevante en la coordinación de la respuesta europea. En los próximos días se espera que las instituciones y los gobiernos trabajen para traducir las posiciones en medidas concretas que combinen sanciones, diplomacia y apoyo a mecanismos multilaterales, con la vista puesta en evitar una espiral de enfrentamientos que amplíe la crisis internacional.
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