Las grandes economías del G7 dijeron este martes en París que están preparadas para tomar medidas rápidas y contundentes si fuera necesario para contener la subida del precio del crudo, tras las tensiones en Oriente Medio que han comprometido el paso por el estrecho de Ormuz. Los ministros de Finanzas celebraron una reunión extraordinaria ayer y hoy se encontraron los responsables de Energía para analizar la situación y diseñar respuestas coordinadas. La urgencia responde al riesgo de interrupción del suministro, agravado por los recientes bombardeos sobre Irán que han motivado bloqueos y restricciones en rutas clave.
En la comparecencia posterior, Roland Lescure, ministro francés de Economía, subrayó que las potencias del septeto están dispuestas a reaccionar “de forma urgente, en el momento necesario y con todas las herramientas posibles” para estabilizar los mercados. Francia, que preside el G7 durante este semestre, ha impulsado la convocatoria de contactos sucesivos en la capital francesa para preparar las distintas hipótesis de actuación. Lescure insistió en que la intención es coordinar respuestas internacionales, sin entrar por ahora en la lista concreta de medidas a adoptar.
En la reunión de Finanzas de ayer no se alcanzó consenso para la liberación inmediata de reservas estratégicas de petróleo, una vía que ha sido tradicionalmente considerada para suavizar subidas abruptas de precios. Por ello los ministros solicitaron a la Agencia Internacional de la Energía (AIE) datos exhaustivos y actualizados sobre los flujos y las existencias, con el objetivo de tener una base objetiva para decidir si procede intervenir. La solicitud a la AIE busca disponer de cifras precisas que permitan calibrar tanto el alcance como el timing de cualquier intervención.
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Conoce más →El estrecho de Ormuz, por el que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo, se ha convertido en el epicentro del riesgo para los suministros. El cierre parcial o total de ese corredor por acciones militares o bloqueos eleva de forma inmediata el coste del transporte y tensiona los mercados. Las últimas operaciones militares y los ataques contra posiciones vinculadas a Irán han aumentado la percepción de riesgo entre los países importadores y exportadores de crudo.
Las herramientas sobre la mesa no han sido detalladas por los responsables del G7, aunque fuentes diplomáticas señalan que, además de posibles liberaciones de reservas, se barajan mecanismos de coordinación de compras y apoyo a mercados eléctricos y logísticos para mitigar cuellos de botella. Cualquier decisión, según los ministros, dependerá de los datos técnicos que proporcione la AIE y de la evolución de la situación en la región. La falta de una postura común inmediata refleja la complejidad y el coste político de mover existencias estratégicas sin un diagnóstico compartido.
La coordinación entre países con capacidades diversas —desde los grandes consumidores como Estados Unidos y Japón hasta productores y aliados europeos— será clave para que una eventual intervención tenga efecto sobre los precios. Los representantes del G7 han señalado que actúan con prudencia para evitar decisiones precipitadas que puedan desordenar aún más los mercados. A la vez, quieren enviar un mensaje de determinación para disuadir medidas que prolonguen el bloqueo del estrecho.
Además de la respuesta temporal al shock de oferta, los ministros subrayaron la necesidad de mantener abiertas vías diplomáticas para favorecer la reapertura del paso marítimo y reducir la incertidumbre estructural. Los efectos, explicaron, no se limitan al precio de la gasolina o del gasóleo, sino que alcanzan a industrias dependientes del crudo y a economías ya debilitadas por la inflación global. Por eso la estrategia del G7 combina medidas de mercado con esfuerzos políticos para restablecer la normalidad en las rutas comerciales.
Los gobiernos seguirán muy atentos a los informes de la AIE y a la evolución en el terreno antes de adoptar recursos extraordinarios, dijeron fuentes del grupo. En las próximas jornadas se esperan nuevas reuniones técnicas y contactos bilaterales para afinar alternativas, con la vista puesta en evitar una escalada de precios que tendría efectos extendidos en las economías europeas y en consumidores. Mientras tanto, la intención declarada en París es clara: mantener la puerta abierta a medidas rápidas y coordinadas si la situación lo exige.
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