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El 16% de las universitarias de Galicia ha sufrido una agresión sexual en un contexto de consumo de drogas voluntario o forzado

El 16% de las universitarias de Galicia ha sufrido una agresión sexual en un contexto de consumo de drogas voluntario o

Un estudio de la Universidade de Santiago de Compostela, presentado a comienzos de 2026, concluye que una proporción significativa del alumnado universitario de Galicia ha sido víctima de agresiones sexuales relacionadas con el consumo de alcohol u otras drogas. La investigación, que incluye más de 3.500 encuestas repartidas por los siete campus públicos de la comunidad, sitúa en torno al 16% el porcentaje de mujeres que declararon haber sufrido abusos en contextos de ocio, ya sea tras consumir por decisión propia o tras haber sido drogadas. Los autores subrayan la relación entre patrones de consumo como el botellón y el binge drinking y el aumento del riesgo de sufrir este tipo de violencia.

La cifra global de personas que afirmaron haberse aprovechado sexualmente de ellas mientras estaban bajo los efectos de alcohol u otras sustancias se sitúa en el 12,4%, aunque al desagregar por sexo los datos muestran diferencias notables: un 16,4% en mujeres frente a un 4,8% en hombres. En una versión preliminar del informe, elaborada cuando se había recogido sólo la mitad de las entrevistas, esa proporción femenina se aproximaba al 16% que ahora se cita en la comunicación pública del estudio. Los investigadores precisan que las encuestas cubrieron los siete campus públicos gallegos y buscan ofrecer una visión representativa del estudiantado adulto.

La directora del trabajo, Nuria García Couceiro, describe el fenómeno como parte de un patrón más amplio de “machismo estructural” que, según sus palabras, explica por qué la inmensa mayoría de agresores identificados son hombres. Los resultados muestran además que más del 94% de las víctimas reconocieron haber consumido alcohol antes del episodio, lo que sitúa a esta droga legal como el factor de riesgo más asociado a las situaciones descritas por las afectadas. El estudio distingue entre agresiones oportunistas, en las que la víctima ya ha bebido, y agresiones proactivas, cuando se droga a la persona con la intención de abusar de ella.

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Los testimonios recogidos y los cuestionarios describen con frecuencia despertares en los que la persona se encuentra desorientada, en una cama que no es la suya o en su propia casa pero con lesiones o dolor sin recuerdos claros de lo ocurrido. Esa sensación de vacío de memoria, y la fragmentación de los recuerdos, son rasgos comunes que complican tanto la denuncia como la recuperación psicológica. Para las investigadoras, la confluencia de consumo masivo en contextos de ocio y la persistencia de actitudes sexistas crea un escenario en el que se multiplican las oportunidades para que se produzcan estos abusos.

El informe llama a reforzar medidas de prevención dirigidas al alumnado adulto, con especial énfasis en la reducción del consumo de riesgo y en la promoción de entornos de ocio más seguros. Entre las propuestas figuran campañas informativas sobre consentimiento, protocolos claros en las terrazas y locales nocturnos, y formación específica para el personal universitario y de servicios sanitarios. Las autoras subrayan que, pese a la edad legal de la mayoría, los estudiantes siguen siendo un colectivo vulnerable frente a prácticas de excesivo consumo que facilitan la comisión de delitos sexuales.

Los datos también plantean la necesidad de mejorar los recursos de atención a las víctimas en los campus, desde atención sanitaria y psicológica hasta vías eficaces de denuncia y acompañamiento jurídico. La investigación advierte que la estigmatización y la falta de recuerdo pueden disuadir a muchas personas de buscar ayuda, por lo que facilitar procesos confidenciales y libres de revictimización es clave. Las responsables del estudio reclaman además una mayor coordinación entre universidades, servicios de salud pública y administraciones locales para diseñar respuestas integradas.

Más allá de las medidas concretas, el trabajo sitúa las agresiones por intoxicación en el marco más amplio de la violencia sexual y del sexismo estructural que atraviesa la sociedad. La prevalencia observada entre las estudiantes gallegas pone de manifiesto que no se trata de episodios aislados sino de un problema sistémico que requiere respuestas sostenidas en el tiempo. La investigadora principal insiste en que intervenir solo en hábitos de consumo sin abordar actitudes y roles de género ofrece soluciones parciales.

Los hallazgos, difundidos el 11 de marzo de 2026, plantean un desafío para las instituciones académicas y para la política pública en Galicia. La combinación de cifras preocupantes y testimonios directos obliga a pensar medidas que no solo reduzcan el riesgo inmediato, sino que transformen los entornos sociales donde se normaliza el consumo excesivo y se arropa la impunidad de los agresores. Para las autoras, la prevención efectiva pasa por conjugar educación, políticas públicas y recursos de apoyo para las víctimas, con el objetivo de que los campus dejen de ser escenarios de riesgo para tantas jóvenes.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.