Fundación Amigos de Galicia ha intensificado en 2025 la atención psicológica dirigida a niños y adolescentes de entornos vulnerables en la comunidad, tras detectar un incremento de malestares emocionales ligados a rupturas afectivas y a la precariedad económica. La entidad ha intervenido en casos de autolesiones y pensamientos suicidas en distintos puntos de Galicia, con una presencia notable en la provincia de Ourense, donde los profesionales alertan del impacto que tienen las dificultades familiares sobre el bienestar juvenil. El aumento de demandas ha obligado a reforzar los recursos de su Servicio de Psicología para responder a situaciones de alto riesgo. Las cifras, explican, ponen de relieve problemas sociales que requieren respuestas coordinadas y accesibles en el territorio.
En concreto, la Fundación registró 326 casos catalogados como de riesgo crítico en Galicia durante 2025, entre autolesiones y pensamientos suicidas, de los que 16 se localizaron en la provincia de Ourense. Además, de las 445 atenciones psicológicas que demandaron intervención intensiva en ese periodo, 80 correspondieron a la capital ourensana, O Barco de Valdeorras y O Carballiño. Aunque en términos numéricos estas cifras puedan parecer contenidas, los especialistas subrayan que cada caso representa un grado de sufrimiento y vulnerabilidad que necesita respuestas inmediatas y sostenidas.
Los profesionales del servicio advierten de que la disfuncionalidad familiar se materializa con frecuencia en el entorno escolar, donde los chicos y chicas muestran conductas depresivas, aislamiento o agresividad. Según Carla Rodríguez, psicóloga del equipo, han atendido menores que llegaron tras varios intentos de suicidio y cuya situación exigía una intervención continuada. Rodríguez recalca que la coordinación entre los profesionales sanitarios, los centros educativos y las familias es imprescindible para estabilizar a estos jóvenes y ofrecerles herramientas de afrontamiento que eviten recaídas.
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Conoce más →La detección temprana en colegios e institutos resulta, en opinión de los técnicos, una pieza clave para identificar señales de alarma, porque es allí donde los menores pasan gran parte de su tiempo y exteriorizan sus conflictos. Para la psicóloga Cristina García, los datos procedentes de encuestas y evaluaciones ponen de manifiesto una relación clara entre el malestar emocional de muchos niños y la percepción de falta de apoyo por parte de los progenitores o figuras de referencia. En numerosos casos, las limitaciones económicas y las tensiones emocionales del entorno familiar reducen la capacidad de esas figuras para acompañar adecuadamente el desarrollo de los menores.
Las intervenciones que desarrolla la Fundación combinan apoyo individual con trabajo directo sobre los vínculos familiares, la detección de factores de riesgo y el refuerzo de redes comunitarias. El objetivo es no solo atender la crisis concreta, sino proporcionar estrategias de prevención y contención que permitan a las familias sostener el proceso terapéutico. Los equipos insisten en la necesidad de continuidad en la atención para que las mejoras se mantengan y no se produzcan rupturas que agraven la vulnerabilidad de los jóvenes.
Fuentes vinculadas al ámbito educativo y social señalan que, en ocasiones, no es tanto un incremento absoluto de la violencia o el sufrimiento como una mayor visibilidad y capacidad para reconocerlo. Profesionales como educadores sociales y psicólogos coinciden en que mejorar la comprensión de estas realidades facilita una respuesta más acertada, aunque reclaman recursos adicionales para absorber la demanda. Los centros escolares, en este marco, actúan como espacios prioritarios para la detección y derivación temprana.
El mapa de atenciones en Ourense pone de manifiesto desigualdades territoriales y la necesidad de dotar a la provincia de servicios especializados accesibles. Los técnicos insisten en que la inversión en programas preventivos y en equipos multidisciplinares puede marcar la diferencia entre la escalada de una crisis y su contención. Asimismo, recuerdan que el acompañamiento a las familias, la formación del profesorado y la colaboración con los servicios sociales locales son componentes esenciales de una respuesta eficaz.
El informe de la Fundación Amigos de Galicia, hecho público este año y con datos referidos a 2025, arroja una fotografía preocupante pero también útil para orientar políticas públicas. Los responsables de los programas llaman a no subestimar las heridas emocionales que afloran en la población joven y piden una apuesta sostenida por recursos que permitan detectar y atender a tiempo situaciones que, en casos extremos, comprometen la vida de los menores. La atención temprana, concluyen, puede ser determinante para evitar tragedias y construir trayectorias de recuperación.
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