El 12 de marzo de 2026, la redactora jefa Lara Graña utilizó una escena de la película Los Santos Inocentes para denunciar la teatralidad de las visitas institucionales al sector pesquero y la industria asociada en Galicia. En su columna, publicada en Faro de Vigo, advierte de la apariencia de atención que se reduce a fotografías y promesas, mientras la flota y las fábricas afrontan un declive estructural que exige políticas concretas. El reclamo central es claro: las autoridades no deben marcharse sin enfrentarse a los problemas reales de los trabajadores y las empresas.
La imagen que abre el artículo —la marquesa que no se marcha del cortijo sin ver a los jornaleros y darles una moneda— sirve de metáfora para unas visitas que, según la autora, privilegian el gesto sobre la solución. En el puerto de Vigo, por ejemplo, la presencia de buques de Gran Sol vinculados a la ciudad se ha reducido a menos de diez unidades, y al mismo tiempo se constata la creciente influencia de Francia en las descargas y en la organización del mercado. Esa constatación, añade la columna, no debe ser motivo de nostalgia, sino de respuesta activa.
La crítica se extiende a la gestión pública y a los ritmos de la economía: la autora reprocha que se encomiende el futuro del sector a la suerte o a la voluntad divina, en vez de diseñar políticas industriales y de pesca que afronten la modernización, la competitividad y la sostenibilidad. El argumento central es que las fotografías en subastas o en muelles sirven para la escena, pero no sustituyen inversiones en transformación, en relevo generacional ni en planes de internacionalización que den estabilidad a la actividad.
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Conoce más →En su texto, Lara Graña lamenta la ausencia de voces que pugnan por un modelo distinto y recuerda figuras del sector y la cultura que podrían haber aportado perspectiva sobre la decadencia de algunas actividades tradicionales. Menciona el deseo de conversar con gestores y expertos para entender mejor las causas y las soluciones, y alude expresamente a personas vinculadas al mundo de la pesca y la economía local que han defendido durante años otra hoja de ruta. Ese vacío de diálogo es presentado como parte del problema.
Entre los nombres que aparecen, la columna cita a referentes que representan el conocimiento acumulado de la industria: José Fernández, Alfonso Paz-Andrade, José Pereira y Ramiro Gordejuela son evocados como interlocutores a los que hubiera sido útil escuchar antes de que la actividad se debilite. La autora no pretende reproducir sus posiciones textualmente, sino subrayar que la experiencia y las propuestas de este ecosistema profesional deberían ser parte central de cualquier estrategia pública o privada.
También se señala que, pese al contexto adverso, no faltan iniciativas empresariales que buscan crecer mediante planes orgánicos e inorgánicos; algunos proyectos de transformación alimentaria se siguen planteando, incluso fuera de Galicia, en el sur de la península. En este sentido la autora pone el foco en la compañía Pevasa, que aparece en el artículo como objeto de interés de compradores foráneos, un ejemplo de cómo el valor industrial atrae propuestas que pueden reconfigurar el mapa productivo.
La tesis que recorre la columna es que la repetición de gestos institucionales terminará por dejarnos solo con recuerdos, y que el relato heroico del esfuerzo no construye futuro por sí mismo. Frente a eso, propone convertir la atención mediática en compromisos duraderos: medidas de política pesquera, incentivos a la transformación industrial, programas formativos y una mirada estratégica que integre puertos, lonjas y plantas de procesado. Sin esas decisiones, advierte, la nostalgia será el único patrimonio tangible.
El llamado final del texto es a la responsabilidad: que las autoridades, los empresarios y la sociedad no se conformen con asistir al espectáculo de la visita y a la foto con los trabajadores. Si no hay voluntad de actuar, concluye la autora, llegará el día en que la visita será a lo que ya no exista. Por eso, ironiza pero exige, «no me iré sin verlos»: la frase resume la demanda de que la atención se traduzca en políticas y recursos que garanticen la continuidad de una actividad esencial para Galicia.
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