El Concello de Ourense aparece en el ranking de capitales más morosas de la Agencia Tributaria, según un artículo de opinión publicado el 13 de marzo de 2026 en La Región. El señalamiento, firmado por Xaime Calviño, sostiene que los impagos municipales están afectando a servicios básicos y a empresas contratistas en la ciudad. La situación ha obligado a paralizar obras y a poner en riesgo ingresos de comerciantes y autónomos. El choque resulta especialmente llamativo en una provincia que, por otro lado, figura entre las más ahorradoras de España.
La crítica subraya que Ourense comparte la cabeza del listado de deudores con Jaén, un dato que sorprende por el contraste con el perfil de sus habitantes, que acostumbran a mantener altos saldos en cuentas corrientes y depósitos. Según el mismo artículo, la media por persona en la provincia alcanza los 33.094 euros, posicionando a Ourense entre las provincias con mayor ahorro por habitante. Ese ahorro privado contrasta con la morosidad municipal, que tiene efectos tangibles en la ejecución de políticas y obras públicas.
La paralización de la reforma de la avenida de Portugal, a cargo de la empresa Opain, figura como uno de los ejemplos más visibles de las consecuencias prácticas de los impagos. La demora en las obras alarga las molestias para vecinos y comerciantes, reduce el flujo de clientes y aumenta el coste social del proyecto. Comerciantes de la zona, así como de calles próximas como Pena Trevinca, han reclamado bonificaciones fiscales ante la pérdida de actividad, una petición que pone de manifiesto la sensación de emergencia económica local.
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Conoce más →Más allá de las obras, la morosidad interpela a los servicios públicos y a los trabajadores dependientes del erario local. Bomberos, policías y funcionarios municipales figuran entre los colectivos perjudicados por la falta de liquidez en las arcas del Concello, según el texto de opinión. Asimismo, autónomos y pequeñas empresas que mantienen contratos con el Ayuntamiento sufren retrasos en los cobros que dificultan su continuidad. El círculo vicioso que describe la pieza preocupa por su potencial efecto en la confianza empresarial.
Otro efecto descrito es la merma de competencia en los concursos públicos: algunos procesos se quedan desiertos o solo reciben una o dos ofertas, con lo que la adjudicación tiende a concentrarse en las mismas compañías. Esa menor concurrencia encarece eventualmente los proyectos y puede afectar la calidad de las propuestas, advierten quienes siguen de cerca la contratación pública. La situación abre además dudas sobre la transparencia y la eficacia de la gestión municipal a la hora de convocar y ejecutar contratos.
La cuestión política sube de tono en la columna de opinión al preguntarse si el gobierno municipal actual representa los intereses de la ciudadanía ourensana. La pieza insiste en el contraste entre la prudencia financiera atribuida al ciudadano medio y la aparente falta de control sobre las cuentas públicas. Sin señalar personas concretas ni formaciones políticas, el autor coloca la responsabilidad en el ejecutivo local y reclama explicaciones y medidas correctoras.
Desde la perspectiva económica, especialistas consultados en el entorno de la noticia señalan que la acumulación de pagos pendientes puede comprometer inversiones futuras y la capacidad de cofinanciación de proyectos europeos o autonómicos. Además, la imagen de una capital con problemas de liquidez puede erosionar la confianza de inversores y de las propias empresas que operan en la zona. Recuperar la solvencia municipal se presenta como un paso necesario para evitar un impacto duradero en el tejido productivo ourensano.
En el plano local, comerciantes y vecinos exigen soluciones inmediatas: aceleración de los pagos, negociación de calendarios de liquidación con los proveedores y medidas de apoyo para los afectados por obras paralizadas. Al tiempo, algunos técnicos municipales subrayan que existen procedimientos administrativos y legales que permiten reordenar pagos, si bien su aplicación requiere voluntad política y, en ocasiones, respaldo de otras administraciones. La tensión entre lo técnico y lo político marca por ahora el debate en Ourense.
La advertencia de La Región y las preguntas lanzadas en su tribuna alimentan un debate más amplio sobre la gestión de las finanzas públicas en municipios con elevado ahorro privado pero problemas de liquidez. Para muchos ciudadanos, la prioridad inmediata es que las obras se reanuden, que los empleados y contratistas cobren y que el Concello recupere una gestión que permita conciliar el prestigio termal de la ciudad con una administración solvente. Las próximas semanas serán decisivas para ver si esas demandas se traducen en medidas concretas.
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