Israel planea una invasión masiva del sur del Líbano para expulsar a las fuerzas de Hizbulá y destruir sus posiciones, según informaron este sábado fuentes estadounidenses e israelíes al portal Axios; el plan contempla tomar el control de todo el territorio al sur del río Litani tras una escalada de ataques nocturnos que han tensionado la frontera norte. El objetivo declarado por responsables citados por Axios es empujar a la milicia hacia el norte, desmantelar depósitos de armas y eliminar la capacidad ofensiva de la organización en las aldeas fronterizas. La decisión se produce después de que Hizbulá lanzara más de 200 proyectiles contra el norte de Israel en una noche de intensos bombardeos, sin víctimas mortales, pero con daños en áreas residenciales. De confirmarse la operación terrestre, sería la mayor intervención de este tipo en el sur del Líbano desde la guerra de 2006.
Las autoridades israelíes han comenzado a reforzar su presencia en la frontera norte y a movilizar a reservistas, según fuentes militares citadas en el informe. Ya se han emitido órdenes de evacuación en amplias zonas del sur del Líbano y, por primera vez desde el inicio de los combates, también en localidades situadas al norte del río Litani, lo que denota la ampliación del ámbito de riesgo para la población civil. El despliegue de tropas y la preparación de un eventual avance terrestre se producen en paralelo a la intensificación de los ataques aéreos que Israel inició el 2 de marzo, en una campaña que se ha cobrado numerosas víctimas.
El líder de Hizbulá, Naim Qassem, declaró que sus filas están preparadas para repeler cualquier intento de entrada israelí en el sur libanés y defendió que sus acciones responden a la defensa del Líbano, no a intereses de terceros. Desde la organización se asegura que mantendrán capacidad de respuesta frente a las operaciones israelíes, una advertencia que aumenta el riesgo de una confrontación prolongada y de mayor escala. Observadores y analistas han advertido de que un asalto terrestre podría disparar las bajas militares y civiles y complicar aún más la ya tensa situación regional.
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Conoce más →El origen inmediato de la nueva ola de hostilidades, según las fuentes citadas, fue un ataque de Hizbulá en respuesta al asesinato del entonces líder supremo iraní Ali Jameneí, incidente que elevó la tensión entre las facciones alineadas con Teherán y las fuerzas israelíes. Irán es considerado el principal patrocinador y suministrador de la milicia libanesa, y su implicación indirecta ha sido mencionada por gobiernos occidentales como un factor que puede condicionar la evolución del conflicto. La posibilidad de que el enfrentamiento se convierta en un conflicto regional provoca inquietud en capitales europeas y en Washington.
La campaña israelí contra el Líbano ya ha dejado, según el recuento facilitado por fuentes oficiales citadas en la información, aproximadamente 773 muertos y 1.933 heridos desde el inicio de los ataques aéreos hace doce días. Además, la Organización Internacional para las Migraciones ha estimado que casi un millón de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares por la escalada de las hostilidades en el Líbano, y ha solicitado 19 millones de dólares para ampliar la respuesta humanitaria ante este éxodo interno. La grave dimensión humanitaria complica cualquier opción militar y plantea urgentes necesidades de asistencia en las zonas desplazadas.
En Israel, la movilización de reservistas y el envío de refuerzos a la frontera norte obedecen a una estrategia destinada a asegurar flancos y preparar una posible operación terrestre de gran alcance. Mandos militares citados por medios internacionales explican que tomar el control de la franja al sur del Litani permitiría crear una zona tampón y neutralizar la presencia armada de Hizbulá en localidades que, hasta ahora, han servido de base para lanzamientos de proyectiles. No obstante, la ejecución de una invasión a gran escala implicaría enfrentamientos en zonas pobladas y una campaña prolongada para asegurar y sostener el territorio.
La comunidad internacional observa con preocupación el aumento de la violencia y la posibilidad de una ofensiva terrestre que podría reactivar un conflicto abierto entre Israel y el Líbano similar al de 2006. Naciones Unidas y organizaciones humanitarias han alertado del impacto sobre civiles y han pedido contención y espacios de protección para la población desplazada. A la espera de nuevas confirmaciones oficiales por parte de Jerusalem, la región se prepara para una fase más peligrosa de la confrontación, con riesgos significativos para la estabilidad regional y para la vida de miles de civiles atrapados en las zonas fronterizas.
Mientras tanto, las autoridades libanesas y actores internacionales estudian vías para mitigar la crisis humanitaria y evitar una escalada descontrolada. Las negociaciones diplomáticas, sin embargo, se enfrentan a la complejidad del conflicto y a la multiplicidad de actores implicados, con Teherán, Beirut y Jerusalem jugando papeles determinantes. La posibilidad de que Israel lance la mayor invasión terrestre en el sur del Líbano desde 2006 plantea un escenario que podría transformar la actual espiral de ataques en una guerra con consecuencias duraderas para todo Oriente Próximo.
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