Un equipo del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS) y el Centro Asistencial de Drogodependencias de Vigo (Cedro), dirigido por el neurocientífico Carlos Spuch, ha mostrado que un programa digital de entrenamiento emocional mejora habilidades sociales en personas con trastorno por consumo de sustancias. El ensayo, realizado entre 15 centros de toda España con 47 participantes y publicado recientemente en la revista Drug and Alcohol Dependence, busca reducir el riesgo de recaída a través de una mejor adaptación social. Los investigadores sostienen que intervenir sobre la llamada cognición social puede facilitar la reinserción y la vida en comunidad de quienes padecen adicciones. El estudio se presenta como uno de los mayores realizados hasta la fecha en este campo.
La cognición social agrupa procesos mentales como la percepción, la interpretación y el recuerdo que permiten a una persona captar las emociones, intenciones y comportamientos de los demás. Según los autores, estas funciones son esenciales para la interacción cotidiana y para mantener relaciones estables. En el contexto de la adicción, estos mecanismos suelen estar alterados, lo que complica tanto la comunicación como la toma de decisiones sociales y puede favorecer el aislamiento. Abordar esas dificultades, sostienen los investigadores, es clave para mejorar el pronóstico clínico.
El ensayo utilizó un software de adiestramiento cognitivo enfocado en el reconocimiento y la gestión de expresiones faciales y estados emocionales. Tras completar el programa, los participantes mostraron mejoras significativas en su capacidad para identificar emociones básicas como la alegría, el miedo o la tristeza, según los resultados publicados. Los autores defienden que esas ganancias en la percepción emocional se traducen en una mayor facilidad para interpretar intenciones ajenas y responder de forma más adaptativa en situaciones sociales. El diseño multicéntrico aporta peso a las conclusiones, aunque los investigadores inciden en que se trata de un piloto.
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Conoce más →Los resultados del trabajo han sido valorados como una prueba de concepto de que «el cerebro social» no es inmutable: mediante ejercicios estructurados y repetidos se pueden fortalecer circuitos vinculados a la comprensión emocional. Adolfo Piñón Blanco y Esperanza Vergara Moragues, dos de los coautores del estudio, explican que el objetivo no es sustituir los tratamientos convencionales sino complementarlos. En su opinión, mejorar la competencia social facilita la adherencia a la terapia y reduce factores que suelen preceder a la recaída, como el conflicto interpersonal o la exclusión social. La intervención digital, además, permite una aplicación estandarizada y replicable en distintos centros.
El trabajo retoma y amplia hallazgos previos del grupo, que en un estudio anterior con usuarios de centros portugueses detectaron importantes déficits en estas habilidades: aproximadamente el 70% presentaba dificultades para reconocer y procesar emociones en rostros. Ese dato puso de manifiesto la magnitud del problema y motivó el diseño de un programa de entrenamiento específico. Los investigadores subrayan que esas carencias no solo afectan a la esfera afectiva, sino que también condicionan el acceso al empleo, la vivienda y las redes de apoyo. Por eso consideran que intervenír tempranamente puede tener efectos amplios sobre la calidad de vida.
Desde la perspectiva clínica, los autores plantean que incorporar ejercicios de cognición social a los itinerarios terapéuticos podría reducir las recaídas y mejorar la reinserción social de los pacientes. La herramienta digital empleada permite medir cambios objetivos en tareas estandarizadas, lo que facilita evaluar su impacto en distintos grupos y escenarios. Sin embargo, los investigadores advierten de que es necesario comprobar la durabilidad de las mejoras y su traducción en resultados funcionales a largo plazo. Asimismo, plantean explorar combinaciones con intervenciones psicoterapéuticas y farmacológicas.
El estudio, aunque prometedor, tiene limitaciones propias de un ensayo piloto: la muestra es reducida y los participantes provienen de entornos con protocolos de atención variados. Los autores proponen ampliar la muestra y prolongar el seguimiento para confirmar si las ganancias observadas se mantienen y si se reflejan en menos episodios de consumo. También plantean adaptar y personalizar los estímulos del entrenamiento para atender diferencias individuales en gravedad y comorbilidad psiquiátrica. Estas futuras fases pretenden convertir la intervención en una herramienta práctica para servicios de adicciones.
Para Galicia y el sistema de salud español, la investigación abre una vía complementaria a los programas tradicionales de desintoxicación y rehabilitación. Los responsables del IISGS y Cedro esperan que este enfoque digital se incorpore progresivamente a la oferta terapéutica en centros de atención a la dependencia, mejorando la integración social de pacientes y reduciendo costes asociados a recaídas. Mientras avanzan las investigaciones, el mensaje central del equipo es claro: entrenar la habilidad para entender a los demás puede ser una pieza clave en la recuperación de las personas con adicción.
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