En España, la figura paterna ha dejado de ser únicamente el sostén económico y se ha convertido en un actor activo de la crianza en las últimas décadas. Este cambio, impulsado desde finales de los años ochenta por la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral y la transformación de los valores sociales, se hace visible en el Día del Padre, el 19 de marzo de 2026. En Galicia y en el resto del país, los hombres participan más en los cuidados cotidianos, aunque persisten desigualdades en la gestión del hogar y en responsabilidades familiares clave.
El proceso de modificación del rol paterno no fue inmediato, sino gradual y ligado a profundas transformaciones sociales. Según el sociólogo José Durán, de la Universidad de Vigo, la mayor presencia femenina en el empleo y el relevo generacional han favorecido una paternidad más cercana y emocional. Ese tránsito ha desplazado la imagen del padre ausente dedicado solo al trabajo hacia otro más implicado en la vida familiar.
En la práctica, la implicación masculina se traduce en tareas cotidianas: dar de comer al bebé, cambiar pañales o atender enfermedades leves. Sin embargo, los estudios citados por Durán muestran que las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de la organización doméstica, la planificación de horarios y las gestiones relacionadas con la escuela.
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Conoce más →Un cambio cultural con límites
«El padre ya no solo lleva el sustento a casa; hoy participa, siente y educa junto a sus hijos»
El sociólogo subraya que el nuevo modelo no elimina las tensiones. La mayor cercanía emocional exige redefinir la autoridad parental y la manera en que se transmiten normas y hábitos. En muchas familias conviven el afecto y la necesidad de imponer límites claros, una combinación que no siempre resulta sencilla.
«Sin afecto no se puede educar, pero solo con afecto tampoco; hacen falta reglas claras que guíen a los hijos»
Las generaciones que hoy son padres suelen tener más formación académica que las anteriores y valoran la realización personal y la búsqueda de la felicidad individual. Esa prioridad por el desarrollo personal modifica las metas educativas transmitidas a los hijos, pero también provoca inseguridad a la hora de tomar decisiones sobre la crianza.
Relatos cotidianos: padres que asumen el cambio
Un ejemplo práctico es el de Pedro Pérez, de Ourense, fisioterapeuta y padre de dos niñas, de 5 y 2 años. Trabaja por cuenta propia y reconoce que la llegada de sus hijas le obligó a reorganizar horarios y responsabilidades. Participa activamente en las rutinas diarias y busca un equilibrio entre trabajo y familia.
«No existe un manual único para hacerlo bien; cada familia actúa según sus valores y circunstancias»
Pérez representa a un perfil creciente de hombres que asumen tareas de cuidado por convicción y necesidad. Aun así, admite que, en su entorno, las decisiones sobre la educación o la logística del hogar recaen con mayor frecuencia en las madres, lo que evidencia que la corresponsabilidad aún no es plena.
La mayor implicación paterna también ha transformado la relación afectiva entre padres e hijos. La presencia cotidiana favorece vínculos más estrechos y una mayor comunicación, pero plantea el reto de combinar afecto con normas consistentes para el desarrollo de los menores.
En el plano público, este cambio exige políticas y medidas que faciliten la implicación masculina sin penalizar la carrera profesional. Medidas como permisos de paternidad más amplios y flexibles, horarios laborales adaptables y servicios de conciliación accesibles se consideran claves para que la corresponsabilidad se normalice.
Además, la transformación cultural precisa de modelos masculinos visibles que normalicen el cuidado y de campañas educativas que fomenten la corresponsabilidad desde la escuela y los medios. Sin esos elementos, la evolución será parcial y desigual entre regiones y niveles socioeconómicos.
En suma, el padre actual en España y en Galicia ha avanzado desde el papel de proveedor hacia una presencia más activa y emocional en la crianza. No obstante, la igualdad real en las tareas y decisiones domésticas sigue siendo una asignatura pendiente que reclama cambios estructurales y culturales para consolidar una paternidad plenamente corresponsable.
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