Las últimas imágenes aéreas difundidas el 15 de marzo de 2026 muestran que las obras de la Variante Norte de ourense avanzan de forma parcial: apenas hay movimiento de tierras en un tramo inicial y buena parte del recorrido proyectado solo figura en los planos. El tramo visible arranca en Quintela y debería desviar tráfico de la ciudad, pero, al estar incompleto, su utilidad práctica queda limitada. Las fotografías tomadas por dron evidencian una obra a medias que deja en el aire los principales objetivos urbanísticos y viarios.
El material aéreo recoge aproximadamente dos kilómetros de trabajos de desmonte y acondicionamiento, mientras que el resto del trazado continúa en fase de proyecto. Según la documentación que acompaña al proyecto, la variante contempla túneles, viaductos y nuevas rotondas que conectarían con las principales vías de la provincia. En ese esquema se incluye también la posibilidad de liberar la ribera del río Miño para un paseo termal en el casco urbano.
La ejecución parcial preocupa a técnicos y vecinos, porque el tramo en obras no resuelve los cuellos de botella actuales ni permite la puesta en marcha de las actuaciones complementarias previstas. Estudios previos del proyecto estimaban que por la vía circularían más de 5.000 vehículos diarios, una cifra que justificaría las intervenciones, pero que solo se alcanzará si se completan los tramos pendientes. Mientras tanto, las zonas de conexión quedan condicionadas y las expectativas de regeneración urbana permanecen en suspenso.
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Conoce más →Estado actual de los trabajos y puntos clave del trazado
En el extremo occidental del proyecto, los planos sitúan la salida de un túnel cerca de los depósitos de agua y de la zona deportiva de As Eiroás. A partir de ahí, el recorrido proyectado se dirige hacia A Casilla, donde está prevista una nueva rotonda para enlazar con la N-120, la N-525 y la futura A-56. En las imágenes todavía no se aprecia ninguna infraestructura construida en ese punto que permita cerrar el anillo.
Más adelante, el proyecto contempla que desde Tarascón la carretera se abra paso mediante una red de túneles y viaductos para salvar la orografía y el núcleo urbano. El trazado también prevé llegar hasta las proximidades del trazado del AVE y conectar con la A-52, ganando altura para salvar el polígono de Quintela, la N-120 y la vía del tren convencional. Esas obras de envergadura explican en parte la lentitud del avance.
La variante incluye además medidas para descongestionar la ribera del Miño: la liberación de la N-120 en sentido Ourense habilitaría la creación de un bulevar termal, aunque la demolición del centro de interpretación necesario para ese paseo sigue pendiente de decisión administrativa. El acceso desde la A-52, a la altura de Outariz, se plantea con un tramo limitado a 80 km/h, y las imágenes aéreas muestran el punto de incorporación que sustituiría al actual desdoble de la N-120.
Impacto previsto y retos por delante
En conjunto, la Variante Norte tiene el potencial de descongestionar la ciudad y de habilitar actuaciones urbanísticas en la ribera, pero su efecto real dependerá de la continuidad de las obras. Un tramo inconexo puede incluso generar nuevos atascos si el tráfico se desvía parcialmente sin completarse las conexiones necesarias. La coherencia entre fases de obra es, por tanto, clave para no comprometer las mejoras prometidas.
El diseño plantea retos técnicos relevantes: la necesidad de túneles y viaductos incrementa costes y plazos, y la coordinación con otras infraestructuras —como la futura A-56 y las líneas ferroviarias— condicionará su ejecución. Además, la financiación y la calendarización de las intervenciones son variables que siguen sin concretarse públicamente, según se aprecia en la documentación y en las imágenes recientes.
Para los responsables municipales y autonómicos, completar la Variante Norte es además una condición para desbloquear proyectos de regeneración urbana ligados a la ribera termal. Sin la culminación de los tramos pendientes, los objetivos ambientales, paisajísticos y de movilidad seguirán en el papel, a la espera de partidas presupuestarias y decisiones administrativas que no han quedado claras en las últimas campañas informativas.
Las fotografías tomadas por dron dejan una imagen nítida: el proyecto existe en el terreno en su inicio, pero una parte sustancial del trazado sigue siendo, por ahora, un dibujo sobre el plano. Hasta que no se concrete un calendario de ejecución global y se asegure la financiación de las secciones críticas, los beneficios anunciados permanecerán condicionados a la finalización integral de la obra.
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