La socióloga Andrea García-Santesmases publica en marzo de 2026 el ensayo «Un nuevo contrato sexual» (Ariel), en el que examina el aumento del consumo de servicios eróticos por parte de mujeres y la transformación del deseo femenino en España. La autora, profesora en la UNED, conecta ese fenómeno con la expansión de aplicaciones de citas, la comercialización del placer y cambios generacionales en las actitudes hacia el feminismo. El libro analiza también prácticas como el consumo de juguetes sexuales, la demanda de acompañantes masculinos y el crecimiento de cirugías estéticas relacionadas con la sexualidad.
García-Santesmases parte de la observación de un mercado en expansión y de encuestas que muestran retrocesos en el apoyo a propuestas feministas entre la juventud. Su tesis central plantea que no siempre la visibilidad o la imitación de prácticas tradicionalmente masculinas equivalen a mayor igualdad. En su investigación incorpora entrevistas con gigolós y profesionales del sector para comprender qué buscan las mujeres en esos servicios.
La autora distingue entre dos sentidos del «nuevo contrato sexual»: el que ya impera —marcado por la serialización de parejas y la lógica del mercado— y el que podría surgir en el futuro si se materializan distintas alternativas de deseo y negociación afectiva. El libro indaga tanto en la experiencia individual como en las transformaciones sociales que la enmarcan.
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En los últimos años han proliferado negocios orientados al placer femenino: desde tiendas y marcas de juguetes hasta clínicas que ofrecen procedimientos estéticos vinculados a la sexualidad, como el rejuvenecimiento vaginal. Ese coste de acceso al «placer» convierte prácticas íntimas en objetos de consumo y plantea preguntas sobre autonomía real y desigualdad.
García-Santesmases recoge testimonios que señalan distintos motivos para contratar servicios eróticos: curiosidad, búsqueda de experiencia, reparación emocional o deseo de asumir roles distintos fuera de la pareja habitual. También documenta cómo la oferta se adapta a una clientela más diversa y reclama profesionalización y garantías.
«Lo que muchas veces se presenta como liberación sexual puede estar reproduciendo pautas masculinas tradicionales en lugar de suponer una verdadera igualdad»
La autora alerta de que la convergencia en prácticas sexuales no es sinónimo automático de equidad. En su análisis, la aparición de modelos de consumo sexual que emulan patrones masculinos puede reforzar estereotipos y desigualdades, incluso cuando aparecen bajo la etiqueta de empoderamiento.
Tensiones generacionales y retrocesos en el feminismo
Los datos aportados en el ensayo incorporan resultados recientes que evidencian un descenso del respaldo al feminismo entre los más jóvenes. Según una encuesta de la Fundación Fad Juventud de 2025, solo el 38,4% de las personas de 15 a 29 años se identificaba como feminista a escala general. Entre las jóvenes la cifra era mayor, un 51,3%, pero supone un descenso notable respecto al 67,1% registrado en 2021.
Para García-Santesmases, ese retroceso no es aislado: se inscribe en un contexto donde los discursos neoconservadores recuperan atractivo y donde algunos sectores evocan el pasado como una época de mayor seguridad y valoración femenina. Esa narrativa puede coexistir con comportamientos modernos en la esfera privada, generando contradicciones.
El ensayo también aborda la influencia de las aplicaciones de citas en la configuración de expectativas y prácticas sexuales. La autora critica la equiparación automática entre menudeo de parejas o experiencias y un supuesto avance en la igualdad, cuando en muchos casos se reproducen dinámicas de poder tradicionales.
Además de análisis sociológico, el libro propone preguntas éticas y políticas: cómo garantizar derechos laborales y sanitarios en una industria en expansión, qué apoyo ofrecer a mujeres que recurren a esos servicios por necesidades afectivas o económicas y cómo articular discursos feministas que combatan la mercantilización del deseo sin estigmatizar las elecciones individuales.
Con su mirada interdisciplinar, García-Santesmases invita a replantear lo que se entiende por emancipación sexual y sugiere que el «nuevo contrato» aún está en disputa. El desafío, sostiene, es construir formas de deseo y relación que no se limitan a reproducir viejos modelos sino que incorporen justicia y reciprocidad.
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