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Las plantas pueden llevar la cuenta de eventos ambientales, según un estudio sobre Mimosa pudica

Las plantas pueden llevar la cuenta de eventos ambientales, según un estudio sobre Mimosa pudica

Investigadores del Centro Científico Integrado de William & Mary sostienen que la planta Mimosa pudica muestra una capacidad para rastrear la cantidad de episodios de luz que experimenta, un proceso que los autores comparan con una forma básica de “enumeración”. El hallazgo, publicado en 2026 en la revista Cognitive Science, no apunta a un conteo numérico consciente, sino a un cómputo funcional que ajusta la conducta de la planta ante repetidas condiciones ambientales. El trabajo plantea límites en cómo estos tejidos sin neuronas codifican memoria y anticipación, con implicaciones para entender el aprendizaje fuera del sistema nervioso.

El experimento expuso a ejemplares de Mimosa pudica a ciclos repetidos de luz parcial durante dos días seguidos y un tercer día en completa oscuridad. Tras varias repeticiones, las hojas de las plantas movieron más sus láminas en las horas previas a la aparición de luz cuando el patrón era predecible. Ese patrón de respuesta siguió una curva que, según los autores, recuerda a la dinámica de aprendizaje observada en animales: un cambio rápido al inicio que se estabiliza con el tiempo.

Para probar que no se trataba simplemente de un reloj circadiano ampliado, los investigadores variaron la duración de los “días” experimentales entre 10 y 32 horas. El efecto persistió solamente cuando los ciclos oscilaban entre las 12 y las 24 horas; fuera de ese intervalo la pauta desapareció. Esa dependencia sugiere que la planta responde al número de eventos de iluminación dentro de una ventana temporal concreta más que a un registro continuo del tiempo.

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Método y resultados clave

El estudio, firmado por Peter M. Vishton y Paige J. Bartosh, aplicó repeticiones controladas de ciclos luminosos y analizó el movimiento foliar y los patrones de anticipación. Los autores interpretan que la planta no “piensa” en números como los humanos, sino que integra experiencias repetidas para optimizar su comportamiento ante condiciones previsibles. Esta forma de cómputo, según afirman, opera sin neuronas y cumple una función adaptativa clara: prever la llegada de luz para maximizar la actividad fotosintética o proteger estructuras en momentos adversos.

Los datos se ajustaron mejor a una curva logarítmica de aprendizaje, con una respuesta rápida al inicio que disminuye en magnitud a medida que se acumulan repeticiones. Ese perfil es común en estudios de aprendizaje animal y, en opinión de los autores, refuerza la idea de un mecanismo de «conteo funcional» y no un mero reflejo inmutable. Además, la frontera temporal de 12–24 horas sugiere que la memoria operativa de la planta tiene límites definidos.

Implicaciones y debates

Si tejidos sin neuronas pueden codificar procesos semejantes a la enumeración, la investigación abre interrogantes sobre la extensión del aprendizaje biológico más allá de los sistemas nerviosos tradicionales. Los autores proponen que otras células no neuronales en animales y humanos podrían también participar en formas simples de aprendizaje aún no reconocidas. Esa hipótesis, de ser confirmada, obligaría a replantear nociones clásicas sobre la exclusividad del cerebro en la adquisición de información repetitiva.

Los investigadores advierten, no obstante, sobre el alcance de sus conclusiones: no se trata de atribuir lenguaje interno o conciencia numérica a las plantas, sino de identificar una estrategia adaptativa que cuantifica eventos ambientales. En su artículo, los autores subrayan la distinción entre conteo cognitivo y mecanismos funcionales de integración de estímulos.

El trabajo cita el artículo “Can Mimosa pudica Plants Enumerate Light Exposure Events?” publicado en Cognitive Science (2026) con DOI https://doi.org/10.1111/cogs.70161. Los datos y los protocolos experimentales permitirán a otros equipos reproducir y extender los hallazgos, una condición necesaria para consolidar la interpretación propuesta.

En términos prácticos, comprender cómo las plantas integran series de estímulos podría influir en la agricultura y el diseño de sistemas de cultivo que exploten ritmos previsibles de luz y oscuridad. Además, el hallazgo impulsa investigaciones básicas sobre la biología de la memoria y la respuesta adaptativa en organismos sin sistema nervioso central, un terreno que promete sorpresas y debate entre biólogos, neurocientíficos y filósofos de la mente.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.