En pleno latido de las rías, la pesca artesanal de Galicia comienza a incorporar herramientas propias del siglo XXI: drones submarinos, inteligencia artificial y procesos de biorrefinería. Dos proyectos del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC que concluyeron este año —Perizia y Gelfish— han mostrado que la sostenibilidad ya no es solo una cuestión de vedas y cuotas, sino también de ciencia aplicada que aporta datos, valor añadido y oportunidades económicas para las cofradías.
De las cámaras 4K al mapa de erizos
Perizia puso el foco en el erizo de mar, una especie de relevancia tanto ecológica como comercial en nuestras rías. El equipo del IIM desplegó un ROV equipado con cámaras 4K, iluminación reforzada para aguas turbias, láseres métricos y sensores de posicionamiento. En total se realizaron 19 salidas de campo en zonas seleccionadas por las cofradías de Vigo, Aguiño, Baiona y Cangas, y el material submarino permitió entrenar algoritmos capaces de detectar y contar erizos automáticamente.
La novedad no es solo la captura de imágenes, sino la transformación de esos vídeos en estimaciones de densidad por metro cuadrado y en mapas geoespaciales que pueden cruzarse con datos pesqueros y ambientales. Esa información facilitará a las cofradías y a las autoridades la toma de decisiones más precisas sobre aprovechamiento y conservación, desde zonificaciones hasta medidas temporales que eviten la sobreexplotación.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Según fuentes del propio instituto, el sistema de detección automática reduce el sesgo humano en censos y acelera el trabajo de campo, lo que encaja con la demanda de las gentes del mar, que necesitan protocolos ágiles y fiables para compatibilizar pesca y recuperación de hábitats. No es la primera vez que la tecnología entra en el litoral gallego, pero sí que se integran aquí varias capacidades —visión, posicionamiento y visualización inmersiva— que elevan el potencial de gestión.
«Recibir datos fiables sobre densidades y distribución nos permite planificar recogidas y vedas con criterios científicos, y eso repercute en la sostenibilidad y en el bolsillo del pescador», explican fuentes del IIM-CSIC.
Convertir descartes en recursos: el valor añadido de Gelfish
Gelfish afrontó otro reto tradicional: el escaso aprovechamiento de los descartes y subproductos de la pesca artesanal. Trabajando con la flota de cerco de Portosín y especies como el cabalón, la caballa, la sardina y la boga, el proyecto desarrolló procesos para convertir biomasa sobrante en productos comercializables: aceites estructurados, pasta de pescado, hidrolizados proteicos y fracciones minerales.
Los ensayos alcanzaron cifras llamativas: se recuperó entre un 53% y un 59% de pasta de pescado a partir de los subproductos, y los aceites obtenidos mostraron altos contenidos de omega-3 con niveles de metales pesados muy por debajo de los límites legales. Un avance relevante fue la formulación de oleogeles que permiten dar textura y estabilidad a esos aceites sin someterlos a altas temperaturas, preservando sus propiedades nutricionales y abriendo vías hacia aplicaciones alimentarias, nutracéuticas o para piensos.
Más allá de las cifras, el mensaje es claro: lo que antes iba a ser descartado puede convertirse en ingresos para las cofradías y en materia prima para cadenas de valor locales. La estrategia encaja con la economía azul que Galicia lleva años reivindicando, donde la circularidad y la diversificación de productos son claves para mantener empleo en el litoral.
Un marco de impulso y preguntas pendientes
Ambos proyectos comenzaron en julio de 2024 y recibieron financiación del Programa Pleamar, con apoyo de la Fundación Biodiversidad y del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (Fempa). Esa conjunción de fondos europeos y estructura investigadora no es casual: muestra la apuesta por transformar conocimiento en herramientas que lleguen a la mar y a la lonja.
Sin embargo, la adopción generalizada exige pasos adicionales. La tecnología del ROV y la IA necesita ser transferida con formación a las cofradías; los procesos de biorrefinería precisan escalado y controles de trazabilidad y seguridad alimentaria; y hará falta apoyo para que pequeñas organizaciones de la pesca artesanal integren nuevos nichos de mercado. Aquí entran políticas públicas, empresas locales y cadenas comerciales dispuestas a incorporar productos con sello de pesca sostenible.
En comunidades pesqueras como las de la ría de Arousa o la de Vigo, donde la convivencia entre pesca, marisqueo y ocio es compleja, el valor de contar con datos precisos y de añadir valor a descartes tiene un doble efecto: ambiental y económico. Cabe recordar que las rías gallegas han sufrido episodios de presión pesquera y cambios en la estructura de las flotas; iniciativas como Perizia y Gelfish ofrecen alternativas para recuperar resiliencia.
Quedan por resolver cuestiones regulatorias: cómo articular incentivos para que los descartes se transformen de forma local, qué certificados o garantías exigir para introducir aceites estructurados en la cadena alimentaria y cómo compatibilizar los nuevos productos con la demanda actual del mercado. A falta de confirmación oficial sobre planes de implantación, las cofradías ya muestran interés por integrar drones y sistemas de monitorización en sus rutinas, lo que anticipa una adopción gradual.
La pesca gallega ha sido siempre una combinación de oficio, conocimiento local y adaptabilidad. Lo que proponen ahora estas investigaciones es añadir a esa mezcla la rigurosidad científica y la innovación tecnológica, sin desatender la escala humana: pequeñas plantas de biorrefinería ligadas a puertos, técnicos locales formados en IA y protocolos sencillos de seguimiento. Si se consigue esa convergencia, la denominada economía azul podrá traducirse en empleo más estable y en una pesca compatible con la conservación de los ecosistemas.
En definitiva, Perizia y Gelfish no son solo proyectos de laboratorio; son propuestas prácticas para que la flota artesanal del litoral gallego gestione mejor sus recursos y saque partido a lo que antes se desaprovechaba. El reto ahora es convertir esos resultados de ensayo en políticas, inversiones y prácticas cotidianas. La mar, como siempre, marcará el paso; la diferencia es que, esta vez, vendrá acompañada de datos y de productos que puedan sustentar la vida en los puertos de nuestra costa.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora