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Un niño de 6 años se convierte en protagonista en el Miño al pescar una trucha de 2,2 kilos y 66 centímetros

La apertura de la temporada de pesca fluvial en Lugo dejó este domingo una imagen para la memoria: un pequeño pescador de seis años sosteniendo una trucha de gran tamaño en la orilla del río. Pedro Castro, alumno del Colegio Divino Maestro, fue el autor de la captura en el río Miño, un ejemplar que alcanzó los 2,2 kilos de peso y los 66 centímetros de longitud, y que fue retratado por la familia para inmortalizar la jornada.

Un lance afortunado en la apertura de temporada

La mañana en la que se estrenó la temporada congregó a aficionados de todas las edades. Galicia cuenta con 48.453 cañistas con licencia, y entre ellos hubo de todo: desde veteranos con años de rivera a sus espaldas hasta familias que aprovechan la cita para iniciar a los más jóvenes. Pedro, tímido y concentrado, acudió con su padre y con otros niños de la escuela que organiza la asociación local. La captura se produjo cerca de la desembocadura, en la zona de Santa Isabel, en la orilla lucense del Miño.

La técnica no fue fruto del azar absoluto. Su padre, Rubén Castro, relata que en la orilla hacían equipo: mientras él lanzaba el señuelo su hijo lo recogía. En una de esas recogidas el anzuelo prendió en el lomo del pez y empezó la lucha. «Fue un trabajo en equipo», cuenta Rubén, que explicó a la familia y a los amigos cómo, paso a paso, consiguieron izar la trucha hasta la orilla. La foto final, con Pedro sujetando el ejemplar, se compartió entre amigos y vecinos; para un niño de primero de primaria, la estampa tuvo algo de pequeña epopeya.

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Además del lance, llama la atención la precocidad de Pedro en una práctica artesanal: fabrica sus propias moscas para usar como cebos. El señuelo con el que pescó el domingo fue, según confiesan en su entorno, uno de esos pequeños peces artificiales hechos por él mismo, una afición que va de la mano de la tradición de la pesca con mosca en esta comarca.

Una escuela que suma generaciones y práctica conservacionista

La asociación Os Troiteiros de Ombreiro es la encargada de formar a la nueva hornada de cañistas. Aquel día Pedro acudió con otros siete niños que integran la escuela; el colectivo, que trabaja con menores de entre 5 y 15 años, imparte no solo técnica sino también principios de respeto al río. Desde la asociación explican que actúan como transmisores de saberes que en muchas familias ya fueron rutina: manejo del material, identificación de especies y, sobre todo, pautas para una pesca responsable.

Rubén cuenta que, aunque el pequeño quería llevar la trucha a su madre como trofeo, en casa suelen practicar la llamada «captura y suelta». El objetivo, según el padre, es conservar la población para que las generaciones futuras también tengan «algo que coger». Esta filosofía de gestión —muy presente entre asociaciones y pescadores de la cuenca— busca equilibrar la afición con la sostenibilidad del ecosistema fluvial.

El presidente de Os Troiteiros detalló además que el ejemplar era un macho autóctono, más alargado y de carne blanca, en contraste con otras truchas de suelta que presentan tonos más asalmonados. Ese matiz, que puede parecer menor para quienes no frecuentan los ríos, es receta y conocimiento transmitido en las mañanas de escuela de pesca; distinguir un macho de una hembra, reconocer una trucha nacida en el río frente a una procedente de repoblaciones, son cuestiones que marcan la diferencia entre una captura recreativa y una pesca informada.

La pesca en Galicia: tradición y retos

El Miño ha sido durante siglos un eje de vida para las comarcas por las que discurre. Más allá de su condición de frontera natural con Portugal, sus orillas conservan una cultura de río que incluye la pesca recreativa, la gastronomía y el patrimonio hidráulico. En Lugo, la apertura de la temporada es un rito al que muchos aficionados dan cita; algunos buscaron el estreno para estrenar equipo, otros para reencontrarse con amigos y otros, como Pedro, para añadir una historia familiar a las largas estancias junto al agua.

Sin embargo, la pesca fluvial convive hoy con desafíos. La calidad del agua, la gestión de repoblaciones, la presión recreativa en tramos concretos y los efectos climáticos sobre los caudales configuran un mosaico que requiere políticas y responsabilidad colectiva. Asociaciones como Os Troiteiros tratan de conciliar afición y conservación mediante la formación de jóvenes, acciones de limpieza y campañas de concienciación que buscan mantener viva la tradición sin hipotecar el futuro del río.

En la comarca, la noticia de la captura del niño también abrió conversaciones entre habituales: algunos celebraron la anécdota con sorna y reconocimiento, otros la utilizaron para subrayar la importancia de los vedados, de las vedas y de la normativa que regula tallas y cupos. A falta de un gran calendario competitivo en la pesca recreativa, la memoria colectiva de una temporada suele componerse de imágenes como la de Pedro y su trucha. Son fotografías que, en lo cotidiano, transmiten saberes y deseos de continuidad.

¿Qué sigue después del lanzamiento? Perspectiva local y educativa

Para la familia Castro, la jornada de domingo será tema de charla en la mesa y anécdota escolar. Para la escuela de pesca significa un argumento más para atraer a otros menores: la posibilidad de aprender, divertirse y, si la fortuna acompaña, pescar una pieza destacada. El trabajo que realizan los grupos juveniles en la comarca tiene efectos visibles: promueve la actividad al aire libre, enseña respeto por el medio y, en ocasiones, sirve de ventana para que los padres vuelvan a reencontrarse con el río.

En términos más amplios, la imagen de un niño de seis años con una trucha de más de dos kilos refuerza la idea de que la pesca sigue siendo, en Galicia, una actividad intergeneracional. Desde las riberas del Miño hasta los afluentes que alimentan los ríos lucenses, la afición permanece viva cuando existe transmisión de conocimientos y una mirada puesta en la sostenibilidad. Los próximos meses dirán si aquella captura queda como anécdota o inspira a una nueva hornada de troiteiros que mantengan, con respeto, la tradición del río.

Mientras tanto, en la familia Castro ya planean más salidas los fines de semana, ajustando compaginar escuela y afición. Pedro continuará fabricando moscas y aprendiendo a leer las corrientes; su nuevo relato de pesca, con más de medio metro y más de dos kilos de peso, lo acompañará durante mucho tiempo.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.