Vigo. Las principales compañías de transporte marítimo y mensajería han comenzado a trasladar a clientes y usuarios un nuevo paquete de recargos que tensiona ya las cadenas logísticas. En apenas días se han anunciado ajustes que van desde recargos por combustible y riesgo bélico hasta suplementos de temporada: hay rutas con contenedores de 40 pies con tarifas que alcanzan los 7.000 dólares, mientras algunas firmas de paquetería aplican incrementos próximos al 30% en sus servicios aéreos.
Qué está cambiando en las tarifas y cómo se aplican
La multinacional Maersk notificó a sus clientes una revisión del recargo por combustible el pasado día 12 y anunció que, a diferencia de su práctica anterior, actualizará esos recargos con periodicidad semanal. En su comunicación la naviera justificó la medida por el encarecimiento de los carburantes y por «la situación actual en Oriente Medio», y advirtió de que «podrían producirse nuevos incrementos» conforme cambien las circunstancias.
«Continuaremos analizando la situación país por país, realizando los ajustes necesarios al recargo según lo requieran las circunstancias. Por consiguiente, podrían producirse nuevos incrementos».
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No es un caso aislado. MSC (Mediterranean Shipping Company) ha dispuesto una revisión denominada FAK —Freight All Kinds— que sitúa el coste de transporte por contenedor entre determinados puertos del Lejano Oriente, África subsahariana y Océano Índico en niveles inéditos: hasta 7.000 dólares por un contenedor de 40 pies. En paralelo, OOCL ha impuesto un suplemento de 480 dólares para contenedores refrigerados de 40 pies en las rutas Asia-Europa, y CMA CGM aplica un recargo de emergencia por combustible de 900 dólares para espacio de 40 pies en carga fraccionada a larga distancia (sin contar ro-ro).
Además, Ocean Network Express (ONE) ha comunicado incrementos en los sobreprecios para transporte por carretera en España —alrededor del 8%— y de un 9% para fletes en ferrocarril combinado. En el segmento de mensajería, la empresa Chronopost ha revalorizado sus tarifas en un 29,75% para servicios aéreos y un 17,55% en carretera, con nueva revisión prevista el próximo mes de abril.
Antecedentes: combustible, conflicto y demanda estacional
Tras la reciente escalada de tensión en Oriente Medio —con episodios que han afectado infraestructuras energéticas— las navieras han activado cláusulas que había en reserva desde episodios previos de inestabilidad. Los recargos por combustible (FSC, fuel surcharge), por riesgo de guerra (WRS, war risk surcharge) y por temporada alta (peak demand surcharge) vuelven a la práctica habitual de los fletadores cuando la combinación entre precio del bunker y percepción de riesgo incrementa el coste operativo.
En España, donde los puertos movieron el año pasado 18,6 millones de TEU (unidad equivalente a un contenedor de 20 pies), la presión se siente especialmente en zonas exportadoras. El puerto de Vigo alcanzó un récord de 309.153 TEU, un 3,7% más que el ejercicio anterior, y sectores como la conservera, la pesca fresca y la automoción (con la planta de Stellantis como actor clave en la ría) dependen de la fluidez de estas conexiones.
Las asociaciones de transportistas gallegos ya alertan del efecto cascada: si las navieras y las mensajerías suben sus listas, las empresas de transporte por carretera exigen a su vez actualizar precios para no perder margen. A falta de acuerdo entre cargadores y transportistas, esta tensión ha derivado en amenazas veladas de paros parciales en rutas claves y en la posibilidad de que algunos cargadores rechacen los sobreprecios, lo que podría provocar cuellos de botella en las plataformas logísticas.
Impacto inmediato y próximos pasos
Para las pymes exportadoras de Galicia, que trabajan con márgenes estrechos, la subida supone una factura más difícil de asumir. El sector de productos del mar —conocido por su alto valor por volumen pero también por su dependencia de contenedores refrigerados— será especialmente vulnerable al recargo de 480 dólares por reefers y a la volatilidad de plazas en barcos regulares. En paralelo, fabricantes de componentes y astilleros notan el encarecimiento de insumos y el retraso en entregas críticas.
En el corto plazo, los agentes del sector recomiendan dos líneas de respuesta: optimizar cargas para reducir contenedores vacíos y negociar cláusulas de reparto del sobrecoste con clientes y proveedores; y buscar rutas alternativas y combinaciones modal —ferrocarril marítimo o rutas desde otros hubs europeos— aunque esas soluciones tardan en materializarse y no eliminan el incremento directo del combustible.
La otra variable a vigilar es la duración del conflicto en Oriente Medio y la estabilidad del mercado del petróleo. Si los precios del bunker se mantienen elevados, los recargos podrían consolidarse y dejar de ser puntuales para convertirse en una nueva estructura tarifaria. En ese escenario, la competitividad de los exportadores gallegos frente a productos de otros puertos europeos podría verse dañada.
Por lo pronto, los grandes operadores han dejado claro que revisarán sus recargos con mayor frecuencia —semanal en algunos casos— lo que añade volatilidad a la planificación logística. A la espera de medidas coordinadas por parte de autoridades portuarias y del sector, los empresarios vigueses y pontevedreses observan con preocupación cómo una subida en la cadena de costes puede traducirse en precios más altos para el consumidor y en dificultades para conservar mercados tradicionales.
Si bien no hay aún una solución única ni inmediata, la discusión se ha desplazado del ámbito técnico al político y comercial: es probable que en las próximas semanas los puertos, las cámaras de comercio y las patronales impulsen interlocuciones con navieras y mensajerías para buscar fórmulas que amortigüen el golpe, especialmente para mercancías perecederas y para cargas vinculadas a contratos de suministro. La pregunta que queda en el alero es si estas medidas serán suficientes para evitar que la crisis de costes se convierta en una barrera duradera para la actividad exportadora gallega.
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