Un consorcio liderado por la gallega Moradiña, junto a las también pontevedresas Pesqueras de Bon y la naviera Azimut, ha decidido sacar al mercado la totalidad de las acciones de Pesquerías Belnova, la exfilial uruguaya de la antigua Pescanova adquirida en 2021. La venta se ofrece como «el 100% de las acciones» a través del bróker especializado Albino Morán Partners Shipbrokers, y llega tras una inversión millonaria en flota que no ha logrado compensar los problemas recurrentes que afrontan las empresas pesqueras en Uruguay.
La venta y los hechos
La operación, que se gestiona desde finales del año pasado, tiene en el centro un activo que los compradores describen como una «oportunidad única» para entrar en el mercado pesquero uruguayo. En la hoja de ruta de los últimos cinco años la compañía ha renovado buena parte de su flota: reparaciones y reformas en astilleros gallegos —entre ellos el de Nodosa Shipyard— han dado nueva vida a unidades como el Río Solís II y el Río Solís IV, y la incorporación del Sjúrðarberg en 2024 reemplazó al veterano Río Solís III.
Los socios reconocen que los arrastreros suponen cerca del 80% del valor de la compañía y que la modernización ha sido costosa: según la ficha corporativa y fuentes de la propiedad, se destinaron más de 40 millones de dólares —unos 35 millones de euros al cambio actual— a renovar flota y operaciones desde la compra inicial, que en 2021 se cifró en entorno a los 12 millones. Pese al esfuerzo inversor, por el momento no existe una oferta en firme.
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Conoce más →«Todos los años que llevamos allí hubo problemas», explican fuentes de la compañía sobre la pesca uruguaya.
Los motivos que empujan a la venta, según las mismas fuentes, tienen que ver con la denominada «inseguridad jurídica» y con la acumulación de incidencias en la operativa diaria: conflictos laborales que han paralizado la actividad, dificultades administrativas y cambios regulatorios que encarecen y complican la pesca en aguas del Atlántico Sur.
Antecedentes y contexto uruguayo
Montevideo y su área portuaria son desde hace décadas un eje clave para las empresas gallegas que faenan en la denominada milla 201, así como en las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de Malvinas y de Uruguay. La Cooperativa de Armadores de Vigo (ARVI) cifra en alrededor de 40 unidades los buques que utilizan con cierta regularidad las instalaciones portuarias de la capital uruguaya, y el reciente desarrollo de infraestructuras —como la inauguración del nuevo Puerto Capurro— ha alterado los flujos y los espacios compartidos entre flotas europeas, asiáticas y locales.
Desde la Cámara de Industrias Pesqueras del Uruguay, los representantes del sector llevan años advirtiendo de un progresivo abandono por parte de las distintas administraciones, una crítica que alcanzó a la gestión de la pandemia y quedó patente durante el conflicto sindical del verano de 2025, cuando la flota uruguaya quedó temporalmente amarrada. A ojos de los inversores gallegos, esa inestabilidad se traduce en costes operativos adicionales y en riesgos que dificultan obtener una rentabilidad sostenible, pese a que la proximidad del puerto facilita el relevo de tripulaciones y el avituallamiento.
No es la primera vez que capital gallego desembarca con fuerza en Uruguay. Proyectos anteriores, como el de Gadimar, que introdujo la unidad Playa Malvín, o la apuesta conjunta en la que participaron además empresas locales como Lersol y la multinacional Klion Group, muestran una estrategia regional sostenida: comprar cuota de mercado mediante el registro de barcos bajo bandera uruguaya y aprovechar la logística de Montevideo como base de operaciones para aguas lejanas.
Repercusiones y próximos pasos
La posible salida de la sociedad gallega de la propiedad de Belnova tendría un doble efecto. En lo inmediato, dejaría en el aire la continuidad de una red de servicios en Vigo y en otros puertos gallegos —astilleros, suministros, repuestos y logística de tripulaciones— que se beneficiaron de la modernización de la flota. A medio plazo, si la compañía fuese adquirida por un actor local o por un grupo con menos vínculos con Galicia, la presencia de empresas y marineros gallegos en la región podría atenuarse.
Desde el punto de vista económico, la venta plantea una pregunta clara: ¿podrá el vendedor recuperar la inversión realizada? El anuncio de la venta por parte de un bróker especializado abre el proceso a compradores tanto regionales como internacionales. Los arrastreros modernizados y las licencias operativas en Uruguay son activos tangibles, pero la valoración final tendrá que incorporar el factor riesgo derivado de la inseguridad jurídica y de la inestabilidad laboral que denuncian las mismas fuentes.
Para las autoridades de Vigo y del sector, la operación será una prueba sobre la sostenibilidad del modelo de internacionalización de la flota gallega. La modernización industrial y la construcción naval —motivos de orgullo tras trabajos en astilleros como Nodosa— han demostrado capacidad técnica; lo que ahora está en cuestión es la viabilidad de mantener operaciones estables en puertos extranjeros cuando las reglas del juego cambian con frecuencia.
A falta de ofertas firmes, el calendario legal y financiero marcará los próximos pasos: due diligence, visitas a la flota, valoración de contingencias laborales y, en su caso, negociación de precio. Fuentes cercanas a la operación admiten que la decisión de vender también busca limitar la exposición del consorcio a futuros episodios conflictivos que, en los últimos años, han sido recurrentes.
En Vigo —ciudad que ha visto crecer y transformarse su industria conservera y naval durante generaciones— la noticia reabre el debate sobre hasta dónde debe llegar la apuesta por capitalizar oportunidades en aguas remotas. La venta de Pesquerías Belnova será, en cualquier caso, una operación a seguir con atención: no sólo por los números, sino por lo que implica para el mapa de la pesca gallega en el Atlántico Sur.
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