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El alza del carburante y el desajuste de los trenes dejan a los taxistas de Ourense en horas bajas

Los profesionales del taxi de Ourense afrontan una combinación de factores que ha recortado su actividad y comprimido sus márgenes de beneficio: el precio del combustible se ha disparado y la clientela ha caído de manera notable. Según el colectivo, la demanda ha descendido alrededor de un 20% respecto a 2025, mientras que llenar el depósito en la ciudad cuesta ya unos 24 euros más que hace un mes. A ello se suma el caos logístico en las principales estaciones, que convierte jornadas tranquilas en picos de trabajo imposibles de cubrir.

Crisis de clientes y subidas que asfixian la cuenta diaria

En la práctica, la jornada de muchos taxistas se ha convertido en esperar y sufrir. Francisco Javier Álvarez, presidente del colectivo de taxistas de la ciudad, resume la sensación del sector: “Estamos a lo mejor parados una hora o hora y media y después llegan a la vez, nos lían mucho”. Esa acumulación de servicios a destiempo —explican fuentes del gremio— obliga a mantener coches encendidos durante largos periodos o a renunciar a carreras por no poder atender todas.

La factura del combustible golpea con especial fuerza. En estaciones como la de San Cibrao el diésel supera los 2 euros por litro, una barrera psicológica y económica que encarece viajes que, en muchos casos, ya eran poco rentables. Para un conductor que recorre decenas de kilómetros diarios entre la ciudad y los municipios de la provincia, la diferencia de 24 euros por depósito se traduce en semanas de menores ingresos.

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La pérdida de clientela no se explica sólo por el precio. Taxistas consultados señalan cambios en los hábitos de desplazamiento, menor actividad nocturna y problemas puntuales con la ordenación del espacio en paradas históricas como la del barrio de O Couto, donde la convivencia con nuevos modos de movilidad —bicis y patinetes— ha alterado el flujo de usuarios. No es la primera vez que el sector reclama una mayor atención al mapa urbano: la dispersión de la ciudad y la provincia hace que muchos viajes sean largos y, por tanto, más sensibles al precio del carburante.

Antecedentes y factores estructurales

La situación actual hay que leerla también a la luz de elementos que vienen de atrás. El mercado del petróleo ha vivido semanas convulsas por la tensión internacional, y el Gobierno central ha anunciado un paquete de apoyo de 5.000 millones para mitigar el impacto inflacionario derivado del conflicto en Oriente Medio. Sin embargo, desde la base del taxi local consideran que las medidas estatales tardan en llegar al bolsillo del profesional autónomo y no sustituyen soluciones específicas para un sector que opera con márgenes reducidos.

En la provincia de Ourense, con un tejido urbano menos denso que la costa gallega y un territorio marcado por la dispersión poblacional, los taxis juegan un papel esencial en la movilidad, sobre todo en transporte a centros sanitarios y conexiones con municipios menores. Cuando la demanda cae un 20% —dato que el propio colectivo facilita—, el efecto sobre la rentabilidad y la cobertura del servicio en el medio rural es inmediato: menos coches en la calle significa tiempos de espera más largos y, a la postre, pérdida de calidad del servicio.

Además, las irregularidades en los trenes han devenido en un quebradero de cabeza añadido. La llegada masiva de viajeros retrasados que desembocan en la parada obliga a reordenar flotas en tiempo real. Lejos de ser un escollo puramente operativo, este desajuste erosiona la confianza del pasajero y subraya la necesidad de coordinar los diferentes modos de transporte en la ciudad, una coordinación que hasta ahora ha resultado insuficiente, según los taxistas.

Hacia la electrificación y otras salidas: ¿soluciones reales o parches?

Como respuesta, el sector mira hacia el vehículo eléctrico. La transición promete reducir el coste por kilómetro y atenuar la dependencia del diésel. No obstante, la implantación en Ourense enfrenta limitaciones: el elevado precio de adquisición, la edad media de la flota, la insuficiente red de recarga rápida y la incertidumbre sobre incentivos y subvenciones hacen que la electrificación sea, por ahora, una aspiración más que una realidad inmediata.

Los taxistas reclaman ayudas específicas y un plan de adaptación que incluya puntos de carga en paradas y bases, así como líneas de financiación a bajo interés para renovar vehículos. A nivel local, esperan que Concello y Xunta actúen con programas que prioricen a quienes prestan un servicio público esencial, sobre todo en comarcas donde no existe otra alternativa de transporte privado.

Hay un horizonte que podría aliviar la situación: la primavera y la reactivación turística. Ourense, con su termalismo, la encrucijada del Camino de la Vía de la Plata y la atracción de su casco histórico, suele ver un repunte de demanda que este año podría mitigar en parte la caída. No obstante, los taxistas advierten que un repunte estacional no es suficiente para compensar meses de pérdidas y que hacen falta medidas estructurales para garantizar la viabilidad del servicio a lo largo del año.

En las próximas semanas, el sector prevé intensificar las demandas públicas: mejor coordinación horaria con Renfe en las paradas principales, subvenciones para la renovación de flotas y compensaciones temporales por el encarecimiento del combustible. Mientras tanto, el trabajo continúa en la calle con jornadas que alternan horas muertas y picos imposibles, y con la sensación, compartida por muchos, de que la movilidad de Ourense necesita un plan de gestión más fino y adaptado a la realidad de su provincia.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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