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La mariscadora de Noia que convirtió la ría en contenido viral: Merce, «Totakeki», y sus más de 300.000 seguidores

Se presenta diciendo: «¡Boas! Me llamo Merce y vivo en una aldea». Con ese saludo sencillo, Mercedes Silva, una joven de 26 años natural de Noia, ha conseguido traducir su jornada de marisqueo en historias que atrapan a cientos de miles de personas en TikTok. Sus vídeos, que mezclan humor, tradición y faena cotidiana en la ría de Muros‑Noia, suman audiencias que superan los tres millones de visualizaciones en algunos clips y han situado a esta mariscadora en el mapa digital sin renunciar al oficio.

De la aldea al feed: la vida cotidiana que engancha

Los contenidos de Merce no son tutoriales fríos ni coreografías: son escenas de una vida que, a primera vista, parece anclada en otra época. Se la ve arreglando el barco con su padre, limpiando un invernadero cuando toca, recogiendo castañas en otoño y, sobre todo, faenando en la ría con detalles que explican cómo funciona el oficio. «Es la vida que elegí», dice en varios de sus vídeos, y esa convicción es parte de su éxito. En su perfil, que conoce la audiencia como Totakeki, hay espacio para la lareira, para la broma cotidiana y para el respeto a las costumbres locales.

El punto de inflexión llegó con un clip sobre las hierbas de San Juan que, por su sencillez, acumuló más de 3 millones de visualizaciones. Aquella pieza la devolvió a crear contenido después de una etapa de prueba durante el confinamiento. Desde entonces, sus publicaciones han ido encontrando a un público que no esperaba aprender a limpiar una ostra o a reconocer mariscos, pero que valora esa mezcla de pedagogía y cercanía.

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Uno de los ganchos recurrentes en sus vídeos es la frase que muchos repiten tras verla: «trabajar en el mar te acaba poniendo los pies en la tierra». No es solo una imagen poética; Merce relata con crudeza las cuentas del oficio, lo que vale el dinero y cuánto cuesta ganarlo. Esa honestidad, aliada a una estética casera y al humor, ha creado una comunidad que la sigue tanto por entretenimiento como por curiosidad documental.

«Aparte de vivir en una aldea, también soy mariscadora. Es el trabajo más bonito del mundo, para mí es un auténtico orgullo.»

Aunque su perfil supera los 300.000 seguidores y ya genera ingresos, no ha dejado de subirse a la barca. Compagina las jornadas en redes con salidas de faena junto a su padre, respetando horarios de bajamar y la normativa de capturas. También repone temporalmente tareas rurales menos visibles: reparar artes de pesca, limpiar cobertizos o mantener el huerto familiar. Esa continuidad en la práctica profesional es, para muchos de sus seguidores, la garantía de autenticidad.

Tradición y visibilidad: el marisqueo frente al reto generacional

La ría de Muros‑Noia y el conjunto de la comarca de Barbanza llevan siglos vinculadas al marisqueo. Hoy, el oficio enfrenta retos conocidos: regulaciones cambiantes, presión sobre los caladeros, variaciones climáticas y un problema estructural de relevo generacional. En ese escenario, la llegada de voces como la de Merce supone algo más que entretenimiento: aporta visibilidad a una actividad que, aunque minoritaria en las redes frente a otros contenidos, explica su valor social y económico.

Las cofradías y los viveros costeros conocen bien la tensión entre tradición y modernidad. Mostrar desde el telón de la voz juvenil cómo se reparten las capturas, cómo se asegura la sostenibilidad de los recursos o qué permisos se necesitan puede contribuir a desmitificar la profesión. Al mismo tiempo, la repercusión digital pone el foco en pequeños municipios y aldeas que sufren despoblación: cuando una joven decide enseñar su oficio en cámara, está mostrando una alternativa vital al éxodo hacia las ciudades.

No es la primera vez que la comarca explota su patrimonio marítimo para atraer atención —baste recordar las campañas locales de promoción del percebe y las ferias marineras—, pero la narrativa ahora viene en formato corta duración y con alcance internacional. Eso altera las reglas del juego: el público que descubre el marisqueo a través de Merce no es necesariamente el que visita las lonjas, pero sí puede convertirse en aliado para reivindicar prácticas sostenibles y consumo responsable.

Oportunidades y riesgos: qué puede traer este altavoz digital

La historia de Merce no termina en las reproducciones. En marzo de 2024 dio un paso inesperado al presentarse a una convocatoria para creadores de contenido impulsada por el club de eSports Heretics, una mezcla llamativa entre cultura rural y plataformas de entretenimiento urbano. Su preselección —animada por su comunidad— habla de una nueva hibridación: influencers que no encajan en el estereotipo y sin embargo son buscados por marcas y organizaciones.

La visibilidad abre puertas: colaboraciones, patrocinios y, sobre todo, la capacidad de poner sobre la mesa debates sobre la pesca artesanal, la gestión de la ría y la dignificación del trabajo del mar. No obstante, también plantea dilemas. Monetizar una profesión tan ligada a la estacionalidad puede empujar a una estética que suavice dificultades. Existe, además, la responsabilidad de no mostrar prácticas que puedan vulnerar normas de sostenibilidad o seguridad laboral.

En el plano local, el efecto puede ser práctico y simbólico: más jóvenes preguntando por el oficio en las cofradías, visitantes interesados en rutas del marisqueo o nuevas fórmulas de turismo responsable. Para Merce, la decisión ha sido clara hasta ahora: aprovechar la plataforma para enseñar y reivindicar sin renunciar a la jornada de bajamar. Su caso se puede leer como un laboratorio de lo que será la comunicación rural en los próximos años: híbrida, directa y con capacidad para cambiar percepciones.

Al cierre de la jornada, cuando la ría devuelve la calma y los atardeceres pintan de oro las bateas, queda la idea que ella repite: el mar pone los pies en la tierra. Que una voz de aldea consiga conjugar tradición, economía y redes sociales no es solo una anécdota viral; es una pista para políticas locales, para iniciativas culturales y para quienes siguen mirando al litoral como un lugar de futuro más que de pasado. Merce, desde Noia, lo muestra cada día con la emulsión de agua salada y luz de cámara.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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