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La pareja okupa de Moaña dice que duerme en el monte y teme la cárcel si vuelven a entrar en una casa

La detención de una pareja que ocupó varias viviendas en Moaña y que fue puesta en libertad tras aceptar una pena corta ha vuelto a tensionar a una localidad del Morrazo ya acostumbrada a episodios de okupación. Mercedes y Antonio explicaron este viernes que llevan varios días durmiendo al raso en los montes cercanos a Meira y que, si vuelven a intentarlo, aguardan una sanción penal: ella calcula cuatro meses de prisión y él, por sus antecedentes, hasta dos años.

Detención, libertad provisional y la versión de la pareja

La pareja fue detenida el pasado domingo en una vivienda de A Moureira, en Meira, tras ser sorprendida por sus moradores y por efectivos de la Guardia Civil. Ambos pasaron por el juzgado de Cangas; tras las diligencias fueron puestos en libertad después de aceptar una condena de cuatro meses de cárcel, acuerdo que evitó su ingreso inmediato en prisión. A la salida, Mercedes insistió en la urgente necesidad de una alternativa a la calle.

«Llevamos varios días durmiendo en el monte, como perros», dijo Mercedes en la mañana del viernes. Relató que sobreviven «gracias a unas pocas personas buenas que nos ayudan» y que han intentado acceder a recursos de alojamiento, sin éxito por saturación. Según su versión, han sido informados de que los albergues están completos y que pedirán plaza otra vez el lunes; hasta entonces aseguran que la noche se les hace larga y dolorosa.

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«Intentaremos el lunes pedir entrar en uno, pero hasta entonces nos queda todo el fin de semana, y nos duele todo el cuerpo de dormir al aire libre»

Respecto a la ocupación que motivó la detención, la pareja sostiene que fue una trampa: afirmaron que les aseguraron que la vivienda estaba deshabitada y que, al llegar, apareció uno de los dueños. Tanto Mercedes como Antonio reconocen que conocen las consecuencias legales de una nueva entrada en una vivienda particular; la diferencia entre ocupar una casa vacía y hacerlo en un domicilio habitado ha sido para ellos la clave de la actuación judicial.

Antecedentes en el Morrazo y la reacción vecinal

La historia de esta pareja se remonta, según sus propios relatos y a la documentación abierta en los últimos días, a una primera ocupación en O Real que se extendió durante semanas y que terminó con daños materiales en la vivienda. La alarma entre los vecinos de Moaña se disparó cuando se produjo la entrada en una casa que sí estaba habitada; la respuesta rápida de la Guardia Civil y la intervención judicial calmó, por ahora, a quienes llevaban días denunciando la situación.

En localidades costeras como las del Morrazo, donde la presión sobre la vivienda de alquiler es creciente y los precios empujan a sectores vulnerables a situaciones límite, episodios como este reavivan el debate entre solidaridad y seguridad. Vecinos y propietarios exigen medidas que garanticen la inviolabilidad del domicilio y la recuperación de su patrimonio, mientras que asociaciones sociales y ciudadanos se muestran preocupados por la falta de alternativas para personas que, según dicen algunos, no encuentran salida en el sistema.

Consecuencias legales, opciones municipales y próximos pasos

La pareja ha recibido con claridad la advertencia judicial: una nueva ocupación de una vivienda particular puede llevarles a prisión. Mercedes cuantifica la pena que le comunicaron —cuatro meses para ella, hasta dos años para Antonio por sus antecedentes— y dice que, por eso, ahora intentan «extremar las precauciones». Desde un punto de vista penal, la existencia de antecedentes suele agravar la situación, aunque los detalles procesales y las negociaciones con la Fiscalía o la representación legal determinan los pasos posteriores.

En lo inmediato, la prioridad de la pareja es encontrar un techo. Han anunciado que el lunes volverán a solicitar plaza en un albergue municipal o en recursos asistenciales de la comarca; hasta entonces seguirán al raso. El Ayuntamiento de Moaña, por su parte, mantiene la tensión entre la necesidad de proteger a los propietarios y la obligación de atender situaciones de exclusión. La oferta de plazas públicas y la coordinación entre servicios sociales y fuerzas de seguridad aparecen, otra vez, como puntos críticos.

El caso plantea preguntas sobre la prevención: ¿qué herramientas tiene un municipio pequeño para evitar que una persona vulnerable pase de ocupar una vivienda vacía a verse en conflicto directo con vecinos y con la Justicia? En Moaña, donde la presencia de segundas residencias y la estacionalidad encarecen el mercado, la munición política suele repartirse entre propuestas de control y demandas de políticas sociales más ambiciosas.

Para los afectados, la vivienda no es solo un problema legal sino una cuestión de sobrevivir el día a día. Mercedes recuerda que han recibido ayuda puntual de vecinos y que confían en que el Estado —en el sentido amplio de las administraciones— pueda ofrecer alternativas. Mientras tanto, la Guardia Civil y los juzgados seguirán actuando en función de las denuncias y de la legislación vigente; y la pareja, con la amenaza de la prisión sobre la mesa, deberá decidir si arriesga o se somete a las vías administrativas y sociales para salir de la calle.

La historia en Moaña no termina con una detención ni con una sanción simbólica; abre un nuevo capítulo en la tensión entre propietarios alarmados y personas que buscan techo. La solución requerirá, como suele suceder en la comarca, coordinación entre servicios sociales, recursos de alojamiento y, sobre todo, voluntad política para reducir la fricción entre derechos. Para Mercedes y Antonio, el próximo lunes puede ser el día en que encuentren un albergue o el momento en que la Justicia vuelva a actuar con mayor dureza; la incertidumbre es, por ahora, la única certeza.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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