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La pareja de okupas de Moaña duerme en el monte y admite el riesgo penal: «Si entramos en otra casa me caen cuatro meses a mí y hasta dos años a Anton

Una secuencia de ocupaciones y una detención el pasado fin de semana han dejado a un vecindario de Moaña en estado de tensión y a una pareja en la calle. Mercedes y Antonio, protagonistas del caso, fueron detenidos el domingo en una vivienda de A Moureira y puestos en libertad tras aceptar una pena de cárcel en suspensión. Desde entonces aseguran que pasan las noches en parajes del municipio, dependen de la ayuda de vecinos y temen reincidir por necesidad.

Detención, versiones encontradas y la última noche en una casa familiar

Los hechos se precipitaron cuando la pareja fue apresada en una casa de la parroquia de Meira, en el entorno conocido como A Moureira. Según la versión que aportan, entraron convencidos de que se trataba de una vivienda deshabitada; después se encontraron con uno de los propietarios y, tras la intervención policial, fueron detenidos. Salieron del juzgado la tarde del lunes tras aceptar una conformidad que evita un procedimiento más largo.

Desde su salida, relatan que no tienen dónde dormir y que han pasado varias noches «durmiendo en el monte, como perros», en palabras de Mercedes. Insisten en que han recibido ayuda puntual de «unas pocas personas buenas» que les han proporcionado compañía y algo de alimento, y añaden que intentarán el lunes solicitar plaza en un albergue municipal, donde por el momento les han informado de que no hay hueco.

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La jornada en que fueron liberados no fue la primera ocupación: la pareja había permanecido mes y medio en una vivienda del barrio de O Real, que los propietarios describen como destrozada tras su marcha. Esa casa necesita ahora una limpieza intensiva y el Ayuntamiento está estudiando cómo colaborar, a petición expresa de la propietaria y con la intervención del Punto Limpio para retirar mobiliario y enseres que quedaron en el interior.

Tras la salida del juzgado, la pareja sostiene que, por miedo a las consecuencias penales, se están cuidando de no acceder a inmuebles particulares. Reconocen, no obstante, que la madrugada posterior entraron en una vivienda de un familiar por una ventana y requirieron la intervención de la Guardia Civil para abandonarla sin incidentes mayores.

Un problema estructural: viviendas vacías, acceso precario y el Morrazo

La historia de Mercedes y Antonio no puede leerse al margen de la realidad del parque inmobiliario de Galicia y de la comarca del Morrazo. Aunque el litoral pontevedrés muestra un paisaje de segundas residencias y fincas cerradas, la presencia de hogares vacíos convive con familias y personas con necesidades habitacionales urgentes. Ese desequilibrio alimenta episodios de ocupación que, por su naturaleza, generan conflicto entre derechos contrapuestos: el derecho a la vivienda frente al derecho de propiedad.

En Moaña, donde la densidad poblacional y la presión sobre el suelo han crecido en las últimas décadas, resulta habitual que los servicios municipales reciban solicitudes de ayuda para casos humanitarios. El Ayuntamiento ha remitido a la propietaria de la vivienda de O Real a formalizar por escrito la petición de asistencia para garantizar el procedimiento administrativo y la retirada de escombros, mientras que servicios sociales se encuentran con recursos limitados y albergues que, según la pareja, están al completo.

Otra lectura apunta a los antecedentes penales de uno de los implicados. Antonio arrastra antecedentes que, según la propia pareja, podrían elevar la pena en caso de reincidencia: mientras que una usurpación de inmueble deshabitado suele acarrear sanciones menos severas, el allanamiento de morada —entrar en una vivienda habitada— se castiga con mayor dureza y podría derivar en penas de hasta dos años en determinados supuestos, según recuerda la gente vinculada al ámbito jurídico local.

Repercusiones locales y próximos pasos: control policial, responsabilidad municipal y vías judiciales

La Guardia Civil mantiene desde el episodio del fin de semana un seguimiento de la pareja para impedir nuevas entradas en domicilios privados. Las patrullas han respondido a llamadas vecinales alertando de intentos de pernoctar en invernaderos y fincas, si bien en los últimos controles no han localizado a los ocupantes en los puntos señalados, como el invernadero de Quintáns en Meira.

En paralelo, la propietaria más afectada por esta escalada —la de la casa de O Real— aguarda poder recuperar la normalidad: la vivienda, según fuentes del entorno, presenta daños considerables que requieren limpieza y un vaciado integral. El Punto Limpio muestra disposición a colaborar y el Concello ha pedido la solicitud formal para proceder con las garantías legales necesarias. Es una respuesta administrativa que, a juicio de varios vecinos, llega con lentitud ante la urgencia de la situación.

Para la pareja, la posibilidad de nuevos episodios tiene un coste claro: «Nos dijeron que entraríamos en la cárcel. Yo, por lo menos, cuatro meses, y Antonio, dos años», relató Mercedes. Esa descripción revela la contradicción entre la necesidad habitacional y el riesgo penal. En la práctica, una condena por ocupación puede ser suspendida o conmutada en función de circunstancias personales, colaboraciones con servicios sociales y del historial delictivo; pero la amenaza de prisión pesa y condiciona comportamientos.

En términos políticos, el caso reaviva el debate local sobre políticas de vivienda, la gestión de inmuebles vacíos y la respuesta social ante personas en situación de exclusión. Algunos vecinos reclaman medidas más ágiles para proteger la propiedad, otros piden mayor inversión en preventivo para que situaciones como esta no acaben en alarma vecinal y desahucio de facto. A falta de una solución a corto plazo, la pareja continúa desplazándose por el municipio y solicitando ayuda.

La próxima semana será clave: los servicios sociales municipales, el juzgado que instruyó la detención y las fuerzas de seguridad deberán sincronizar actuaciones para evitar una escalada. Mientras tanto, el barrio de O Real intenta recomponerse de un episodio que ha dejado rastro físico y emocional, y en las sendas de Meira se ven todavía señales del drama cotidiano de quienes no tienen un techo asegurado.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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