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El Gobierno aprueba un paquete anticrisis: rebajas fiscales, control de energéticas y medidas para vivienda y movilidad

En una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros celebrada este viernes en Madrid, el Ejecutivo ha aprobado un paquete de medidas urgentes para hacer frente al impacto económico de la guerra en Oriente Medio. El plan, dividido en dos reales decretos‑leyes, combina rebajas fiscales sobre energía, ayudas sectoriales para profesionales y un refuerzo del escudo social; su coste estimado asciende a 5.000 millones de euros y busca contener la inflación en los próximos meses.

Qué incluye el paquete y cómo se aplicará

Entre las medidas más inmediatas figura la rebaja temporal del impuesto sobre el valor añadido aplicado a los combustibles, la electricidad y el gas, que pasará de 21% a 10%. Además, el Gobierno ha decidido reducir el impuesto especial sobre hidrocarburos al mínimo permitido por la Unión Europea y suspender el gravamen del 7% sobre la producción eléctrica. El impuesto especial de la electricidad se rebajará desde el actual 5,11% hasta el 0,5%, con el objetivo de aliviar la factura doméstica y la de empresas más intensivas en consumo.

Las rebajas fiscales estarán vigentes, en principio, hasta el 30 de junio, aunque el Ejecutivo ha previsto la posibilidad de desactivarlas con un mes de antelación si la evolución de los precios lo permite. Además, se congelará el precio máximo de la bombona de butano y propano, una medida pensada para proteger a hogares rurales y a colectivos con uso alternativo de combustibles, algo de especial interés en comarcas gallegas donde la leña y el pellet siguen siendo habituales.

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El Gobierno descarta por ahora la réplica de los descuentos generalizados de 20 céntimos por litro aplicados en la anterior crisis, pero sí mantiene ayudas específicas para profesionales: transportistas, agricultores, ganaderos y la flota pesquera recibirán un descuento de 20 céntimos por litro, y se habilitarán ayudas equivalentes para la compra de fertilizantes. Esa medida ha sido celebrada entre los sectores gallegos más dependientes del carburante, como el transporte de mercancías por carretera y la pesca de bajura con base en puertos como Vigo y Marín.

En paralelo, el Ejecutivo ha reforzado las herramientas de supervisión: la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) verá ampliadas sus competencias para vigilar márgenes y sancionar comportamientos oportunistas, sobre todo en empresas energéticas y distribuidoras de carburantes. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo dejó claro: no se tolerará que las ayudas públicas o el contexto de crisis sirvan para incrementos “desproporcionados” de beneficios.

“No permitiremos que las empresas se aprovechen de esta crisis y de las ayudas para enriquecerse”, afirmó el presidente tras la reunión del Consejo.

Antecedentes: tensiones internas y la exigencia de Sumar

La aprobación del paquete no estuvo exenta de tensiones entre los socios de la coalición. El real decreto se ha fragmentado en dos textos para incorporar las demandas de Sumar, que presionó para incluir medidas sobre vivienda —alquileres y políticas locales— en el mismo paquete de respuesta a la crisis. El resultado es una mezcla de medidas coyunturales y reformas estructurales que buscan tanto alivio inmediato como impulso a la transición energética.

Históricamente, Galicia ha sufrido las oscilaciones de precios en energía y combustibles con especial virulencia: la estructura productiva, con fuerte presencia de pymes, sector agroganadero y una flota pesquera numerosa, hace que cualquier subida repercuta con rapidez en los costos. Cabe recordar episodios recientes de protestas del transporte y de las cofradías por el encarecimiento del gasóleo; por eso buena parte del paquete apunta a amortiguar el impacto sobre estos sectores.

En lo que respecta a vivienda, el decreto que exigía Sumar introduce herramientas para vigilar el precio de los alquileres y contempla actuaciones para evitar subidas abruptas en zonas de fuerte presión demográfica. No obstante, fuentes cercanas a ayuntamientos gallegos señalan que la concreción de estas medidas requerirá reglamentación adicional y coordinación con corporaciones locales, donde el parque de vivienda social y la oferta de alquiler siguen siendo limitados.

Repercusiones y próximos pasos: control, temporalidad y preguntas abiertas

En las próximas semanas el paquete tendrá que superar la tramitación parlamentaria y, previsiblemente, el escrutinio de Bruselas en lo relacionado con ayudas estatales. La CNMC deberá presentar informes periódicos y el Ejecutivo podrá activar medidas de control si se detectan “beneficios excesivos” en compañías energéticas. A corto plazo, consumidores y empresas esperan ver reflejadas las rebajas en sus facturas; a medio plazo, la clave estará en la fiscalidad verde y en los incentivos a la electrificación: deducciones en el IRPF para coches eléctricos, subvenciones para placas solares, puntos de recarga y bombas de calor, así como la libertad de amortización en el Impuesto de Sociedades para inversiones renovables.

Otra nota relevante es la condicionalidad: las empresas que reciban ayudas no podrán proceder a despidos objetivos, y la obligación de elaborar planes de movilidad sostenible se adelanta un año para grandes empresas y se amplía a aquellas beneficiarias de las ayudas. En el plano municipal, se permite bonificar hasta un 50% el IBI para viviendas que instalen sistemas renovables y hasta un 95% las obras e instalaciones ligadas a esos sistemas, una herramienta que puede ser importante en municipios gallegos con proyectos piloto de autoconsumo colectivo.

El éxito del paquete dependerá tanto de su ejecución como de su calibración temporal: la limitación hasta el 30 de junio otorga un plazo de emergencia, pero no despeja dudas sobre la financiación de medidas recurrentes ni sobre la presión que pueden volver a ejercer los precios internacionales. En Galicia, donde la industria naval, la pesca y la agroindustria observan con atención cada decisión nacional, la demanda es clara: transparencia en la supervisión de mercados, rapidez en los mecanismos de ayuda y esfuerzo por que las medidas de transición energética no dejen a barrios y comarcas atrás.

A falta de confirmación oficial sobre calendarios concretos de implementación y control, la lectura política es evidente: el Gobierno ha optado por combinar alivio inmediato con políticas de largo recorrido, tratando de ganarse tiempo mientras se negocian soluciones estructurales en Europa. Para la sociedad gallega, el reto es que ese tiempo se traduzca en facturas más bajas, estabilidad para los sectores productivos y un calendario creíble hacia la soberanía energética.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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