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Bouza denuncia que la Xunta «no ha presentado un nuevo proyecto» tras las modificaciones en la senda entre Santiago y O Milladoiro

Aitor Bouza, diputado y secretario general del PSdeG en Santiago, criticó este viernes la actuación de la Xunta de Galicia en las obras de la senda peatonal y ciclista que une Santiago con O Milladoiro y que atraviesa el entorno del bosque conocido como Banquete de Conxo. Bouza anunció que llevará la cuestión al Parlamento autonómico y reprocha que la administración autonómica haya optado por suprimir de hecho un tramo sensible del diseño, presentándolo como una «segunda fase» cuando, a su juicio, el proyecto no ha cambiado sustancialmente. La polémica se intensifica entre grupos vecinales, colectivos ciclistas y organismos que alertan del valor patrimonial y ambiental de la zona.

La controversia sobre el trazado y la «segunda fase»

El reproche de Bouza parte de la reciente modificación que la Xunta anunció tras recibir informes desfavorables que obligaron a replantear parte del trazado. Según el dirigente socialista, la administración decidió «extraer esa parte que no le conviene y decir que la harán en una segunda fase», pero eso no equivale a un replanteamiento profundo del proyecto. «No hay nuevo proyecto —afirmó—, no hay ningún tipo de alteración más que la eliminación interesada de esa parte. Vendieron un nuevo trazado, pero no hay nuevo trazado».

La crítica tiene varias aristas. Por un lado, Bouza pone el énfasis en la transparencia técnica: preguntará en sede parlamentaria por qué no existe un informe favorable ni desfavorable de Augas de Galicia sobre el tramo que afecta al río Sár, un elemento que, dijo, requiere un estudio específico del impacto hidrológico y ambiental. Por otro, incorpora la voz de asociaciones vecinales como Conxo Aberto y los dictámenes del ICOMOS —Consejo Internacional de Monumentos y Sitios—, que han advertido sobre «la alta relevancia ambiental y patrimonial» del entorno y sobre la necesidad de considerarlo como un todo, sin fraccionarlo.

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La insistencia en la no existencia de un «nuevo» proyecto tiene implicaciones políticas claras: Bouza y su partido interpretan la modificación como una maniobra para sortear las críticas y avanzar en obras menos conflictivas de cara a la opinión pública, dejando para más adelante las partes más complejas. Esa lectura alimenta la desconfianza entre colectivos que observan la operación como una fractura entre la voluntad de mejorar la movilidad y el respeto a los valores naturales y culturales del lugar.

«Queremos que se trabaje de la mano das asociacións e dos colectivos, pero sobre todo respetando os informes de organismos independentes internacionais, que o que establecen, ademais, é que se ten que protexer e preservar o noso patrimonio»

Las asociaciones y la reanudación de las obras

En paralelo a las críticas políticas, el movimiento ciudadano expone matices. La asociación ciclista Composcleta valora «muy positivamente» la reanudación de los trabajos de la ciclovía y celebra que la última modificación del trazado incorpore propuestas que, según la entidad, minimizan desniveles y pendientes, mejorando la accesibilidad y evitando interferencias con el proyecto del Ecobosque de Conxo. Desde Composcleta sostienen que la ciclovía, bien diseñada, será una alternativa viable para todas las edades frente al uso del coche o algunas rutas de transporte público.

No obstante, no todas las voces comparten ese optimismo sin reservas. Conxo Aberto mantiene su reivindicación de restaurar terrenos ya afectados por las obras que quedaron paralizadas con anterioridad; recordaron denuncias presentadas en 2025 y reclamaron medidas de reparación y protección mientras se define el trazado definitivo. La disputa evidencia que, sobre el papel, las soluciones técnicas ofrecidas no disipan por completo las preocupaciones sobre fragmentación del espacio verde y la posible afección al patrimonio.

Además, la reciente decisión de incorporar una pasarela para salvar un tramo entre O Milladoiro y la estación intermodal de Santiago ha introducido nuevos elementos a la discusión: por un lado facilita la conexión y reduce los conflictos con la topografía; por otro plantea preguntas sobre costes, ejecución y compatibilidad con los itinerarios peatonales y ciclistas previstos. Para muchos usuarios, esa pasarela es la promesa de una ruta continua y segura; para los críticos sigue siendo una solución que debe evaluarse con lupa técnica y ambiental.

Lo que está en juego y los próximos pasos

En el fondo del debate subyace una cuestión recurrente en Galicia: cómo conciliar la necesidad de infraestructuras que fomenten la movilidad sostenible con la preservación de espacios periurbanos de alto valor ecológico y cultural. En Santiago, el Banquete de Conxo es un fragmento del paisaje que atesora memoria y biodiversidad; su tratamiento repercute no solo en quienes pasean o pedalean, sino en la imagen de la ciudad y en su planificación a medio plazo.

La iniciativa parlamentaria anunciada por Bouza forzará a la Xunta a explicar, con documentación técnica, por qué se adoptaron determinadas decisiones y por qué, según él, no consta el posicionamiento de Augas de Galicia. A falta de esa información, continuarán las sospechas de que se han priorizado soluciones de «rapidez de obra» frente a otras de mayor complejidad técnica y social. En las próximas semanas será clave que la administración facilite los informes y que los colectivos afectados tengan acceso a ellos y puedan aportar alternativas basadas en criterios científicos independientes.

Si la intención es que la senda funcione como una conexión diaria entre O Milladoiro y el núcleo urbano compostelano, la accesibilidad —reducción de pendientes, continuidad del recorrido, seguridad— debe venir acompañada de garantías medioambientales: seguimiento de impactos sobre el río Sár, restauración de áreas afectadas y coordinación con el proyecto del Ecobosque. La interlocución con ICOMOS y otras entidades internacionales puede resultar incómoda políticamente, pero aporta legitimidad técnica que, al final, salva proyectos.

La tensión entre movilidad y patrimonio no es nueva en la periferia de Santiago. Esta ocasión ofrece, no obstante, una oportunidad para demostrar que se puede diseñar infraestructuras respetuosas y útiles. Si la Xunta aporta informes claros, si los partidos negocian con las asociaciones y si los técnicos ofrecen soluciones de consenso, el resultado puede ser una senda que mejore la conectividad sin comprometer el Banquete de Conxo. Si no, la controversia seguirá, con la obra avanzada por fases e interrogantes sobre qué se quedará para el futuro.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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